Mérida, Marzo Martes 10, 2026, 06:17 pm
El
Camp Nou volvió a silbar el himno de la Champions por los mismos
motivos y con el mismo tam-tam tribal que el proceso independentista
silba a Europa con su modo de comportarse. Desolador espectáculo de
quien insulta lo que anhela, en el fútbol y en la vida. Como para
despertar a Barcelona, y a Cataluña, de su tontería extrema, Rashford
chutó al larguero antes de que el primer minuto se cumpliera, y con su
dibujo asimétrico y su rombo en el centro, creó sucesivos y peligrosos
ataques que un Barça sorprendido, asustado y anulado, repelía como
podía. Tremenda tormenta inglesa de la que el Barça apenas podía
resguardarse. La primera posesión serena y larga de los de Valverde no
llegó hasta el minuto 7. Acabó en córner y el córner acabó en nada, pero
entre las dos jugadas el Barcelona consiguió tener un par de minutos el
balón. Poca vaina, sí. Pero un primer paso en la correcta dirección. En
el minuto 10 el partido pudo haber dado un giro inesperado porque el
árbitro señaló un penalti favorable sobre Rakitic que posteriormente, a
sugerencia del VAR, revisó y anuló. Si lo era o no lo era fue mucho más
discutible que la imponente autoridad, destreza, brillantez y e
increíble talento con que Messi se fue de dos para batir de un durísimo
disparo a De Gea. Lo que el United intentó, Messi lo materializó con su
instinto letal y su genio. De todos modos, el partido continuó más loco
de lo que el Barcelona quería hasta que De Gea, como Arconada en el 84,
decidió facilitar el pase a semifinales del adversario tragándose sin
motivo un parable disparo otra vez de Messi. Sin tratar de restarle
méritos al argentino, el gol fue más obra del portero, o dicho de otro
modo, uno de los goles más feos de la carrera de Messi. Veinte minutos
de vértigo en que el guión fue por un lado y el marcador por el
contrario, con Messi como casi siempre ejerciendo de mejor jugador de la
Historia. La primera parte transcurrió a partir de ahí sin
sobresaltos para ninguno de los dos equipos, con un Barça que no sabía
muy bien cómo había sobrevivido a la tormenta marcando dos goles, y un
United vencido por las circunstancias, que a resumidas cuentas fueron
Messi. Justo antes del descanso, el argentino dibujó otra de sus jugadas
imposibles, regateando a Jones y al árbitro, bailando sobre el césped
con el balón pegado al pie hasta que decidió entregárselo a Sergi
Roberto, que probó que Dios sólo hay uno y no es él, estrellando el
remate en la cara del pobre De Gea. Ni antes ni después de los dos goles
de Messi, el Barça supo exactamente qué hacer, ni demostró tener fútbol
suficiente para ganar la Champions. Pero cuando tienes a Messi, lo
demás qué importa. Poco elegante burla del Camp Nou a la difícil
noche que estaba teniendo el portero del Manchester. Es de cretinos del
fondo sur preferir el linchamiento a la compasión. Es muy vulgar y desde
luego desacredita mucho más a los emisores que al receptor. El Barça
volvió más ordenado del descanso, con posesiones más largas y bien
asentado en el campo del United. Control total. Y hasta lo que ya nadie
esperaba personalmente exaltante, ni de ninguna otra manera, fue lo que
sucedió: el Gafe dejó de serlo por una noche y marcó un golazo. Lo
celebró Coutinho tapándose los oídos como contestando las críticas
recibidas durante su época oscura. Curiosa reivindicación, cuando quizá
tendría que pedir perdón por los meses que le hemos estado pagando a
cambio de absolutamente nada. Pero
por insólita, la ovación en el Camp Nou para celebrar el gol de De Ligt
contra la Juventus. Fue una ovación en favor del jugador, que ya
tenemos fichado, en reconocimiento del fútbol fantástico del Ajax, pero
también contra Cristiano y qen memoria del 1 a 4 que con que los
holandeses eliminaron al Madrid en el Bernabéu. Y Messi mediante y cuatro años más tarde, el Barça volvió a las semifinales. ABC