Nuevas Crónicas de Historia Universitaria (52)
La Universidad de Los Andes en la escritura del Dr. William Lobo Quintero por Alí Enrique López Bohórquez (*)
A la Familia Lobo
Dugarte con los mayores afectos
En el quehacer universitario,
algunas autoridades, profesores, estudiantes y empleados han apartado un tiempo
de sus cargos administrativos, de sus estudios, enseñanzas e investigaciones
para escribir artículos sobre la
Universidad de Los Andes en publicaciones periódicas (anuarios, revistas, gacetas, boletines y periódicos), sobre diferentes aspectos de su interés académico,
científico, educativo, social, político, etc. En el largo tiempo de la prensa
merideña, desde mediados del siglo XIX hasta las dos primeras décadas del XXI, se
pueden leer en las respectivas Secciones de Opinión escritos de distinta
naturaleza, con la finalidad de dar a conocer sus puntos de vista acerca de
hechos específicos relacionados con la situación del país, de la región andina,
de Mérida y de la ULA
en particular, en periódicos de la ciudad de la pasada centuria como El Vigilante, Correo de Los Andes, Frontera,
Cambio de Siglo y Pico Bolívar. Larga es la lista de
articulistas, por lo que solamente vamos a señalar algunos de los que hemos
inventariado para un trabajo de Fuentes
para el Estudio de la
Universidad de Los Andes, de los últimos cincuenta años,
que algún día publicaremos, si la Universidad muestra interés en hacerlo, pues solo
a esta institución le sería de provecho para un conocimiento bien ignorado por
los universitarios de la actualidad y de utilidad también para quienes
incursionen en el estudio de la historia contemporánea de la ULA. Entre otros
articulistas, de distintas Escuelas, Facultades y Dependencias Administrativas:
Pedro Nicolás Tablante Garrido, Carlos Febres Poveda, Carlos Emilio Muñoz Oráa,
Ernesto Pérez Batista, Gládys Valero de Pérez, José Miguel Monagas, Abdel
Fuenmayor, José Mendoza Angulo, José Manuel Briceño Guerrero, José Manuel
Briceño Monzillo, Leonel Vivas Jeréz, Darío Novoa Montero, William Lobo
Quintero, Carlos Guillermo Cárdenas, Silvio del Carmen Villegas, Amado Moreno
Pérez, Antonio José Monagas, Douglas Narváez, José San-Rotz, Ricardo Gil
Otaiza, Fortunato González, César Nieto, Manuel Aranguren, José Rivas Leone y
Alí Enrique López Bohórquez.
Esta Crónica está dedicada a uno de
esos universitarios, que tuvo una prolongada aparición en medios de
comunicación escrita para exponer sus pareceres acerca de la ciudad, la región
y el país, la cultura, la educación, y, por supuesto, de la Universidad, incluyendo
también la amistad y lo familiar, cuyos artículos fueron luego publicados en
forma de libros, como lo indicaremos más adelante. Nos referimos al Dr. William
Lobo Quintero (1934-2014), un universitario a carta cabal, quien no solamente
tuvo una dedicada formación en el campo de la Ingeniería, sino
también en una destacada actuación universitaria en materias de enseñanza,
investigación, administración y extensión, de reconocida calificación a nivel
nacional e internacional. En sus artículos, además de la Universidad de Los
Andes, Mérida ocupó un espacio particular. En ambos casos, llamando la atención
sobre situaciones específicas y ofreciendo soluciones a los diversos problemas
que en esos espacios se presentaban, casi cotidianamente, para lo cual utilizó
de manera particular la prensa como medio de comunicar sus inquietudes con
respecto, entre otros asuntos, de la Universidad y la Ciudad, en sus encuentros y
desencuentros. En el “Prospecto” a la
primera versión del libro La Universidad Siembre (2007) dijo: “…que escribir es una forma de
nacer, es una forma de pensar y de vivir, es una forma de ver con los ojos del
alma, de acercarnos a la gente, de sentir y de palpitar, de abrir senderos de
esperanza, de priorizar el talento, de lograr satisfacciones y de plantear
compromisos…” Muchos fueron sus artículos publicados en el diario Frontera. Esta labor de opinión
periodística la inició con 27 artículos de prensa escritos para ese diario, luego recogidos en el libro Pensamiento Académico (1992).
