Mérida, Abril Domingo 26, 2026, 04:49 am
El actual
presidente, general Romeo Lucas García, que cursó altos estudios militares en
Venezuela, es descendiente de la más rancia oligarquía y gobierna –como el
dictador de “El Otoño del Patriarca”-,
un país donde la muerte no tiene comienzo de vida, porque se muere a
tiros o degollado igual a los siete años que a los ochenta.
La ciudad de Guatemala es, de todas las capitales
centroamericanas, la más grande, moderna y limpia en donde habitan cerca de un
millón y medio de personas. Pero compite con San Salvador en cuanto a
desesperanza, miedo y terror. Aunque no hay toque de queda, por ahora
institucionalizado, las anchas y arboladas avenidas y las iluminadas calles
comienzan a quedarse vacías después de las ocho de la noche. Se le teme a
cualquier gesto, ruido o un grito. Porque aquí la bala parte tanto de un
pequeño automóvil japonés o norteamericano que, a toda velocidad y manejado con
pericia, cruza de punta a punta la ciudad, como desde un viejo camión cargado
de soldados. Matan por igual el teniente y el general; el funcionario policial
uniformado o el paramilitar de “la mano blanca”, o de las muchas organizaciones
que se escudan tras el oficialismo gobernante. También con frecuencia los
disparos provienen de otras armas: las de los guerrilleros. Entonces, los
muertos son aquellos jefes de la represión a quienes pueden capturar, juzgar y
ajusticiar los hombres de la Orpa, la Organización del Pueblo en Armas, o de
las FAR y del PGT.
Solo, con
fantasmas
Romeo Lucas García es un hombre solitario, de casi
cincuenta años y alto. Las mujeres lo catalogan de apuesto y seductor. Una de
ellas, que lo conoció cuando cursaba estudios de Mejoramiento Profesional en la
Escuela Militar de El Valle, en Caracas, sucumbió a sus requiebros y le dio una
hija, Ella, la madre, vive en Puerto La Cruz y desciende de familia italiana,
con grandes inversiones en el campo alimenticio en esa ciudad del estado
Anzoátegui. Sus familiares financiaron, en gran parte, la campaña electoral de
Romeo Lucas García. Miles de afiches, pancartas, pasacalles y botones con la
fotografía del general, fueron impresos en Caracas y en Miami. Pero Romeo Lucas
García como el dictador aquél de García Márquez, vive solo en su amurallada
casa presidencial. Maruja, la dueña de la mayor, sofisticada y protegida casa
de citas de Guatemala, de vez en cuando le envía las más hermosas muchachas,
generalmente procedentes de Florida, Panamá o de El Salvador. Hay también
nicaragüenses, que ejercían el oficio más viejo del mundo cuando Somoza era
amigo, socio y compadre de su colega guatemalteco. El ascenso al poder no le
fue difícil a Romeo Lucas García, como tampoco le resultó llegar a sus
antecesores, después que a Jacobo Arbenz lo derrocó, en julio de 1954, el
coronel Castillo Armas.
La
oligarquía y el uniforme
En febrero de 1976 un espantoso terremoto sacude la
ciudad de Guatemala. El sismo partió en dos la economía. Hay necesidad de
reconstruir no sólo la capital sino gran parte del país azotado por la
incertidumbre. Ante la proximidad de nuevas elecciones, se intenta aglutinar
todas las fuerzas políticas legalmente actuantes. El objetivo: fabricar la
plataforma perfecta que deje sin piso a las organizaciones populares,
representadas por débiles partidos políticos de oposición. Pero las ambiciones
de la oligarquía y del ejército mismo, que es quién en Guatemala quita y pone
presidentes, observa que Romeo Lucas García es el general que puede ser el
continuador de la estirpe, porque reúne características que ninguno otro
oficial ni ninguno otro civil pueden presentar para que la sucesión no se vea
debilitada.
Romeo Lucas García desciende de una familia
oligárquica tradicional, dueña de vastas porciones de tierra –antes de ser
presidente poseía de 40 a 50 mil hectáreas cultivables-, tiene una posición
privilegiada en el ejército para ese momento. Es Ministro de la Defensa, cargo
al que renuncia para dirigir el gigantesco proyecto de La Franja Transversal
del Atlántico, cuyo objetivo es recuperar e incorporar a la productividad
inmensos territorios y crear una red vial. Allí Romeo Lucas García entrelaza
con las trasnacionales, fortifica con ellas su poder y su fortuna.
