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Por Néstor Abad Sánchez

Matria tovareña (56)

Santa a los "ojos del pueblo" y no precisamente por los borrachos o sus borracheras por Néstor Abad Sánchez

Dedicado a Aymar García Noguera, devota.



Matria tovareña (56)

Santa a los "ojos del pueblo" y no precisamente por los borrachos o sus borracheras por Néstor Abad Sánchez

Delfina Guillermina Morales, así reza en su fe de bautismo, tiene más méritos para pasar a la historia cómo mujer caritativa, que como simple santa de los borrachos. Su vida es un misterio pleno de singulares circunstancias y hechos notables que han trascendido en tiempo y espacio.

Nació del vientre de una mujer pobre que trabajaba en la casona de Don Vicente Mendoza -donde hoy funciona la ULA-, el 18 de septiembre de 1888 y no el 15/06/1896; el dueño de la casa aparece como su padrino de bautismo, aunque hay quienes aseguran que realmente era su tío, ya que su hermano Don Arístides Mendoza fue su padre (tengo testimonios grabados que así lo confirman) y murió el 21 de noviembre de 1929 y no el 20/10/1933, ambas fechas están erradas, así sus biógrafos y connotados cronistas tovareños se empeñen en reafirmarlas.

La pobreza de su madre Antonia Morales la llevo a una situación de deambular por las calles adyacentes al cementerio, siempre pendiente de los muertos, su preocupación era que nunca le echarán tierra directa en la cara, por eso les colocaba lo primero que encontraba y durante la pandemia de la Gripe Española de 1918 le dedicó especial atención a los enfermos, contagiados y moribundos; mientras nadie quería acercárseles Guillermina les dada su auxilio, de beber agua y quizás tal cual palito de aguardiente, les ayudaba al buen morir y al llevarlos al cementerio que su rostro no fuera maltratado, lo que la convirtió en una mujer inmensamente humana y sensible que compartía sus penurias, con justa razón escribió el Pbro. y Dr. José Amable Escalante, que murió antes de la pandemia en 1918: "Dios sabrá agradecer tanta bondad y caridad que hay en el corazón de Guillermina, y recompensara tus obras".

Su muerte se convirtió en el dolor de los desvalidos que hicieron de su tumba el paño de sus lágrimas para brindar por la buena Guillermina que ahora era su santa, así se hizo costumbre en llevarle licor a su tumba. Es una historia muy bonita que luego contaré incluyendo sus primeros nueve milagros.

Hace 50 años ocurrió algo similar a lo que hoy pasa con su tumba, se empezó a hundir de un lado y a voltearse del otro, cuando la desenterraron la sorpresa no se hizo esperar y su cadáver estaba impoluto y no creo que haya sido a causa del miche... el hecho quedó en silencio y su cadáver fue enterrado nuevamente. Ahora *Guillermina* pide que de nuevo la desentierran, su tumba brinda más olor a santidad que otra cosa.

Me contó don Campo Elías Morales que el día que Guillermina murió: "Llegó un enjambre de abejas al cuarto donde estaba y volaron sobre su cuerpo hasta que expiró su último suspiro; durante el velorio y en el entierro siempre hubo una fragancia a flores exquisitas".

En los primeros programas del "Baúl de mi pueblo" por TCT recogí mucha información que ahora es fundamental compilar, sigo en deuda con escribir sobre la vida y milagros de Guillermina Morales, quizás después de la cuarentena y la pandemia que sobrevivimos sean la mejor oportunidad. Ya lo haré como se merece, mientras tanto la recuerdo al final de la noche de su cumpleaños 138 y brindo por su vida de mujer misericordiosa y ejemplar. ¡Santa a los Ojos del Pueblo que es lo que cuenta!

Néstor Abad Sánchez
CDSTovar, septiembre 18, 2026