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Por Arinda Engelke

Frontera Literaria por Arinda Engelke

La última página de Librería Temas: entre la dignidad, el sueño compartido y el refugio de las palabras



Frontera Literaria por Arinda Engelke

A raíz del anuncio del cierre definitivo de la Librería Temas, he recibido mensajes y llamadas que me han conmovido hasta las lágrimas. Amigos entrañables, médicos que me confesaron haber llorado la noticia, lectores de toda la vida y transeúntes habituales han reaccionado con profunda pena. En la calle y en las conversaciones, muchos buscan culpables: señalan a la situación general del país, al gobierno, a la economía implacable. Y aunque es cierto que vivimos en un entorno adverso, la verdad íntima y desnuda de este cierre es mucho más amplia, más humana y más serena.

Librería Temas no fue un hecho fortuito ni una simple franquicia comercial; fue el resultado de un sueño compartido. Un sueño levantado a cuatro manos y dos corazones por Braulio Eduardo Castro y por mí, socios en la vida y en los libros, que juntos decidimos edificar en Mérida un faro cultural. Durante décadas aguantamos con valentía, con terquedad y con una pasión inquebrantable. Pero la vida, sabia y categórica, nos enseña que nada en este mundo es eterno, y que tan importante como saber fundar un proyecto es saber cuándo ha llegado la hora de retirarse con la frente en alto.

El peso del adiós y la vocación de una existencia

Decidir el cierre no fue simplemente bajar una puerta de metal; fue como desprenderse de un pedazo de nuestra propia existencia. Mover la última llave en la cerradura implicó un temblor en las manos y un nudo opresivo en la garganta. Ver hoy las estanterías completamente vacías —despojadas de ese aroma a papel, lomo y tinta que durante más de veinticinco años fue nuestra atmósfera cotidiana— produce un dolor íntimo, silencioso y desgarrador.

Mi camino siempre estuvo guiado por la palabra. Tras mi paso por las aulas como profesora en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) en Caracas, y a lo largo de mi ejercicio como periodista y eterna lectora, la literatura fue mi brújula. Sin embargo, el noble y complejo oficio de librera lo aprendí de verdad en el día a día, caminando al lado del mejor maestro que pude haber tenido: Eduardo Castro. Junto a él comprendí que un espacio de este tipo no es solo un comercio donde se despachan volúmenes, sino un templo vivo donde se orienta al alma desvelada y se cuida la memoria de una comunidad.

Por eso, ver esos espacios desnudos genera una especie de duelo: el despecho dulce y amargo de sabernos guardianes de miles de confidencias, miradas y encuentros que marcaron a varias generaciones de merideños. Sin embargo, en medio de las lágrimas, no nos embarga la amargura, sino una gratitud inconmensurable. Descubrimos que el verdadero tesoro de Librería Temas jamás estuvo en los libros contables, sino en el afecto de una ciudad entera que hizo de nuestro sueño su propio refugio.

Un oasis irreductible: el libro sin concesiones

Desde el primer día fijamos una norma que mantuvimos de principio a fin con orgullo casi quijotesco: Librería Temas fue siempre, exclusivamente, una librería. Jamás cedimos a la tentación de metamorfosearnos en quincalla, papelería, bisutería o venta de teléfonos móviles. Mientras otros comercios cambiaban de rubro para sobrevivir, nosotros decidimos mantener la continuidad del libro impreso en nuestras estanterías: narrativa, ensayo, poesía y fondo universitario. En nuestros anaqueles solo habitó, con absoluta dignidad, la palabra escrita.

De la casa verde al "carpintero" de los libros

La historia de Eduardo con Mérida se remonta muy atrás. Su primer contacto como librero con esta ciudad de la Sierra Nevada ocurrió en 1978, cuando visitó la recordada Librería Selecta y conversó con aquel gran librero de antaño, el señor Canales. En esa ocasión, Eduardo vendió sus primeros volúmenes en la ciudad: ejemplares de La casa verde de Mario Vargas Llosa —flamante ganador del Premio Rómulo Gallegos— y Del hombre y su inacción de Ernesto Mayz Vallenilla.

