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FERIA DE ABRIL – DECIMOQUINTO FESTEJO

Un gran «Lamparillo» en una miurada con muchos perejiles

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Román Collado.


A ese importante tercero lo lució Román con generosidad en una sincera faena, emborronada con la espada. Escribano corta la única oreja de una noblota corrida, salvo los dos últimos, con una alimaña para Moral

ROSARIO PÉREZ

Diario ABC de Madrid

Fotos: Arjona

Ay, Román, no se puede cuajar un miura tan importante, torearlo con tanta sinceridad, y echar el triunfo por la borda con la espada. Se dejó atrás la mano y el diablo se llevó la oreja de Lamparillo, un miureño de bandera en las telas, al que el valenciano toreó divinamente, como si hubiese despachado camadas enteras. Había recibido el de Zahariche un buen primer puyazo de Borja Ruiz, aunque el siguiente se le iría bajo. El de la capital del Turia apostó en su entregada faena, con la listeza de otorgar distancias para aprovechar las arrancadas y las inercias, luciendo con generosidad a Lamparillo, uno de los mejores miuras de los últimos tiempos, con embestidas que a veces parecían de otras divisas que se prodigan más en las ferias. Lo templó Román en dos series diestras y dibujó naturales extraordinarios. Sonaba Juncal mientras el rubio torero intercalaba ambos pitones, con algún viaje en el que el miura hasta planeó, arrastrando el hocico. Aquel tándem perfecto se jodió como el Perú de Vargas Llosa por su desatino con el acero. Y su conversación con la catedral maestrante, a la que había conquistado, se emborronó. Saludó y Lamparillo fue arrastrado con una sonora ovación.

La espada que necesitaba entonces la enterró en el difícil sexto de una corrida con muchos perejiles y toros con importancia, toreables dentro de lo que es torear un miura, con esa nobleza pastueña. Otra vez hizo un esfuerzo con este Palillero, al que había que dejar la muleta siempre puesta. Como viese otro paisaje, eras hombre muerto. Menuda guasita escondía. Había derribado con estrépito a Chocolate y luego Román lo envió a otra vida con un estoconazo hasta la empuñadura. ¡Eso, con el otro!

Hasta la bola la estocada de Manuel Escribano al cuarto, al que cortó la única oreja de un conjunto ganadero que ofreció más. Sin ser fácil, ojo, que ninguno de Lora del Río lo es. ¡Que viene Miura!, decían en los alrededores de la Maestranza, como antaño retumbaba el grito de guerra de ¡que viene Manili! «Ese 'mushasho' de Cantillana puede ser figura del toreo, porque yo he visto en él algo: mira a los toros de arriba abajo; cuando los toreros miran a los toros de abajo arriba, malo». Lo dijo Pepe Luis Vázquez en un tentadero. Y aquel muchacho, de nombre Manuel Ruiz, se hizo Tigre. Claro que mirarlos como decía el Sócrates de San Bernardo impresionaba: qué alzada, Dios mío.

Solo verse anunciado con los de la A con asas imponía respeto y helaba la sangre. O que se lo pregunten a Escribano, Moral y Román, los tres valientes que dieron cuenta de la miurada, con pesos que oscilaban entre los 589 y los 679 kilos del sobrero. El consejo de Manili, que celebra las bodas de oro de su alternativa, era claro: «Hay que ir mentalizado y arrear más que nadie». Arreó Román como ninguno. Y arreó Escribano, especialista en esta casa, sin perdonar el quite ni la portagayola.

Qué susto cuando Montesino casi se le cae en lo alto. No andaba sobrado de poder el inmenso castaño, en el que tras un par fallido puso el del perdón, citando de rodillas. Sabedor de que la feria se le iba en blanco -con el trago de verse en los carteles de Victorino y Miura-, persiguió el triunfo. Y en los medios se plantó para trazar dos pendulares ¡a un miura! Escribano lo fue sobando, «marineando» que dice Manili, y se lo trajinó por la derecha sin grandes apreturas. Hasta que cató el zurdo, por donde dibujó notables naturales. Se adornó con un molinete y acabó en las cercanías con un animal sin maldad, que se dejaba con su noble fondo. El espadazo animó la pañolada y paseó un trofeo en una saboreada vuelta al ruedo.

Camino del túnel negro se fue para esperar al primero, que salió con la cara alta y pegó un saltito cuando trazó la portagayola. De hípica el que dio para saltar las tablas en el sol. Nadie se quedaría luego en el callejón delante de la trinchera: abreojos se llama. Dos faroles de rodillas sumaría el de Gerena en un intenso recibo, con Desterrado acudiendo con templanza, pero con una altura descomunal. Qué alzada tenía el agalgado animal. Había que estar ágil de piernas, o que se lo pregunten a los subalternos. De atleta la preparación de Manuel en la chicuelinas al paso para ponerlo en el peto. Mejor la colocación que la ejecución en banderillas, arriesgando en un par al quiebro por los adentros. Había runrún en los llenos tendidos cuando cogió la muleta el sevillano, que lo entendió con oficio, aprovechando las mejores arrancadas. Siempre con firmeza, con la muleta en la cara. Tuvo mucho mérito, pues el miureño perdió empuje, cada vez más corto y revolviéndose sobre un azulejo. Insistente, sobró la última serie y le costó cuadrarlo. Saludó tras una estocada defectuosa.

A las siete y cinco emprendía el mismo camino Pepe Moral. El corazón en un puño cuando el miura salió mirando a todos lados, girando el cuello. Olímpicamente pasaba del torero, que aguantó segundos interminables, con lo que esa espera pesa. Qué emoción tuvieron la larga cambiada y sus arrrebatadísimas verónicas. Todo el mundo soltó entonces el cartucho de almendras. Blandeó en varas Dantesco y asomó el pañuelo verde con cierta precipitación. No quería el miura regresar a toriles y tuvo que tirar de su sapiencia Florito, con la vara y la chaquetilla. Casi al tejadillo tuvo que subirse para que se metiera dentro. Cincuenta minutos de corrida llevábamos cuando apareció el segundo bis, de casi 700 kilos, al que recitó apasionadamente por verónicas. Como meritorio fue el par de Sierra. Tenía movilidad este Gallero, al que se le había adivinado mejor pitón derecho. Por ahí pasaba; por el otro, tenía su guasita. Además, se añadía el molesto viento. Sufrió Moral en el quinto, bravo en el caballo y al que el matador hubiese pegado un puyazo más. Los pititos le frenaron: error, tuvo que tirar de personalidad. El que se iba a poner delante de Abutardo era él. Muy complicado, fue el más alimaña de una buena corrida de Miura en conjunto. Que salgan todas así.

FICHA DEL FESTEJO 

Real Maestranza de Sevilla. Domingo, 26 de abril de 2026. Última de abono. Lleno.

Toros de Miura, en la línea de la casa, bien presentados en conjunto (bajó el 6º), de variado juego dentro de su nobleza; complicados 5º y 6º.

Manuel Escribano, de verde esmeralda y oro: estocada muy trasera caída (saludos); estocada (oreja).

Pepe Moral, de blanco y plata: pinchazo y estocada baja atravesada (silencio); pinchazo, estocada corta delantera y descabello (silencio).

Román, de azul cielo y oro: dos pinchazos y estocada trasera caída (saludos); estocada (ovación de despedida).





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