Mérida, Julio Viernes 31, 2026, 05:04 pm
La tozudez, extrema maldad del liderazgo, el dolo,
prevaricato e impunidad que blindaría temporalmente los irrefrenables y
sucesivos actos administrativos de corrupción por parte de distintas castas
políticas ávidas de privilegios o enriquecimiento ilícito, en la infortunada
Venezuela luego que Juan Vicente Gómez pagara la deuda externa del país (1930),
consumó la dominación territorial del emperador norteamericano (alias
“Trompeta”) de nuestro impenitente y fallido Estado.
No defenderé que un ciudadano, investido presidente por la
casta de arrogantes nuevo ricos ensañándose contra un pueblo con diagnóstico de
cataplexia inducida durante más de 20 años, sea sometido a juicio por
diversidad de acciones aborrecibles, pero pudieron hacerlo el Tribunal Supremo
de Justicia de Venezuela (TSJ), previa decisión de la Asamblea Nacional (AN) o
la Corte Penal Internacional (CPI) cuyo
https://www.un.org/spanish/law/icc/statute/spanish/rome_statute(s).pdf firmaron
los representantes del gobierno venezolano el año 1998: “(…) Afirmando que los
crímenes más graves de trascendencia para la comunidad internacional en su
conjunto no deben quedar sin castigo y que, a tal fin, hay que adoptar medidas
en el plano nacional e intensificar la cooperación internacional para asegurar
que sean efectivamente sometidos a la acción de la justicia (…)” (Doc. Cit.)
Ha Progresivamente “Trompeta” declarado cometer apropiación
indebida de las ganancias de Venezuela en materia de comercialización petrolera
y oro, entre otras riquezas que incluirían
No es casualidad que uno de los criminales de guerra más
sobresalientes curso del s. XXI, Donald Trump, junto con sus históricos o
novísimos lacayos, pujen por separarse de un tribunal con atributos mundiales
para investigar, juzgar y castigar individuos por crímenes de lesa humanidad.
Era un infante cuando escuché, por primera vez, el famoso lema atribuido
ahttps://en.wikipedia.org/wiki/John_Foster_Dulles pero que pudiera tener otro
autor intelectual llamado Lord Palmerston: “(…) Estados Unidos no tiene amigos
sino intereses (…)”.
Un norteamericano pudiera invitar a su madre ir hacia un
restaurante a comer donde, al cabo de la ingesta, exigir al mesonero que les
traiga cuentas separadas. Sin reprocharle a su hijo ese gesto ella aceptará
pagar su consumo de alimentos y quizá hasta el de su descendiente. Los
henchidos por creerse tutelados para ejercer funciones tiránicas en Venezuela
están equivocándose tanto que vulneran sus propios derechos fundamentales ante
quien, tras mostrarle sus fauces de caníbal, los conminó inclinar la cerviz y
convertirse en la servidumbre falazmente revolucionaria y bolivariana del s.
XXI. Las viudas del presunto ogro misántropo caído en desgracia tras su rapto
por neo colonos extremadamente hostiles, pudieron deslastrarse del relámpago
bélico renunciando masivamente y refugiándose en diversas sedes diplomáticas
para convertirse en exiliados políticos. En Venezuela sobran ciudadanos con
sapiencia y probidad suficiente para integrar mediante consenso una Junta
Restauradora de Gobierno, capaz de lidiar con los (auto) nombrados “albaceas
extranjeros” y restituir la soberanía del Estado Venezolano.
Aun cuando he sugerido en otros artículos periodísticos la
abolición de la Corte Penal Internacional por haberse convertido en una
institución acomodaticia, inútil y parasitaria desde su fundación,
fundamentalmente bodrio del conciliábulo jurídico ulterior a conflagraciones
mundiales y que se publicita como
https://escuelaelbs.lat/derecho-internacional-principios-ramas/, propugnó la
existencia de algún organismo supranacional que resguarde los
inalienables-universales derechos de los hombres y ciudadanos.
La madrugada del 3 de enero del año 2026 las venas y
escorias socio políticas, financieras, empresariales, culturales quedaron
abiertas ante las miradas de los fortuitos e históricos enemigos del pueblo
venezolano. A partir del instante cuando el mundo supo que somos inmensamente
ricos en combustible fósil y minerales preciosos, dejamos de ser una nación
soberana para transformarnos en objetivos de saqueos. Quiero recordarles a las
damas y caballeros amancebándose con el emperador que se ufana de un protectorado
efímero: “(…) Los venezolanos tienen el deber de honrar y defender a la patria,
así como resguardar la soberanía y los intereses de la Nación (…)” (art. 130 de
la CNBV).
En sitio y no desde lugares donde la diáspora venezolana
también sufre salvo quienes viven un exilio paradisíaco que no dicen quien
financia, miramos el deleznable pugilato entre activistas y líderes políticos
por la consecución del amor incondicional de un genocida-presidente de Estados
Unidos a quien los ciudadanos norteamericanos que abochorna con sus actos de
guerra fratricida pudieran sacarlo de la Casa Blanca antes que culmine el
período de su mandato. Donald Trump es un guerrerista, saqueador y necrófilo
confeso. Su sadismo es memorable y, tras su desaparición física, será recordado
por sus abominaciones.
albertjure2009@gmail.com