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Por Giovanni Marquina

Si la naturaleza se opone, gobernaremos sobre los escombros por Giovanni Marquina



Si la naturaleza se opone, gobernaremos sobre los escombros por Giovanni Marquina

En el año 1812, un devastador terremoto redujo a escombros las principales ciudades de la joven y frágil Primera República de Venezuela. Entre las ruinas del convento de San Jacinto, un joven coronel llamado Simón Bolívar pronunció una frase que la historia oficial grabó en mármol: "Si se opone la Naturaleza a nuestros designios, lucharemos contra ella y la haremos que nos obedezca". Durante siglos, el relato escolar nos vendió esta proclama como el epítome del heroísmo indomable.

Sin embargo, en el año 2010, la Editorial Alfa publicó una obra que descorrió definitivamente el velo de la mitología patria: "Si la naturaleza se opone... Terremotos, historia y sociedad en Venezuela". Su autor, el reconocido historiador y antropólogo Rogelio Altez Ortega, de origen uruguayo pero radicado en Venezuela desde los 16 años, donde echó profundas raíces en el estado Vargas, nos revela algo alarmante. Lo que Altez desmonta con rigurosidad científica de la deconstrucción, es de cómo el poder político es capaz de convertir un desastre natural en un "enemigo público" conveniente, útil para tapar las costuras de su propia ineficiencia y fundar un perverso culto a la personalidad. 

La tesis de Altez sobre los sismos no  solo habla de fenómenos físicos, sino de acontecimientos sociopolíticos moldeados por la propaganda de Estado para construir legitimidad sobre el caos, 
esta lección histórica no se quedó atrapada en el siglo XIX, por el contrario, se convirtió en el manual de operaciones del caudillismo contemporáneo. El 15 diciembre de 1999, mientras en el estado Vargas la tierra que tanto ha estudiado Altez se deslavaba bajo una tragedia apocalíptica que sepultaba a miles de compatriotas, Hugo Chávez revivió la célebre frase de Bolívar, que no la utilizo como un consuelo, sino como un martillo político sobre el lodo fresco de La Guaira y con los ecos de las víctimas aún resonando. Chávez instrumentalizo el desastre que le favoreció, para blindar e impulsar de forma rápida la aprobación de la Constitución de 1999, por encima de esa tragedia de miles de personas fallecidas y desaparecidas .

Bajo ese mismo guion de control, la emergencia humanitaria sirvió para acelerar el desmontaje institucional. Se llegó al extremo incluso de impedir el ingreso de la ayuda humanitaria que el gobierno estadounidense de Bill Clinton ofreció un paquete de ayuda valorado en aproximadamente 25 millones de dólares, que incluía maquinaria pesada, helicópteros, unidades de purificación de agua y los mencionados 450 efectivos militares, rechazando de forma directa el ingreso del contingente de militares estadounidenses para la reconstrucción de la carretera costera, ordenando la retirada de los buques que se dirigían al país. 

Chávez negó rotundamente el ingreso, bajo el paranoico argumento de que una vez instaladas las fuerzas norteamericanas de salvamento en suelo venezolano, nadie las podría sacar, argumentó que la llegada de 450 Marines e ingenieros navales estadounidenses, para labores de reconstrucción, ponía en riesgo la soberanía de suelo venezolano.
Aquella manipulación sobre el lodo de Vargas marcó el inicio de la real tragedia institucional que hoy padecemos.

Por una trágica ironía de la historia, los 27 años transcurridos entre el deslave de 1999 y los sismos del pasado 24 de junio de 2026 coinciden cronológicamente con las casi tres décadas del proyecto político del "Socialismo del Siglo XXI". Esta simetría temporal deja al descubierto una cruda realidad, la verdadera catástrofe que sufren los venezolanos no proviene de las fallas geológicas, sino de una cúpula que ha perpetuado en el poder y el futuro del país.

Para el proyecto "revolucionario", la desgracia colectiva jamás ha sido un freno, sino el acelerador ideal. Hoy, el guion se repite con un argumento pasmoso, el pasado 11 de julio en unas declaraciones del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, soltó una frase que parece extraída del mismo ADN de conveniencia política, afirmó de manera tajante que no habrá cambios ni renovaciones en los poderes públicos como el Consejo Nacional Electoral (CNE) o el Tribunal Supremo de Justicia (TSJ), desdibujando por completo cualquier escenario electoral inmediato, la premisa oficial es que la prioridad absoluta es "reconstruir el país" tras la devastación de los terremotos en el centro del país.

La tragedia es la excusa perfecta para imponer el control absoluto. Al cerrar las páginas del libro de Altez demuestra que, desde 1812 hasta el presente, los desastres naturales han sido la herramienta de manipulación más efectiva de las tiranías contra el pueblo. La naturaleza puede sacudir la tierra o desgajar las montañas, pero es el cinismo político el que instrumentaliza el miedo, congela la CRBV y edifica sobre los escombros los cimientos de su propia permanencia. Al final, la famosa frase de Bolívar ocultaba una verdad que el chavismo perfeccionó: "Si la naturaleza se opone, no lucharemos contra ella, la usaremos para manipular al pueblo a que nos obedezca".