Posteriormente 36 artículos incluidos en el libro publicado con el mismo título
en 1994. Ambos textos aparecieron en la página “ULA-FORUM”, que William Lobo
creó juntó a otros universitarios interesados en los problemas de la Universidad, la Ciudad y la Sociedad merideña.
Esas ideas de “escribir para nacer,
pensar y vivir” como “forma de acercarse a la gente, de sentir y el palpitar de
la sociedad” se puede advertir en las dos ediciones de los libros La Universidad Siempre, que William Lobo denominó
primera (2007) y segunda parte (2014). En la primera versión de La Universidad Siempre, William Lobo Quintero
incorporó 162 artículos de opinión escritos por el autor entre el año 2000 y
2006 en la columna de opinión “La Universidad Siempre”,
que publicaba todos los lunes en el diario Frontera.
Columna compartida quincenalmente con el Dr. Carlos Guillermo Cárdenas,
distinguido cardiólogo y universitario merideño, quien también debería publicar
sus artículos, pues consideramos que los mismos tienen valor historiográfico
para conocer sus puntos de vista acerca de los distintos asuntos que trata,
incluyendo la ULA,
como lo hizo Lobo Quintero. Los artículos de éste, aparecidos durante seis años
en una primera etapa, se refirieron a la Universidad, la Ciudad, la Academia de Mérida, la Cultura, la Sociedad, el País, los
Valores, el Deporte y la
Familia. Asuntos trascendentes que tienen vigencia permanente,
mediante los cuales William Lobo convocaba a sus lectores -de las comunidades
universitarias, urbanas, estadales e incluso nacionales-
a reflexionar sobre una diversidad de temas tratados, con la intención también
de generar la sana discusión en esos espacios sociales. De hecho esta primera recopilación
se hizo a instancias de universitarios y otras personas de la ciudad que sugirieron
su publicación en forma de libro. Aunque no es posible exponer totalmente, por su
número, los contenidos de las mencionadas áreas, el tema de la Universidad fue uno de
los de mayor difusión, capitalizando siempre nuestro mayor interés, toda vez
que para entonces habíamos iniciado el estudio sistemático de la historia de la Universidad de Los
Andes en su Escuela de Historia (desde 1996), a través de la enseñanza e
investigación compartidas con los estudiantes y otros colegas.
En el mencionado “Prospecto” a los
artículos registrados en La Universidad Siempre,
William Lobo Quintero señaló que se trataba de asuntos que iban “…desde la
definición de la misión universitaria conveniente y posible, la necesaria
reforma institucional, las relaciones entre universidad y ciudad, o con el
estado, el país y hasta del mundo, buscando enaltecerla en su condición
académica, y en los compromisos que tiene con la docencia, la investigación y
la extensión. Son aportes que hacemos basados en la experiencia adquirida
durante medio siglo, para estimular y conocer otras opiniones y generar la
discusión crítica, que vaya en beneficio de una nueva institución
universitaria. Hacemos el llamado a la integración académica nacional e
internacional para buscar resultados cualitativos significantes en el
intercambio y la sana competencia. Este camino refuerza la necesidad de
practicar una autonomía responsable y comprometida que permita a todos los
universitarios lograr el acercamiento social, formar los mejores profesionales,
estar presentes en la solución de los problemas del país y de la sociedad, y
justificar las altas inversiones del estado. Hemos expresado nuestra opinión en
forma transparente y pedagógica, ante la opinión pública y académica,
estableciendo un mayor compromiso con la ciudad y la universidad.” Al lector
interesado en conocer el pensar de William Lobo acerca de una “Mérida
Sostenible” (dice: “que le ha faltado ser llevada de la mano por la Universidad de Los
Andes”), la Academia
de Mérida, la cultura en la ciudad y el otros lugares de la nación, la
sociedad, el país, los valores humanos locales,
nacionales y universales, y otros asuntos, le invitamos a la lectura de las dos
ediciones de La
Universidad
Siempre.
