Mérida, Abril Lunes 27, 2026, 04:29 pm
ZABALA DE LA SERNA
@zabaladelaserna
Diario EL MUNDO de Madrid
Para la Corrida Goyesca del Dos
de Mayo se esmeraron todos los detalles menos el del toro. Fernando Robleño,
Javier Cortés y Francisco José Espada -¡ay, qué cerca del éxito se quedó!-, los
tres toreros de Madrid, donde nunca pedíamos el DNI (y de eso seguimos
presumiendo), se estrellaron sin reservarse nada dentro contra un corridón de
El Montecillo que acumulaba en su contra factores de riesgo: edad, (sobre)peso,
conformación -cajas, caras y volumen- y, finalmente, un juego huérfano de
bravura y entrega pero no exento de complicaciones y dureza. Una emboscada para
tres hombres de honor.
Un toro de terrible seriedad,
hecho cuesta arriba y con un morrillo esférico, estrenó la tremenda corrida,
prácticamente cinqueña en su totalidad. La «totalidad», por cierto, había
promediado en la báscula la barbaridad de 601 kilos. Esas cajas gigantes
encajaban todo. Fernando Robleño -convertido en el primer director de la
Escuela de Tauromaquia de Madrid en activo y, por tanto, el primero en el cargo
en hacer el paseíllo en Las Ventas- sintió pronto los frenazos y taponazos de
una bestia áspera, incierta, con escasa voluntad de embestir y ninguna de
humillar. Todo resumido y marcado en la mala pelea en el caballo. Robleño
planteó su valerosa faena, a partir de los doblones por bajo, a su altura, por
la mano derecha, aprovechando el rácano recorrido. El viento, para colmo,
azotaba la muleta en la que nunca se veía dentro al toraco. Y menos, al
natural. FR resolvió con veteranía, sin escatimar esfuerzo. Y enterró media
estocada letal, fruto de la curtida experiencia que otorgan 24 años de
alternativa entre hierros de pedernal.
No mejoró las expectativas un
ejemplar ensabanado, botinero y capirote, pues tenía en común con su
"hermano" la falta de bravura y entrega, la incapacidad de descolgar
y un cuerpo tan cuajado de carnes que se hacían toros sin cuello. O al menos,
si lo tenían, no lo usaban como Dios manda. Javier Cortés obtuvo
milagrosamente, a base de mucha verdad, pasajes por una y otra mano -en
especial por la izquierda-, entre espejismos de embestidas por debajo del
palillo... Antes que se desentendiera. Para matar -esa espada como cruz de su
vida- la cosa se puso tan compleja como para banderillear y se diluyó lo poco,
o mucho, conquistado, según se mire, hasta el silencio.
Hacia tercero un castaño que como
los anteriores tiraba al monte, derrotaba, y lucía una culata como los caballos
de Rubens. Nada bueno en su haber. Y todo en el hacer de Francisco José Espada.
Que apostó en el prólogo y en el epílogo por alto -por estatuarios y por
manoletinas, respectivamente-, y entre uno y otro fue subiendo la apuesta hasta
los límites, templándose incluso en derechazos de incuestionable mérito.
Corazón y más corazón. En cuanto quería ligar, el toro tiraba de navaja y
gañafón. Un pinchazo redujo el calor del público a una ovación.
Robleño volvió a buscarle las
vueltas a un cuarto -el único cuatreño aunque no lo parecía- que hacía
"bonito" a su primero. Amagó con humillar pero se venía gazapón, se
tragaba el primer muletazo y ninguno más, haciendo hilo. Después con el acero
aquello ya fue un quinario. Casi lo mismo, de otro modo, le sucedió a Cortés
con un quinto armadísimo que viajaba (un decir) por el palillo. Sin maldad pero
sin darse. Toda la suavidad sumada por JC se esfumó con la insegura espada. Y
el último -610 kilos y parecía que aún le cabía más a su esqueleto- vino a
exigir toda la capacidad de Espada, metiéndose siempre por dentro en el tercer
muletazo. No sólo los encajó, sino que cuando presentó la mano izquierda
despertó a la plaza y despertó el toreo de más quilates, o viceversa, tirando
de naturales que valían -por el sitio pisado y el larguísimo trazo- su peso en
oro. Pero el mal uso del estoque sepultó el final de un camino que debió acabar
en triunfo.
FICHA DEL FESTEJO
Toros de EL MONTECILLO; todos cinqueños menos el
4º; muy grandes y cuajados, sin bravura ni entrega ni humillación; duros.
FERNANDO ROBLEÑO, de blanco e hilo negro. Media estocada (saludos); dos pinchazos,
uno hondo y tres descabellos. Aviso (silencio).
JAVIER CORTÉS, de grana e hilo negro. Dos pinchazos hondos, un sablazo trasero,
estocada contraria y dos descabellos Aviso (silencio); media suelta y tres
descabellos (silencio).
FRANCISCO JOSÉ ESPADA, de gris perla e hilo negro. Pinchazo y estocada
(saludos); dos pinchazos y estocada contraria. Aviso (saludos).
Monumental de la Ventas.
Jueves, Dos de mayo. Corrida Goyesca. Tres cuartos de entrada (más de 18.000
espectadores).