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Por Orlando Oberto Urbina

Crónicas memorables

Sentir el Orinoco en don Trino Borges por Orlando Oberto Urbina



Crónicas memorables

Sentir el Orinoco en don Trino Borges por Orlando Oberto Urbina

adicorazul@gmail.com

bajarigua@gmail.com

                                             A Matilde Briceño de Borges y su hija María Eugenia

 

Es una sensación única sentir el esplendor del Orinoco, símbolo vital de nuestro lar que baña el alma de místicos paisajes en la metáfora de autores nacidos en esa tierra como Elena Vera, Francisco Arévalo, Concepción Acevedo José Ramón Medina, Benito Yrady, y la agrupación Serenata Guayanesa. Pero nos referimos especialmente a ese maestro que nos dejó un legado en cada paso que realizó por cada escuela, liceo y universidad.

Don Trino Borges egresó del Instituto Pedagógico de Caracas en 1959, aunque ya ejercía la docencia desde 1956 como docente de castellano, literatura y latín. En 1993 egresó como magíster scientiae en historia en la universidad Santa María. Fue maestro de primaria y luego de secundaria en diferentes centros de enseñanza. Después, se desempeñó como profesor universitario en Cumaná, Caracas, Barquisimeto y Mérida para proseguir su labor apasionada. Trabajó muchos años en la Universidad Pedagógica Experimental Libertador, y en el Instituto Pedagógico de Barquisimeto, donde fue coordinador del departamento de Castellano y Literatura.

En los años ochenta creó la cátedra libre “Nelson Mandela”, y el grupo de estudios, difusión y solidaridad con Sudáfrica. Se dedicó a la difusión y publicación de la colección “África Austral”, organizó eventos regionales, nacionales e internacionales contra la dictadura racista en Sudáfrica, y se jubiló del Pedagógico de Barquisimeto en 1994. Trino Borges es autor de varias obras como: Nelson Mandela en Nuestra América, 1993; Sudáfrica también es Poesía, 1994; Humboldt: de viaje y asombro, 1999; Encuentro con Francisco Tamayo, 2002; Para la mirada de los niños, 2002; Las escrituras de Francisco Tamayo, 2002; Las rodriguerías de Samuel Robinson, 2004; Enrique Bernardo Núñez: la batalla por el país, 2005; Los cuatro siglos del ingenioso Hidalgo; 2005.

Se estableció en Mérida, y prosiguió sus enseñanzas como profesor invitado en la Universidad de los Andes, en las escuelas de Historia y Letras, en pregrado y postgrado. Fue miembro fundador del grupo de investigación en Estudios de África y Asia de la Universidad de los Andes en 1995. En sus ensayos y reflexiones criticas va a estudiar al maestro Simón Rodríguez en su obra Las Rodriguerías de Samuel Robinson; por otra parte, publica Árboles, crónicas de una Ausencia, en torno a la obra del cronista de Caracas o de la ciudad de los techos rojos, me refiero a Enrique Bernardo Núñez.

Es fundamental recordar y mantener viva esa presencia de este intelectual y escritor e investigador como lo fue don Trino Borges. En mi tiempo como docente del Tecnológico de Ejido, varias veces lo invité a dar algunas conferencias. Nos llegó a hablar de un trabajo que hizo como investigador, y que tiene una gran vigencia hoy día, cuando el país es víctima de amenazas de invasión norteamericana.

Don Trino Borges escribió un trabajo titulado “En tiempos de guerra, defensa del territorio”; un tema de importancia histórica que nos lleva a un problemario sobre temas nacionales, como él mismo lo catalogaba, cuyo fin era que supiéramos y conociéramos el mapa de Venezuela como instrumento esencial de la soberanía nacional. En verdad, muy pocos conocen esa geografía que debe ser enseñada en nuestras escuelas, colegios y liceos. Don Trino Borges nos enseñaba que era fundamental estudiar la geografía y la historia nuestras como binomio de nuestra identidad. Este maestro que dictaba cátedras nos hablaba de la cartografía gestada por el protagonismo de sus habitantes en el quehacer histórico cotidiano.

Don Trino Borges recordaba lo que también advertía Pedro Cunil Grau: “si no se conoce el territorio, se corre el riesgo de perderlo”.  Enrique Bernardo Núñez en 1963 había escrito: “el territorio de Venezuela es para nosotros el gran motivo, el tema o expresión por excelencia de toda política. Ninguna puede ser más fecunda que la relacionada con la suerte inmediata de ese territorio, con la acción de conquistarlo o marcarlo con el propio espíritu”.

En lo que concierne a la perdida de territorio, Trino Borges explicaba que esa historia es de muy vieja data, y nos daba una impecable referencia documental:  el mapa de 1882, para esa fecha, contenía una superficie de 1.639.398 kilómetros cuadrados. Sin embargo, para 1988, se redujo a 916.445 kilómetros cuadrados. Es decir, Venezuela había perdido (para ese entonces) 722.953 kilómetros cuadrados. Lo cual representa el 44,09 % del territorio original, y por eso también nos preguntaba: ¿quiénes disminuyeron la geografía venezolana? A esta pregunta, él respondía que los principales responsables fueron la Gran Bretaña, y el desmembramiento de la Gran Colombia por los sectores oligárquicos del país neogranadino. Venezuela, decía Trino, “ha sido un territorio amenazado desde agosto de 1498 hasta nuestros días. Amenazado por el capital mundial. Ojos ávidos han estado siempre pendientes de su geografía, de sus riquezas”.

Desde esa misma óptica de estudioso, él nos hablaba de la ignorancia cultivada y sobre la guerra del petróleo afirmaba que “cuando se habla entre nosotros de atraso intelectual, la mayoría se encoge de hombros. Considera generalmente que la riqueza material puede estar exenta de conocimientos.”

Enrique Bernardo Núñez en 1941, escribió que “el pueblo perdió entonces la batalla del petróleo. La universidad con sus métodos anticuados, su falta de curiosidad, su ausencia total del mundo moderno, fue responsable en primer término de esa derrota” Don Trino Borges nos dejó ese legado del amor y cuidado de lo nuestro, su pasión por la historia, además de su castellano, literatura y latín. Es bien recordado por su excelencia y compromiso con la historia del país, motivos por los que dedicó más de treinta años a la docencia y nunca dejó de investigar y de enseñar. A los 87 años, falleció el 23 de septiembre de 2019. Había nacido en la tierra del Orinoco en 1937, desde donde aprendió a cultivar su venezolanidad.