En la “Carta de Presentación” que
hicimos a la edición de 2007, consideramos que la solicitud de William Lobo
Quintero para que le escribiera un prólogo se debió probablemente, a su
percepción “…de mi interés por la búsqueda de la verdad histórica sobre la Universidad de Los
Andes, que ha sido determinante en ese pedido, lo que profundamente agradezco,
pues usted es uno de los muchos universitarios que me acompañan en la lucha por
rescatar la historia fundacional de nuestra querida institución académica, a pesar
de las interferencias internas y externas, que sin fundamento y sentido lógico
enfrentan obcecadamente una falsa fecha de creación de la ULA. Pensando la
manera de cumplir con esa petición de una forma diferente, se me ocurrió
escribirle una carta para hablarle de La Universidad Siempre. Especie de conversación
epistolar que deja de ser privada para que los lectores que tengan la suerte de
pasar sus ojos y pensamiento sobre las ideas allí vertidas con respecto de la Universidad, Mérida, la Academia, la cultura, la
sociedad, el país, los valores humanos, el deporte y la familia, puedan
advertir que universitarios como William Lobo Quintero tienen mucho que decir y
dar a su alma máter, a su ciudad, a la región andina y a la nación. El título
que usted escogió para los ciento sesenta y cuatro artículos, escritos para el
diario Frontera entre 2000 y 2006, no
pudo ser más acertado. Porque la
Universidad de Los Andes desde su fundación, el 21 de
septiembre de 1810, ha
sido siempre el emblema más representativo de la educación, la cultura y la
ciencia de Mérida, sin dejar de mencionar su impacto en la vida económica,
social y política de esta ciudad turística y estudiantil, como suele
llamársele.”
Con ello, Lobo Quintero dejó
expresada otra faceta del universitario -lo que en la actualidad muy
pocos universitarios realizan- consciente de su rol para
la sociedad en la que ha desarrollado su actividad profesional, más allá de la
docencia y la investigación; es decir, cumplir con la tarea de compartir su
pensamiento con otros, hacer propuestas concretas sobre hechos específicos y
dar soluciones acordes con la realidad, sin demagogia ni proselitismo, porque
de lo que se trata es hacer definitivamente de la Universidad un factor
de desarrollo y transformación de la sociedad. Hacer esto es, finalmente,
cumplir con una ausencia en la institución: extender organizadamente su radio
de acción, salir de las paredes de sus aulas, para convertirse en agente
académico orientado a resolver los más ingentes problemas de la sociedad merideña,
andina y venezolana. Y, a mi entender, ese papel también se puede cumplir a
través del uso de la prensa como vehículo de exposición de ideas sobre lo que
pueda estar ocurriendo, pero también para ofrecer el concurso del universitario
comprometido con los principios que rigen el carácter y la naturaleza de lo que
es una verdadera Universidad. Al dar relevancia a la ULA en sus escritos y su
significado para la ciudad, confirma aquello dicho por Mariano Picón Salas en
1958 de que “el destino de Mérida se asocia desde entonces e indisolublemente [desde 1810]
al de esta casa universitaria, que ha sido, tal vez, nuestra mayor empresa
histórica”. Es decir, desde los albores del proceso independentista merideño, y
no durante el período colonial, como se ha pretendido imponer a la comunidad
universitaria por factores externos y ajenos a la misma.
