Mérida, Octubre Jueves 15, 2026, 10:33 pm

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Por Edmundo Romero Bermúdez

Apuntes de un melómano

La banda sonora de los adultos mayores (II) por Edmundo Romero Bermúdez



Apuntes de un melómano

La banda sonora de los adultos mayores (II) por Edmundo Romero Bermúdez

Si bien la música ha estado presente en las diferentes etapas de nuestras vidas, por lo general tenemos la tendencia de hacer de las canciones que nos acompañaron en la juventud las protagonistas de lo que hemos llamado la banda sonora de nuestras vidas; esa inclinación afectiva-musical tiene su fundamento en el hecho de experimentar en ese período existencial el descubrimiento de nuevas y voluptuosas formas de percibir, de sentir, de emocionarnos, de enamorarnos; son de tal magnitud esas novedades en la sensibilidad que nos genera una especie de entropía emocional que por supuesto deja huellas casi imborrables en nuestro devenir. De allí ese apego hacia las melodías que escuchamos en la mocedad.

 

Dado que exponer en líneas generales las creaciones musicales de dos décadas tan significativas como los 60’ y los 70’ requiere de todo un extenso tratado, voy a limitarme a una parte de la música romántica con la cual las personas de “la tercera edad” crecimos y luego nos enamoramos en la juventud y que sigue estando con nosotros como un remanso de sosegada atemporalidad cada vez que la escuchamos. Nuestros primeros contactos con el mundo de la música durante la llamada primera infancia fueron primordialmente a través de la radio o del tocadisco en un mueble similar a un baúl con patas; nuestras cotidianidades transcurrieron mientras por las ondas hertzianas fluían extraordinarios arreglos acompañando grandes voces que luego trascenderían al punto de convertirse en íconos de nuestra canción popular; imagínense a un niño que crece escuchando en la voz más dulce de Venezuela (Rosa Virginia Chacín) algo como esto: “...Imposible que sientas mis besos que con una mirada te doy…” o a Leo Dan cantando “...Quiero verte, tenerte y besarte y entregarte todo mi corazón…”, o las acopladas y afinadas voces grupales de Los Hermanos Arriagada interpretando “Poema es el cantar de un pajarito que vive fuera de su nido con la esperanza de volver” y qué decir de “Magia blanca tú tienes/ me has hechizado a mi / con tu mirada coqueta / con tu manera de hablar…” en ese súper éxito del Trío Venezuela.

Pero ese acompañamiento musical en nuestra infancia no se detiene, vendrían luego dando sus primeros pasos en la escena musical de nuestra América vocalistas


foráneos avasallantes en calidad y virtuosismo interpretativo como Sandro, Raphael, Leonardo Favio y Armando Manzanero, y de nuestra amada Venezuela tuvimos entre muchos a Nancy Ramos y su “Bámbola”, Los Darts y sus versiones de éxitos en inglés; mención especial para Cherry Navarro quien con su temprana muerte nos sumió en un luto colectivo sin distingo de edad y nos dejó sembrada en el alma su “Aleluya” con la inmensa carga poética autoría del español Luis Eduardo Aute. Con ese cancionero de amor profundamente humano interpretado por voces de comprobado talento transcurrió nuestra infancia.

Y así llegamos a la etapa de la vida en la cual somos un amasijo de cambios y nuevas formas de percibir y sentir debatiéndose contra todo lo necesario para encontrar lugar a nuestra identidad y autonomía, donde el acto de enamorarse tiene un rol tan impactante que signa el andar de la existencia. Llegamos a la adolescencia y la posterior entrada a la adultez en el marco temporal de la esplendorosa, creativa, original y sobre todo voluptuosa década de los 70’. Imposible describir tanto talento musical en unas pocas líneas, razón por la cual voy a referirme a parte de mi vivencia personal y a partir de allí extrapolar a lo vivido en forma generalizada.

Viví la pubertad y adolescencia inmerso en la música de grandes intérpretes entre los que destacaron lo que he catalogado como “Las invasiones extranjeras” (Argentina: Silvana di Lorenzo, Tormenta, Palito Ortega, Sandro, Leonardo Favio, Jairo, Elio Roca, Piero, Carlos Javier Beltrán, Yaco Monty, King Clave). México: Marco Antonio Muñiz, Armando Manzanero, José José, Juan Gabriel, Emmanuel, Vicente Fernández, José María Napoleón. España; Rocío Dúrcal, Jeannette, Mary Trini, Nino Bravo, Raphael, Camilo Sesto, Manolo Galván, José Luis Perales, Julio Iglesias); fuí testigo del auge, desarrollo y declive del boom de las agrupaciones de balada romántica: Los Terrícolas, Los Nómadas, Punto Sur, Los Angeles Negros, Los Pasteles Verdes, Los Galos). De Venezuela vi y sobre todo escuché la consagración de Mirla Castellanos, Mirtha Pérez, Mayra Martí, Mirna Ríos, María Teresa Chacín, Trino Mora, Rudy Márquez, Henry Stephen, Pecos Kanvas, José Luis Rodríguez y un largo “entre otros”. Capítulo aparte haremos con las baladas en inglés y el movimiento de la trova iberoamericana.

Con todo ese bagaje musical es lógico asumir que los que pertenecemos al grupo poblacional denominado “Adulto mayor” tenemos razones de sobra para sentirnos orgullosos de haber dado nuestros primeros pasos por los senderos del enamoramiento acompañados por tan excelsa calidad interpretativa y de contenido. Pero más allá del orgullo está primordialmente lo que habita en nuestro entramado existencial generado por esa herencia musical y que nos hace querer volver “a los viejos sitios donde amó la vida” sin que esto implique dejar de vivir honrando el presente con toda la intensidad que esté a nuestro alcance.

En esta oportunidad comparto una pequeñísima y significativa muestra del cancionero de amor de los 60’ y 70’:

 

Un momento contigo (Chelique Sarabia) – Rosa Virginia Chacín https://www.youtube.com/watch?v=jzxwssCx6Ec

 

Aquí, allá y donde sea (Lennon – Mc Cartney. Versión: Carlos Moreán) – Los Darts https://www.youtube.com/watch?v=Hl5fXYNsuio

 

Háblame suavemente (Nino Rota, Larry Kusik. Versión:Rudy Márquez)–Rudy Márquez https://www.youtube.com/watch?v=8w9MiCpXUbY

 

Te juro que te amo (O. Prudente, Mogol, B. Lauzi) – Los Terrícolas https://www.youtube.com/watch?v=_1cEmh4S-zE

 

Hasta una próximo Apunte...