Casi dos décadas después, tras una fructífera labor como fundador de la red de librerías Kuai-Mare impulsada por doña Virginia Betancourt desde la Biblioteca Nacional, Eduardo regresó a Mérida. A finales de los años 90, entre 1997 y 1998, iniciamos juntos la hermosa aventura de Librería Temas.

Formamos un equipo donde los roles estaban marcados por el amor al oficio. A mí me correspondió brindar el respaldo cultural, periodístico y la vocación lectora para guiar las selecciones y la atención al público; Eduardo, con una humildad entrañable, solía definirse a sí mismo como "el carpintero de la librería": aquel que armaba estantes, acomodaba volúmenes, limpiaba el polvo y cargaba pesado hasta ganarse una hernia que hoy conserva como un trofeo de trabajo honrado.

La anatomía de un cierre: el desamparo y la estampida universitaria

En sus primeros años, la librería floreció en medio de una intensa dinámica editorial y comercial en todo el país. Sin embargo, con el paso del tiempo se fue configurando un caldo de cultivo adverso. La actividad librera pura es quizás el comercio más desprotegido del sector cultural: nunca contó con el respaldo institucional, económico ni gubernamental que requería un espacio de esta envergadura. Las fundaciones e instituciones del Estado solo respondieron con "aplausos en silencio".

A partir del período 2011-2012, la situación comenzó a radicalizarse. El primer campanazo de alerta vino con la migración digital de las principales editoriales universitarias, que empezaron a publicar prioritariamente en formato electrónico. A ello se sumó el golpe más duro para el tejido social merideño: el desmantelamiento de la comunidad universitaria. Mérida, que llegó a albergar a más de 50.000 estudiantes que daban vida económica y académica a la ciudad, vio reducir esa masa crítica a menos de la mitad. Cuando la comunidad universitaria se extinguió y los sueldos de los profesores se volvieron sal y agua, el ecosistema librero colapsó.

La disyuntiva para la gente de a pie se volvió implacable: ante la urgencia de la subsistencia y la hiperinflación, llevar el pan o las medicinas a casa desplazó por completo la compra de un libro.

Una luz que no tiene olor político y una semilla que no se extingue

Bajar la santamaría de Librería Temas no significa un fracaso; significa haber cumplido un ciclo con la dignidad intacta.

Ante algunos comentarios desatinados que leí en redes sociales, donde alguien pretendió juzgar de forma despectiva la postura y las afinidades políticas individuales del Sr. Eduardo, solo puedo responder con la verdad de lo que fuimos: la luz que emitía la Librería Temas nunca tuvo un color ni un olor político. En nuestra casa cabían todos los pensamientos, todas las corrientes y todas las voces; fue siempre un territorio libre de prejuicios donde solo imperaba el respeto y el amor por los libros.

Queremos expresar las más profundas y sinceras gracias a todas y cada una de las personas que nos visitaron, a quienes hicieron de Temas su lugar favorito durante décadas y a quienes hoy sienten y lloran su partida como propia. Su lealtad y su cariño son la mayor recompensa que nos llevamos.

Resulta inevitable evocar el Cementerio de los Libros Olvidados de Carlos Ruiz Zafón, cuando recordaba que «cada libro, cada tomo que ves, tiene alma. El alma de quien lo escribió y el alma de quienes lo leyeron y vivieron y soñaron con él». Librería Temas fue la guardiana de miles de esas almas y de los pasos de todos ustedes.

Aunque el espacio físico apague sus luces y cierre este capítulo comercial, cada conversación compartida, cada recomendación acertada al lector desvelado y cada historia que floreció en nuestro rincón seguirán vivas en la memoria colectiva de Mérida y de Venezuela. Como el Ave Fénix, la belleza nunca desaparece del todo: sus cenizas guardan siempre la simiente de un nuevo comienzo.

Librería Temas fue parte fundamental de nuestra historia personal, y seguirá siéndolo para siempre como el recuerdo de un viaje inigualable.

Para comentarios, recuerdos, consultas sobre asesorías, corrección de textos y redacción:

Arindita1.engelke@gmail.com

Leer hace la diferencia.