Otros fueron los asuntos que
valoramos en la “Carta de Presentación” a la primera parte de La Universidad Siempre que queremos compartir con los lectores de estas Nuevas Crónicas de Historia Universitaria. Señalamos
también en esa presentación: “Usted, Dr. Lobo, ha hecho de manera precisa lo
que debe hacer un historiador profesional, al presentarnos temas fundamentales
en sus escritos periodísticos. Escogió el objeto, lo indagó en las fuentes, lo
analizó, escribió interpretando el mismo y lo divulga de la manera que lo
considera pertinente: el articulo de prensa, el informe técnico, el libro o el
discurso; siempre expuestos de forma sencilla, directa y amena. De allí que no
vacilo en calificar los textos, a los cuales seguidamente voy a referirme, de
un altísimo valor histórico e historiográfico, pues estos son el registro de
hechos, y hasta de situaciones personales, como si usted en algún momento
sintiera la necesidad de comunicarnos sus preocupaciones y sus angustias frente
a los acontecimientos cotidianos de la ciudad, la región y el país, cualquiera
sea su naturaleza. Y ello lo ha hecho usted desde su condición de
universitario, de ingeniero y de ciudadano consciente del papel que debe
cumplir a favor de la sociedad en la que ha desarrollado su vida profesional y
familiar. Podría decir que usted es una respuesta a un deseo de Picón-Salas de
hace medio siglo, quien buscando establecer la relación ciudad-universidad
dijo: “Qué bien seria que en Mérida, junto a los abogados y los médicos, se
formasen también los ingenieros, los físicos, los químicos, los investigadores
científicos de toda índole que necesita -aun para desenvolverse
económicamente- esta parte del oeste
venezolano. Desde la defensa de la naturaleza azotada por un tratamiento empírico
y devastador; la lucha contra la erosión, el cambio de los suelos y cultivos,
las obras hidráulicas para transformar en electricidad y energía la vasta agua
realenga que se precipita en torrentes desde la cordillera, es parte de la
tarea regional que habrá de pedirse a los universitarios merideños.”
“Debo decirle, Dr. Lobo, que al
releer los 162 artículos que comprenden este libro siento envidia y a la vez
admiración por su perseverancia en mantener semanalmente la referida columna
periodística, y al mismo tiempo regocijo porque los mismos adquieran un formato
diferente y pasen al servicio histórico de quienes ahora deseen evaluar los
aportes antes indicados. La envidia viene por el hecho de que usted no ha sido
censurado por uno de los medios de comunicación escrita más importantes de la
ciudad, pues, lamentablemente, intereses ajenos al diario Frontera desde hace
cierto tiempo han intervenido para que mis ideas sobre la historia de la
fundación de la
Universidad de Los Andes sean silenciadas, y por el contrario
tengan cabida las que insisten en una fecha incorrecta y tergiversada: el 29 de
marzo de cada año, ignorándose que el 21 de septiembre de 1810 fue el momento
histórico preciso de la creación de la Universidad de Mérida, como usted valientemente
defendió en su artículo “El Día de la Universidad”, publicado en ese periódico el 14 de
abril de 2003, y reiterado en su discurso de incorporación a la Academia de Mérida, “Visión
Prospectiva Emeritense”, el 26 de noviembre de ese año. Por supuesto, la
sugerencia que usted hizo al actual Equipo Rectoral fue ignorada, pues proponía
la realización de “un acto académico a claustro pleno, para rectificar y
reafirmar la partida de nacimiento de la Universidad y la necesidad de hacer las
siguientes celebraciones cada 21 de septiembre”. Cuánto agradecimiento de mi
parte desde entonces, ya que no siendo historiador de oficio, usted supo
analizar e interpretar la historia para llegar a la conclusión de que la Universidad ha estado
errada en cuanto a la conmemoración de la fecha de su creación.”
“La admiración y el regocijo se
expresan también en el hecho de que los artículos mayoritariamente se refieren
a la Universidad
de Los Andes, a la que desde hace diez años he dado mi esfuerzo profesional
para el rescate de su memoria histórica, en sus más variadas vertientes. Usted
de manera intencional u ocasional fue cubriendo aspectos de manera acertada,
dada su experiencia de casi cincuenta años al servicio de la institución.
Aspectos que van desde los más diversos asuntos y ocurrencias internas, hasta la
reflexión seria y rigurosa del papel que la ULA ha debido o debe cumplir para la solución de
los problemas de Mérida, la región andina y Venezuela. En el primer caso:
elecciones, bibliotecas, estudiantes, profesores jubilados, destacados docentes
e investigadores, administración y financiamiento, historia, salud, rectores,
extensión, investigación y desarrollo institucional. En el segundo, con mayor
extensión y profusidad, un conjunto de reflexiones sobre la misión de la Universidad en general
y la de Los Andes en particular; la necesidad de la renovación universitaria;
la interacción con la ciudad, la región y el país; la relación con el Estado en
el cumplimiento de la legalidad de sus funciones en materia de docencia,
investigación y extensión, y en el uso racional de los recursos que se le
asigna para esas tareas, así como el respeto y buen uso de la autonomía
reconocida constitucionalmente.”