En la campaña electoral, como candidato a
vicepresidente, el ejército designa a Francisco Villagrán Kramer, dirigente del
“CACIF” –una especie de Fedecámaras de Venezuela- que domina por igual que los
militares la escena política y económica.
La presencia de Kramer, supuesto demócrata, unido a
Romeo Lucas García -que habla uno de los 22 dialectos indígenas- llena el vacío
del Partido Movimiento de Liberación Nacional (MLN) organización política que
fue colaboradora de los gobiernos anteriores y gestadora de la represión, por
lo cual el ejército y el mismo CACIF la eliminaron de la lista electoral. Romeo
Lucas García y su fórmula obtienen el triunfo comicial, una victoria alcanzada mediante el fraude. Su ascenso al
poder se logra en medio de una grave crisis, manifestaciones y violencia, pero
sobre la marcha se afianzó en la Presidencia. Le sostienen el ejército, el CADIF y los EE.UU.
Los militares son mayoría en el gabinete. Uno de
ellos, el coronel Clementino Castillo, Ministro de Educación, impuso a los
padres de los alumnos la firma de un documento en donde hacían constar que
“nuestros hijos se iban a portar bien”. Entre los civiles destaca Ramiro
Carrillo, que regresó a Guatemala luego del largo exilio que le impuso Arbenz.
Carrillo, para todo el mundo, es el cerebro gris y el hombre de la CIA en
Guatemala.
La Guatemala
heredada
En Guatemala hoy día existen 85.053 fincas menores
de 0.70 hectáreas, con una superficie total de 32.620 Has de superficie
cultivada y un promedio de 0.39 Ha por finca. En un segundo grupo existen
279.799 fincas entre 0,70 Has y 7.0 Has, con una superficie global de 607.856
hectáreas. Los dos primeros grupos totalizan el 87 por ciento de los
propietarios, pero sólo el 18,7 por ciento de la tierra. En dos palabras: el
minifundio. Pero en tierras altas, donde escasamente se alcanza el sustento
familiar, otro grupo, con un total de 436.655 fincas y una extensión global de
648.900 hectáreas proporciona sustento y trabajo a una sola familia. Un cuarto
grupo se distribuye en 8.429 fincas para una extensión de 902 Has por finca,
que son los terratenientes.
Lo anterior lo declara el comandante guerrillero
que nos concede la entrevista pautada desde México, tres días después de
nuestra llegada a Antigua, Guatemala.
-Los primeros grupos, que conforman el 87 por
ciento de la población guatemalteca ¿cómo viven?, se pregunta. Y nos explica: Una familia consume a la semana 15
kilos de maíz, pero en las tierras altas apenas se produce. Por esto se estima
que anualmente entre 1.200 y 2.000 “naturales” (indígenas) abandonan el campo
para engrosar los cinturones de miseria en las ciudades o la negra lista de los
explotados en las haciendas de café, donde trabajan, por pan, a plan de machete
y a veces plomo, desde el abuelo hasta los nietos de siete años.
Por cierto, el periodista observó varios camiones
repletos de indígenas dirigiéndose a Antigua, una ciudad vecina a la capital.
Arquímedes y Sonia, los que encontré en Antigua durante las procesiones de
Semana Santa, afirmaron que “seguramente, el patrón les dio permiso para
visitar la capital”. Luego explicarían “cómo viven hacinados los indios en las
Rancherías y cómo mueren también”.
Guatemala vive todavía del café. Como antes del
plátano. El café es producto de la oligarquía que adquieren los EE.UU en casi
el 40 por ciento del total de la producción para la exportación. Pero también
cultiva caña de azúcar, exporta carne, plátanos y bananos, ahora en menor
cantidad que durante siglo y medio. El banano, con la United Fruit Company, fue
el protagonista de las páginas más siniestras de la historia centroamericana en
general.
La economía
y los militares
“Aquí un
natural no vale 50 centavos de Quetzal. Un hombre rico y miembro del CADIF vale
tanto como un uniforme, con o sin medallas”. Es Sonia la que denuncia la
terrible verdad mientras Arquímedes mide con infinita amargura la distancia de
“Las Alfombras!” que, con aserrín de
colores van “tejiendo” sobre las calles de Antigua hombres, mujeres y niños.
