Mérida, Abril Jueves 02, 2026, 03:56 am
A Matilde Briceño de Borges y su hija
María Eugenia
Es una sensación
única sentir el esplendor del Orinoco, símbolo vital de nuestro lar que baña el
alma de místicos paisajes en la metáfora de autores nacidos en esa tierra como Elena
Vera, Francisco Arévalo, Concepción Acevedo José Ramón Medina, Benito Yrady, y la
agrupación Serenata Guayanesa. Pero nos referimos especialmente a ese maestro
que nos dejó un legado en cada paso que realizó por cada escuela, liceo y
universidad.
Don Trino Borges
egresó del Instituto Pedagógico de Caracas en 1959, aunque ya ejercía la
docencia desde 1956 como docente de castellano, literatura y latín. En 1993
egresó como magíster scientiae en historia en la universidad Santa María.
Fue maestro de primaria y luego de secundaria en diferentes centros de
enseñanza. Después, se desempeñó como profesor universitario en Cumaná, Caracas,
Barquisimeto y Mérida para proseguir su labor apasionada. Trabajó muchos años
en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, y en el Instituto
Pedagógico de Barquisimeto, donde fue coordinador del departamento de
Castellano y Literatura.
En los años
ochenta creó la cátedra libre “Nelson Mandela”, y el grupo de estudios,
difusión y solidaridad con Sudáfrica. Se dedicó a la difusión y publicación de
la colección “África Austral”, organizó eventos regionales, nacionales e
internacionales contra la dictadura racista en Sudáfrica, y se jubiló del Pedagógico
de Barquisimeto en 1994. Trino Borges es autor de varias obras como: Nelson
Mandela en Nuestra América, 1993; Sudáfrica también es Poesía, 1994;
Humboldt: de viaje y asombro, 1999; Encuentro con Francisco Tamayo,
2002; Para la mirada de los niños, 2002; Las escrituras de Francisco
Tamayo, 2002; Las rodriguerías de Samuel Robinson, 2004; Enrique
Bernardo Núñez: la batalla por el país, 2005; Los cuatro siglos del
ingenioso Hidalgo; 2005.
Se estableció en
Mérida, y prosiguió sus enseñanzas como profesor invitado en la
Universidad de los Andes, en las escuelas de Historia y Letras, en pregrado y
postgrado. Fue miembro fundador del grupo de investigación en Estudios de África
y Asia de la Universidad de los Andes en 1995. En sus ensayos y reflexiones
criticas va a estudiar al maestro Simón Rodríguez en su obra Las
Rodriguerías de Samuel Robinson; por otra parte, publica Árboles, crónicas
de una Ausencia, en torno a la obra del cronista de Caracas o de la ciudad
de los techos rojos, me refiero a Enrique Bernardo Núñez.
Es fundamental
recordar y mantener viva esa presencia de este intelectual y escritor e
investigador como lo fue don Trino Borges. En mi tiempo como docente del Tecnológico
de Ejido, varias veces lo invité a dar algunas conferencias. Nos llegó a hablar
de un trabajo que hizo como investigador, y que tiene una gran vigencia hoy día,
cuando el país es víctima de amenazas de invasión norteamericana.
Don Trino Borges
escribió un trabajo titulado “En tiempos de guerra, defensa del territorio”; un
tema de importancia histórica que nos lleva a un problemario sobre temas
nacionales, como él mismo lo catalogaba, cuyo fin era que supiéramos y
conociéramos el mapa de Venezuela como instrumento esencial de la soberanía
nacional. En verdad, muy pocos conocen esa geografía que debe ser enseñada en
nuestras escuelas, colegios y liceos. Don Trino Borges nos enseñaba que era
fundamental estudiar la geografía y la historia nuestras como binomio de
nuestra identidad. Este maestro que dictaba cátedras nos hablaba de la cartografía
gestada por el protagonismo de sus habitantes en el quehacer histórico
cotidiano.
Don Trino Borges
recordaba lo que también advertía Pedro Cunil Grau: “si no se conoce el
territorio, se corre el riesgo de perderlo”.
Enrique Bernardo Núñez en 1963 había escrito: “el territorio de
Venezuela es para nosotros el gran motivo, el tema o expresión por excelencia
de toda política. Ninguna puede ser más fecunda que la relacionada con la
suerte inmediata de ese territorio, con la acción de conquistarlo o marcarlo
con el propio espíritu”.
En lo que
concierne a la perdida de territorio, Trino Borges explicaba que esa historia es
de muy vieja data, y nos daba una impecable referencia documental: el mapa de 1882, para esa fecha, contenía una
superficie de 1.639.398 kilómetros cuadrados. Sin embargo, para 1988, se redujo
a 916.445 kilómetros cuadrados. Es decir, Venezuela había perdido (para ese
entonces) 722.953 kilómetros cuadrados. Lo cual representa el 44,09 % del
territorio original, y por eso también nos preguntaba: ¿quiénes disminuyeron la
geografía venezolana? A esta pregunta, él respondía que los principales
responsables fueron la Gran Bretaña, y el desmembramiento de la Gran Colombia por
los sectores oligárquicos del país neogranadino. Venezuela, decía Trino, “ha
sido un territorio amenazado desde agosto de 1498 hasta nuestros días.
Amenazado por el capital mundial. Ojos ávidos han estado siempre pendientes de
su geografía, de sus riquezas”.
Desde esa misma
óptica de estudioso, él nos hablaba de la ignorancia cultivada y sobre la
guerra del petróleo afirmaba que “cuando se habla entre nosotros de atraso
intelectual, la mayoría se encoge de hombros. Considera generalmente que la
riqueza material puede estar exenta de conocimientos.”
Enrique Bernardo
Núñez en 1941, escribió que “el pueblo perdió entonces la batalla del petróleo.
La universidad con sus métodos anticuados, su falta de curiosidad, su ausencia
total del mundo moderno, fue responsable en primer término de esa derrota” Don
Trino Borges nos dejó ese legado del amor y cuidado de lo nuestro, su pasión
por la historia, además de su castellano, literatura y latín. Es bien recordado
por su excelencia y compromiso con la historia del país, motivos por los que
dedicó más de treinta años a la docencia y nunca dejó de investigar y de
enseñar. A los 87 años, falleció el 23 de septiembre de 2019. Había nacido en
la tierra del Orinoco en 1937, desde donde aprendió a cultivar su venezolanidad.