“Es bien conocida, Dr. Lobo, su
posición política dentro y fuera de la Universidad, pero en el análisis, sobre todo de
estos segundos aspectos, se advierte una actitud seria y responsable al hacer
observaciones no solamente a posiciones gubernamentales con respecto de las
Universidades venezolanas, sino también a la situación interna de estas
instituciones, fundamentalmente de la
ULA, en cuanto al cabal cumplimiento de sus funciones. Su
medio siglo de vida universitaria le permite tener una visión crítica y
acertada sobre lo que ha ocurrido en el tiempo. Usted ingresó a la Universidad de Los
Andes como estudiante y como profesor en tiempos de la última dictadura; le
correspondió cumplir eficientemente labores de docencia e investigación y
funciones académico-administrativas durante la democracia, y ha visto la
situación y actitud de nuestra alma mater en la coyuntura política del país de
la última década. Así, William Lobo Quintero es un testigo de excepción, no
sólo por mantener de manera lúcida en su mente y en sus escritos el registro de
lo ocurrido durante esos cincuenta años, sino también por ser parte activa de la Universidad andina a
través de la enseñanza, la investigación, la participación como ponente en
eventos de su especialidad y porque siempre es consultado por autoridades y
colegas que buscan en usted una asesoría específica, la opinión sobre hechos
particulares de la institución o la interpretación de lo que cotidianamente
ocurre en Mérida y en Venezuela.”
“Mérida, doctor Lobo, no podía
quedar fuera de sus artículos periodísticos, unas veces referidos a la ciudad,
en otras a la entidad federal en general, pero siempre con el sentido de afecto
y solidaridad, pues nacido en La
Sabana de Lagunillas se radicó en la meseta merideña para
hacer vida profesional y familiar, lo cual obviamente incidió en su permanente
e incesante defensa de Mérida en cuanto a la conservación de su ambiente e
identidad histórico-cultural. Su visión de la Mérida Sostenible,
recogida también en un discurso-libro, es una propuesta cónsona con el
universitario, con el profesional y, sobre todo, con el ciudadano que plantea
soluciones concretas a los problemas de la comunidad merideña, no solamente
pensando en la actualidad, sino en el futuro de una ciudad que prontamente
arribará a 450 años de su fundación hispánica.”
“Qué mejor regalo para Mérida, en
la antesala de su quinto centenario, que se cumplirá en el 2058, que la puesta
en práctica de sus planteamientos sobre el reencuentro con la ciudad, para como
usted dice- “...afianzarla en sus grandes fortalezas, en la gente, en la
comunidad, en sus lugares amables y en su paisaje único e irrepetible, buscando
mejorar sus servicios y reducir sus vulnerabilidades, hacerla incluyente y
competitiva, donde sus moradores convivan a través de un paradigma compartido,
que sea orgullo de los propios y la ilusión de los visitantes, mediante una
gestión urbana eficiente y eficaz...” No he encontrado la mejor forma de
evidenciar su visión de Mérida que transcribir una parte de su Prospecto, para
atraer también al lector a la búsqueda de su pensamiento sobre la ciudad en
este mar de ideas que no deben ser ignoradas por las autoridades merideñas,
tanto gubernamentales como universitarias, pues sin el concurso de ambas, y en
particular de la
Universidad de Los Andes, será difícil ese reencuentro que de
manera tan entusiasta usted ha venido propiciando.”