Las mismas que horas más tarde serán pisadas, con sacrosanta religiosidad, por
los “Cargadores” de pesadas imágenes religiosas, para asombro de cientos de
turistas norteamericanos con diversidad de Polaroid. Arquímedes toma la
palabra:
-Dominan Guatemala cuatro sectores: la oligarquía,
el CACIF, los militares y los EEUU, El primero es suficientemente conocido
desde México hasta Panamá. El CACIF (Comité de Agricultores, comerciantes,
industriales y financieros) quita y pone, con la bendición militar, a los altos
funcionarios. Pero el CACIF, surgido en 1957, tiene algo positivo: Es mucho más
activo que sus iguales en toda Centroamérica. Ha sabido entrelazar los otros
sectores de la economía y como tienen idénticos intereses encuentran en su
organización la mejor de sus defensas. Es como una especie de muralla al tiempo
que un cedazo. Son tan inteligentes sus miembros que, incluso, tienen una
“Comisión de Organización,
Administración y Conflictos”, que se encarga de solucionar cualquier tipo de
impasse entre sus socios y los gobiernos de turno.
Luego añade que “el sector militar tiene su poder
basamentado tanto en la fuerza de los fusiles como en la influencia que les ha
permitido la propia oligarquía”. Explica Arquímedes que “los presidentes
Arévalo y Arbenz lograron neutralizar la actividad castrense, concediéndoles
inmensos privilegios, entre ellos dotación de tierras una vez que egresan de la
Academia. Pero había un trasfondo. Incluso se les denominó “El ejército de la
revolución”, que recibía dádivas pero no se comprometía. Sus mejores ejemplos
residen en los tres últimos gobernantes militares, Recibían lo que cogían, pero
anhelaban más que tierras el mando mismo. Y lo alcanzaron, porque la
oficialidad no se contentó con recibir un sueldo por defender la oligarquía que se los pagaba,
sino que aspiraba y finalmente obtuvo el poder”.
-Estos “revolucionarios”, contra Arbenz y Arévalo
sin embargo disintieron entre sí, y no pocas veces se enfrentaron a otros
jóvenes oficiales que, con signos claramente revolucionarios, intentaron “hacer
pedacitos la tortilla”-que en Centroamérica no es de huevos revueltos como en
Venezuela- sino de maíz. Pero fueron desarmados, como Turcios Lima y Trejos,
que después se meterían a guerrilleros -una especie de Coroneles Majano
salvadoreños-, años atrás. Pero los
rebeldes no pasaron. Los jefes militares, alertados por la CIA, impusieron
severas condiciones y establecieron purgas dentro de la institución, al extremo
que hoy en día desde cadetes a generales, están dispuestos al mando sin
importarles cómo. Es una herencia. Sí. Guatemala es una herencia, con muchos
herederos que quieren disfrutarla a como dé lugar.
Sonia no llora al oír esta terrible verdad, pero se
estremece de rabia. El poderío militar guatemalteco actualmente es el más vasto
y tecnificado de Centroamérica. Si se permite la comparación, en la Zona Norte
nadie se le iguala, salvo Cuba en el Caribe. De los 200 mil dólares que
destinaban los Estados Unidos en 1952 para Centroamérica, en 1961 ascendió a 91
millones de dólares. Guatemala recibió 2.100.00 dólares, 600 mil “donados”,
no prestados, al decir del teórico Regis
Debray en su libro “Crítica a las Armas”
Por otra parte, Israel no sólo vende armas a
Guatemala sino que asesora y tecnifica a oficiales y soldados en cómo usarlas.
Desde hace cuatro años funciona en Guatemala, en la Zona del Petén, el más
importante Centro de Adiestramiento Antiguerrillero Norteamericano, que supera
al que los EE,UU tenían en Panamá. El crecimiento en hombres y en armas del
ejército de Guatemala, así como la influencia, dinero y poder, obligó a los
militares guatemaltecos a superarse.
-Ahora son profesionales universitarios. Tienen su
propia institución bancaria: el Banco del Ejército, pero también sus
cementerios particulares, apunta Arquímedes.
Los “cargadores” de imágenes van llegando al final
de la calle. Los turistas han “quemado” alrededor de dos mil pequeños flashes
que cargan por docenas, en bolsitas de plástico. El sol pega duro, como el
penetrante olor de las fritangas, En la plaza, los “naturales” beben, a pico de
botella un ron que es fuego blanco y enloquece, casi. El periodista rememora
una vez más la contraseña. Coloca en alguna parte visible de su cuerpo una
señal convenida y espera que alguien de la multitud se le acerque a preguntarle
“¿Cuántos metros cree usted señor, que tienen de largo las alfombras de
flores”…?
CONTINUARÁ