Mérida, Octubre Lunes 19, 2026, 06:30 pm
La Congregación del Santísimo Redentor,
los conocidos padres Redentoristas, ya pasan de un siglo de permanente
presencia misionera, predicando con sus vidas el Reino de Dios en medio de
nuestra patria venezolana.
Fue el 14 de marzo de 1925 cuando
arribaron a Barquisimeto misioneros apasionados, los padres Andrés Álvarez
Palacios, Esteban Arce y el hno. Rafael Nebot Robles, saliendo desde Cádiz en
el vapor español “Buenos Aires”. Obra
que se conoció como Viceprovincia Venezolana.
Según relatos del Libro “Los Misioneros Redentoristas en Venezuela 1925-2008. Memoria y Análisis”,
escrito por el Padre Lauro Núñez Huerta en 2009, fue el Nuncio Apostólico en
Venezuela, monseñor Filippo Cortesi, quien se encargó de escribir al Cardenal
Gasparri pidiéndole establecer contactos con el Superior General de los PP.
Redentoristas, P. Murray, para exponer las ventajas que podrían resultar para
su Congregación establecerse en Venezuela. Ya la misión redentorista era
ampliamente conocida en Europa y en América, en Colombia y Ecuador.
Por caminos del Señor, coincidieron en el
viaje de incursión, el Provisor de nuestra Arquidiócesis Monseñor Acacio de la
Trinidad Chacón Guerra, después de haber hecho la visita ad Limina en sustitución de
su anciano e impedido Arzobispo Silva García. Mons. Chacón, antes se había
presentado en la casa del Perpetuo Socorro de Madrid para tratar sobre la
posibilidad de una fundación Redentorista en Mérida. Allí manifestó “que vería con agrado que nos
estableciésemos en la Arquidiócesis merideña, donde encontraríamos amplio campo
para ejercer nuestro ministerio”, según correspondencia que se custodia en
nuestro Archivo Arquidiocesano.
En Madrid le informaron de la pronta partida de tres Redentoristas
para la diócesis de Barquisimeto.
La huella de la Congregación del
Santísimo Redentor en tierras merideñas comenzó a trazarse el 16 de octubre de
1926, fecha en la que llegaron los primeros misioneros de san Alfonso María de
Ligorio. Apenas seis meses atrás había sido elegido
el vicario Acacio Chacón Guerra como Arzobispo Coadjutor, el 30 de abril de
1926.
La comunidad fundadora
en la ciudad de Mérida estuvo integrada por los padres Esteban Arce, Benito
González, Gumersindo Cerdeiriña, Feliciano Vilas (el primero en predicar
misiones en la ciudad) y el hermano Demetrio Álvarez. Fieles
a su carisma fundacional, se establecieron como una comunidad eminentemente
misionera, dedicándose con celo apostólico a predicar misiones populares, no
solo en la tierra merideña, sino extendiendo su labor evangelizadora a los
territorios de los estados Táchira, Trujillo y Barinas, parte de la geografía
arzobispal emeritense. Todo un testimonio vivo de una Iglesia en salida. No hay pueblo, aldea, caserío andino en el
que no se encuentre el signo misionero dejado a su paso, una cruz, recuerdo del
paso de la abundante redención.
La labor de los redentoristas, no se limitó
solo a la misión itinerante, desde la custodia y embellecimiento de la Iglesia La Tercera, Santuario de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro,
que en sus orígenes había sido sede de los terciarios franciscanos o de san
Agustín desde tiempos antiguos.
Llama la atención como se contabilizan
los frutos misioneros, tal es el caso del año 1934, donde “se registraron nueve
comunidades predicadas, 18.500 confesiones, 22.390 comuniones, 63 matrimonios,
6.300 socios de la archicofradía del Perpetuo Socorro”.
Entre los redentoristas más recordados
tenemos al P. Francisco Padilla Moraza, quien llegó a Mérida el 3 de Julio de
1933 como rector de la Comunidad misionera de La Tercera, sus sermones en las
fiestas de Corpus, de la Virgen del Carmen, La Asunción, Santiago Apóstol y
Santa Ana, junto a su promoción de las Cuarenta Horas al Divino Sacramento, son
columnas de fe en nuestra ciudad serrana. Además de emprender la ruta misionera
por el territorio andino.
En 1933 el célebre padre
Ortega formó parte de la avanzada misionera que recorrió el vasto territorio de
los pueblos del sur.
En octubre de 1976, el diario El
Vigilante presentó amplio homenaje a las bodas de oro redentoristas en Mérida,
bajo la pluma de Miguel F. Aparicio, deja testimonio de la visita pastoral del
Arzobispo Chacón Guerra por tierras de Zamora y Mérida, en enero de 1934, visitando
22 pueblos y aldeas, con la compañía del Padre Leonardo González Cudeiro, nacido
en Vilar del Monte-España en 1899, quien dejó profunda huella como misionero en
Colombia y Venezuela, además de servir como médico, arquitecto, farmacéutico y
pintor. En 1950 trazó los planos del hermoso templo de Lobatera. No hay libro
de gobierno donde no quede la firma estampada de estos hombres de Dios y su
servicio fecundo de directores espirituales y confesores.
La crónica de 1937 comienza de
esta manera: “empieza el año con gran entusiasmo en la Obra de la reparación de
la iglesia. Los mismos Padres y el Hermano toman parte en los trabajos…” aunado
al papel del Padre Eustaquio Villanueva secretario, confesor y predicador de las
largas visitas pastorales del Arzobispo constructor por la amplia geografía
merideña.
Para 1938 llama la atención el
acompañamiento de los reverendos redentoristas a las tradiciones de piedad
popular de los merideños, como “el tránsito en Milla, Santa Filomena en
Catedral, Santa Eduviges en El Llano, el sermón de Cristo Rey en Montalbán,
Ejido, y las novenas a la Inmaculada. Junto a la predicación de los ejercicios
espirituales a las Dominicas merideñas.
En los últimos años de
presencia redentorista en Mérida, el padre redentorista Francisco Revilla Casado, llenó
el corazón de los merideños desde 1973 hasta su regreso a España en 2004. En mi
memoria pervive el recuerdo de su presencia profética y paterna cercanía en mi
pueblo Canaguá, con la misión preparatoria a la visita de San Juan Pablo II en
1985.
Con admiración y gratitud celebramos su primer centenario,
luego de casi dos décadas de estar cerrada la obra en Mérida. Desde el pasado 6 de mayo de 2026, ya están entre nosotros,
de nuevo se abre la cruz misional y vuelve a brillar en Mérida, y con ella, la certeza de que en Él hay abundante redención.
Mérida, 18 de octubre de 2026