“Como decantando un orden lógico,
después de prestar la mayor atención a la Universidad de Los
Andes y a Mérida, usted pasa revista a otros aspectos de singular importancia
con la referencia a la
Academia de Mérida, reconociendo la labor realizada por la
institución, de algunos de sus miembros y el apoyo que la misma ha brindado a
sus ideas sobre la
Mérida Sostenible; a la cultura, volviendo a darle el
significado que ha tenido para esta ciudad, junto a su valoración sobre hechos
culturales del país y del mundo; a la sociedad, exponiendo sus más variados
problemas, así como planteamientos y soluciones a los gobernantes, quienes
deben ser los primeros en prestar atención a situaciones concretas y a las
recomendaciones de los ciudadanos que pueden aportar remedios efectivos para
una mejor calidad de vida; al país, reflexionando sobre distintos aspectos de
su firme posición política a favor de la democracia, buscando llamar la
atención sobre la necesaria concordia entre los venezolanos, sin esconder su
reconocimiento a logros que puedan haber ocurrido en estos convulsionados
últimos años de la vida política, económica, social y educativa del país; a los
valores, haciendo semblanza de hombres, nacionales y extranjeros, que
compartieron parte de su vida e hicieron contribuciones significativas a la Universidad, a Mérida
y a Venezuela, así como de instituciones locales, nacionales e internacionales
que han cumplido roles específicos en el desarrollo de la ciudad, del país y
del mundo; al deporte, resaltando su pasión futbolística, reconociendo el papel
de los merideños en el llamado deporte rey de los andes venezolanos; y,
finalmente, como para no dejar nada por fuera, a la familia, manifestando sus
querencias por los seres más apreciados de su entorno que se adelantaron en el
viaje hacia la eternidad.”
“Como deseando
dejar constancia de sus aportes concretos, cónsonos con lo dicho en los
artículos que ahora se publican en forma de libro, usted nos da a conocer
documentos sobre dos de sus mayores contribuciones en materia educativa y a
favor de la solución al problema del transporte masivo para dos ciudades merideñas.
Me refiero a su participación en la creación de un Politécnico para Mérida, que
terminó denominándose Instituto Universitario Tecnológico de Ejido, y en la
propuesta de un monorriel siguiendo el cauce del río Albarregas. En el primer
caso, su participación activa en la comisión organizadora de la institución
ejidense fue determinante para que hoy esta ciudad cuente con un centro de
educación superior que, seguramente, no tiene las características de la
propuesta original, pero que obviamente ha sido una solución satisfactoria para
un crecido número de jóvenes estudiantes que no pudieron ingresar a la ULA u optaron por cursar
carreras técnicas, de tanta necesidad para el país. En el segundo caso, los
factores que favorecían esa propuesta no fueron considerados seriamente, lo
cual hubiera resuelto definitivamente el intercambio social, económico y
cultural entre Ejido y Mérida, y hubiera sido, seguramente, la medida más
viable a la descongestión vehicular entre ambas ciudades. Es de lamentar que
sus planteamientos no fueran acogidos por las autoridades de turno: ¿Acaso una
actitud de retaliación política o miopía gubernamental? ¿Hasta qué punto le
faltó a la Universidad
de Los Andes fuerza política y administrativa para imponerse al respecto?
Espero que en algún momento podamos conversar sobre el particular y reflexionar
críticamente sobre la decisión de los gobiernos local, regional y nacional de
poner en práctica un sistema de transporte masivo que, a todas luces, traerá
consecuencias graves particularmente a la ciudad de Mérida.”
En el 2014, con el auspicio
editorial del Vicerrectorado Administrativo de la Universidad de Los
Andes, William Lobo Quintero dio a conocer la Segunda Parte de sus escritos
en la La Universidad Siempre. Nuevamente sus artículos en el
diario Frontera, en esta ocasión 167
diversas reflexiones entre diciembre de 2006 y abril de 2013, comprendieron
como temas específicos Mérida, la
Academia de Mérida, la Cultura, la Sociedad, el País, los Valores, la Familia y tres Apéndices
sobre un viaje académico a Japón y sus palabras en los homenajes a los doctores
Leopoldo Garrido Millares y Vitelio Bertero. Y, por supuesto, como primer
asunto la Universidad
de Los Andes. Sobre ésta 24 artículos, comprensivo del cumpleaños del edificio
del rectorado y propuestas para la solución de sus problemas, aula energética
(para referirse a las aulas “que vinculen mediante programas reales y virtuales
a las instituciones universitarias con la sociedad y justifiquen una cuota
imprescindible de sus obligaciones), el Núcleo Universitario “Alberto Adriani”,
el Rector Renato Esteva Ríos (1951-1953), la respuesta positiva a situaciones
de violencia de los recintos universitarios, su graduación de Ingeniero en
1957, la encrucijada universitaria ante actitudes del Estado; la excelencia, la
autonomía y pertinencia de la universidad; los 40 años de la Facultad de Ciencias, la
necesidad del fortalecimiento de las Universidades, las revistas electrónicas,
sobre el fallido proyecto de Ley de Universidades del gobierno de 2010, la
relación de la Universidad
y el país ante la Ley
de Educación Universitaria, acerca de la creencia y respeto de la Universidad, el debate
sobre la fundación de la ULA
en 1810, la nueva Universidad Politécnica Territorial de Mérida, el contendido
del libro Pensar la Universidad,
homenaje al Dr. Julián Aguirre Pe, los 50 años de la Facultad de Arquitectura,
Juan Nepomuceno Pagés Monsant (Estudiante, Bedel y Rector), las universidades
emergentes, reconocimiento con la
Orden “Dr. Carlos Chuecos Poggioli y la enseñanza por competencia.
En fin, un conjunto de historias, dispersas en el tiempo, miradas por William
Lobo con sentido crítico, siempre llamando la atención de lo que han
significado y deben significar para la universidad, la ciudad y el país.
Cerramos esta Crónica señalando que, además de
las dos ediciones de La
Universidad
Siempre, coordinó y editó tres libros de singular
importancia para conocer y comprender la relación de la Universidad con la Ciudad. Hemos considerado
pertinente señalar autores y títulos de sus trabajos libros, pues los mismos
evidencian la preocupación por Mérida desde la Universidad, teniendo
a William Lobo Quintero como su primer promotor. En su conjunto, proyectos para
una transformación tanto de la ciudad como de su institución universitaria por
excelencia. Nos referimos, en primer lugar a Mérida Sostenible. Una ciudad para la gente (Mérida, Publicaciones
del Vicerrectorado Académico, 2007, 479 p.), en el que es visible la
participación de universitarios bajo ese concepto de una “Mérida sostenible”,
con Prólogo del entonces Vicerrector Académico Dr. Humberto Ruiz Calderón, la Presentación de
William Lobo, creador de ese concepto y los trabajos de William Lobo: Una propuesta para sostenibilidad de Mérida; Raúl Estévez: Riesgos naturales y
desarrollo sostenible; Nancy Freitez de
Sardi: Salud y calidad ambiental; Elías
Méndez Vergara: El área metropolitana de Mérida en la perspectiva de la
ordenación del territorio; Antonio Luis
Cárdenas: La educación como base para el desarrollo sostenible; Oscar Aguilera y María Inés de Padrón:
Posibles aportes de HUMANIC (Centro de Investigaciones en Ciencias Humanas) de la ULA a un proyecto de Mérida
Sostenible; Alejandro Gutiérrez Socorro:
El estado Mérida: estrategias de desarrollo económico y humano para el futuro; José Mendoza Angulo: Mérida
gobernabilidad democrática para la sostenibilidad del progreso humano de la
ciudad y de los ciudadanos; Luis Jugo
Burguera: Ciudades sostenibles como proyecto en Venezuela. El caso Mérida y
su región; Julián Aguirre Pe:
Ambiente sostenible; Pedro Durant:
Aula ambiental de la
Universidad de Los Andes; Luis
Ricardo Dávila: Mérida, ciudad desbordada; Amílcar Rivas: Mérida ecoacústica; Carlos E. A. Unshem Báez: Mérida: en la ruta ecológica de los
residuos y desechos sólidos y Silvio Villegas:
La Zona libre
como instrumento para la construcción de un modelo económico sostenible y
justo.
A esta obra siguió el libro Pensar a Mérida (Mérida, Universidad de
Los Andes / Academia de Mérida/Centro de Investigación en Gestión Integral de
los Riesgos, 2011, 673 p.): Prólogo y Portal de Ideas por William Lobo
Quintero, con la participación de: Luis
Ricardo Dávila: Hombres del arado, de la toga y del altar; proceso de la
cultura merideña; Hugo Romero Quintero:
Pensar a Mérida en tiempos difíciles; Carlos
Andrés Amaya H.: Ciudad, anticiudad y contraataque: una visión desde la
geografía urbana; Carmen Aranguren:
Mérida: escenarios visibles y patrimonios simbólicos en la cultura ciudadana; William Lobo Quintero: Una ciudad para
vivir; Belkys Cartay Angulo: El
derecho a la ciudad: una propuesta de ciudadanía para Mérida; Jaime Laffaille: Mérida, ciudad de
cuatro ríos y cuatro terremotos; Beatriz
Ramírez Boscán: Repasando y repensando el espacio público de Mérida; Federico Pannier Pocaterra: Vivir entre
montañas; Roberto Rondón Morales:
Pensar a Mérida en salud; Jesús Alfonso
Osuna Ceballos: Salud, agricultura y medio ambiente; Ricardo R. Contreras: Una nueva ética para la ciudad; pensar a
Mérida desde la Bioética;
Eleazar Ontiveros Paolini:
Universidad y Ciudad; Ricardo Gil Otaiza:
Mérida y su Universidad: binomio de una realidad compleja; Alí Enrique López Bohórquez: Educación, cultura y urbanismo:
intervención de la
Universidad en la ciudad de Mérida. Un repaso histórico; Ramón Sosa Pérez: Aportes del Sur en el
hacer de Mérida. Una aproximación; Darío
Novoa Montero: El puesto de Mérida en mi estructura humana fundamental; Hildebrando Rodríguez: De “El Jardín de
Venezuela” a Mérida sublime y Miriam
Salas de Ortiz y Beatriz Febres-Cordero: Hacia un plan especial para el
ámbito urbano central de la ciudad de Mérida.
Finalmente, Mérida, ciudad de
servicios (Mérida, Universidad de Los Andes / Academia de Mérida / Centro de Investigación para la Gestión Integral de los Riesgos
CIGIR, 2012, 537 p.). Nuevamente la presencia de profesores e investigadores de
la ULA: Prólogo
de José María Andérez, Liminar de William Lobo Quintero, y los estudios de: Miguel Szinetar Gabaldón: Mérida y su
cultura; notas; Edda Samudio: La
llegada del telégrafo, el teléfono y la luz eléctrica a Mérida; Niria Suárez Arroyo: Los museos y las
ciudades: contactos y reciprocidades; Humberto
Ruíz Calderón: La educación como servicio; Fortunato González Cruz: Gestión estratégica de las ciudades; Roberto Rondón Morales: Los servicios de
salud en Mérida: oferta o demanda; Norma
Celina Carnevali Lobo: Los elementos de la dimensión social sostenible, su
relación con el hábitat residencial; Alfonso
Rondón González: Controlar el crecimiento, planificar el desarrollo; Luis Jugo Burguera: Huella ecológica:
reto intergeneracional; Carlos Emilio A.
Unshelm Báez: Mérida: una ciudad con servicio de recolección selectiva de
residuos y desechos sólidos; Aníbal Luna
Lugo: Silvicultura: arborización de calles y avenidas; Federico del Cura Delgado: Servicios ambientales para una Mérida
sostenible; Sergio Fontal Romo Y Bernardo
Fontal Rivera: Los servicios para prevenir la contaminación ambiental en
Mérida; Alejandro Linayo: Una mirada
a los sistemas de atención de emergencias y gestión de desastres de la ciudad
de Mérida; Evaldo R. Sandoval S.: El
turismo sostenible en Mérida; Freddy A.
Crespo P.: Inseguridad ciudadana, victimización y miedo al delito: un
estudio en el municipio Libertador de estado Mérida; María Eugenia Febres Cordero R.: Los Consejos Comunales: una
experiencia de participación comunitaria y William
Lobo Quintero: Observatorio de servicios públicos para Mérida.
(*) Historiador. Profesor Jubilado Activo de la Escuela de Historia.
Coordinador de la
Cátedra Libre de Historia de la Universidad de Los
Andes. Premio Nacional de Historia Francisco González Guinán (1989). Premio
Nacional de Historia (2019). Premio nacional de Cultura (2024).