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Por Jesús Rondón Nucete

La "Estrategia de Seguridad" de Donald Trump por Jesús Rondón Nucete



La "Estrategia de Seguridad" de Donald Trump por Jesús Rondón Nucete

El pasado 5 de diciembre el gobierno de Donald Trump publicó un documento que contiene las líneas de orientación para los próximos cuatro años de la política exterior de Estados Unidos (y sus efectos internos). Derivan de la visión –America First– del actual grupo dirigente sobre el papel del país en el mundo. Y, por supuesto, de las bases sobre las cuales está – o debe estar – sustentado. En verdad, no representa una ruptura total con el pasado; más bien, introduce modificaciones (aceptadas o polémicas) impuestas por las realidades de nuestro tiempo (y los “caprichos” presidenciales).  Sin embargo, no son meros reajustes.

La “Estrategia de Seguridad Nacional”, firmada por el presidente como jefe del Gobierno Federal, señala bases y fija objetivos en la materia. Parece, sin embargo, un desafío agresivo, como expresión de la consigna que resume sus aspiraciones (“Make America Great Again”). Supone un reclamo y una aspiración: ante la pérdida de la hegemonía mundial (de 1945), el retorno a la “grandeza”. Porque no es posible (¡“ni deseable”!) pretender la dominación permanente del mundo entero bajo el liberalismo (como ocurrió durante la Guerra fría). Con “realismo flexible” propone un sistema centrado en la soberanía nacional, dentro de áreas de influencia de las distintas potencias. Curiosamente, en el documento no se menciona lo que, con frecuencia, es la causa más grave de debilidad: la división interna. La advertencia aparece en Mateo (12,25): "Todo reino dividido contra sí mismo, es asolado, y toda ciudad o casa dividida contra sí misma, no permanecerá".   

El documento advierte que la política exterior del presidente Trump no se fundamenta en alguna de las ideologías políticas tradicionales. Responde más bien a las circunstancias: es pragmática y realista (y por tanto flexible), aunque afirma ser principista (sin ser “idealista”, aclara). Toma en cuenta las distintas realidades y, especialmente, las circunstancias económicas. El documento no hace referencia a la situación de pobreza que sufren millones de personas en el mundo. Son los olvidados o desheredados de los beneficios del progreso de la humanidad: según cifras del Banco Mundial, 839,2 millones (10,31%) viven en pobreza extrema (2024), aunque los números han disminuido.

Por su parte, el más reciente informe de Unicef revela que 417 millones de niños se encuentran en esa condición.

Donald Trump no es reservado, ni siquiera con relación a la seguridad. Afirma sus principios: la paz, la primacía de las naciones (y el respeto a su soberanía), la protección a los derechos fundamentales y las libertades económicas. Revela sus instrumentos de acción: “La clave de la seguridad está en la fuerza”. Es una antigua idea tenida como axioma en las ciencias militares: “Igitur qui desiderat pacem, praeparet bellum” escribió Publius Flavius  Vegetius  a finales del siglo IV. Pero, también lo es la economía, aunque Trump sabe (mejor que nadie) que, con frecuencia, la relación es inversa: el poder sirve a los negocios. Por ahora, sin embargo, para enfrentar a China emergente se requiere fortalecer el aparato productivo capitalista y equilibrar el comercio.  En fin, extrañamente, señala como acción prioritaria controlar las migraciones (no sólo hacia Estados Unidos). Olvida que, en general, los inmigrantes contribuyen con el país que los acoge.   

El documento expone en breves líneas las bases y los objetivos de las relaciones de Estados Unidos con las distintas regiones del globo. Europa, aliado permanente, está en decadencia. Su participación en el PIB global cayó de 25% en 1990 a 14% ahora. Ha sido invadida mediante migración descontrolada. Debe restaurar la grandeza de naciones y culturas y asumir los costos de su defensa. Asia debe ganar su futuro económico y prevenir conflictos militares. Con tal fin se han establecido alianzas selectivas con la India, Australia y Japón. En realidad, se han mantenido desde el fin de la II Guerra Mundial. En el futuro, una necesidad imperiosa (ante el crecimiento de China, “el principal competidor”). El Medio Oriente, impuesta la paz (?), no será el principal foco de atención. En África, más que propagar el liberalismo político, se han de fomentar los intercambios económicos y en vez conceder ayudas se deben fomentar inversiones.

Dos apartes del documento interesan particularmente a los habitantes de lo que comúnmente llamamos “Occidente”: son las referidas a las relaciones con Europa y la América Latina, hasta ahora los aliados más firmes, en momentos de peligro, de la gran potencia del Norte. Estados Unidos es un hijo de Europa, el que más se le parece y el primero que se hizo mayor. Comparte sus principios y valores políticos, sus manifestaciones culturales y su sistema económico. Juntos han dominado el mundo durante más de un siglo y sus economías –muy vinculadas– tienen un peso determinante a nivel global.    

EntidadPoblación (en millones)PIB 2024 (en billones)
Estados Unidos340,1129,18
Unión Europea + Reino Unido519,44523,06
Mundo8.140111,25

Fuente: Banco Mundial

Mantienen relaciones cordiales. Forman parte de la misma alianza defensiva (OTAN).Y dos veces durante el siglo XX combatieron juntos, aunque Estados Unidos entró tarde en los conflictos.

Pero, la situación actual es la de amigos que se sospechan y que no aprecian el camino que sigue el otro. Donald Trump piensa que Europa está en decadencia (por la erosión de las normas democráticas y la inmigración desordenada) y llama a un renacimiento de su espíritu. Lo expuso en la Conferencia de Seguridad de Múnich en febrero pasado el vicepresidente J. D. Vance. Por otro lado, señala el documento la necesidad del reparto de las cargas geopolíticas, lo que supone que Europa asuma la responsabilidad principal de su propia defensa (y en consecuencia aumente las asignaciones destinadas a tal fin). Curiosamente, en el texto que se comenta (ni en ningún otro) se menciona como enemigo a Rusia (y más precisamente al régimen de Vladimir Putin), que pretende reintegrar dentro de sus fronteras, los territorios que alguna vez pertenecieron a su Imperio. Más bien se pide a Ucrania ceder ante su invasor.

En el documento reaparece la “Doctrina Monroe”, silenciada desde hace algunos años, lo que interesa directamente a los habitantes del “hemisferio occidental”. Pero, conviene recordar que fue durante el gobierno del republicano George W. Bush (2001-2009) cuando se estableció en Centro y Suramérica el mayor número de regímenes orientados – se decían – por el “socialismo del siglo XXI”. Ahora, la vigencia del viejo postulado oficial (que inicialmente buscaba alejar a los europeos de los asuntos latinoamericanos) será utilizada “para lograr una restauración sensata y contundente” del poder y las prioridades estadounidenses. No se preocuparon los autores del documento, que firma el presidente Trump, por señalar los fundamentos (históricos, políticos, jurídicos) de esa preminencia. Deriva del “destino manifiesto” que, casi desde los orígenes coloniales, algunos han atribuido a la entidad surgida en la costa atlántica del Norte a finales del siglo XVIII. Formulada en 1845, rápidamente fue adoptada por el gobierno de Washington.  

Las derivaciones de la “Doctrina Monroe” (1823) nunca han sido aceptadas por los Estados latinoamericanos que han rechazado sus llamados “corolarios”, como el de Roosevelt (1904), que atribuyó a Estados Unidos “poder de policía internacional”. Este nuevo debe serlo con decisión. Su aplicación crearía un precedente peligroso. Además, es innecesario, dada la aceptación por la comunidad internacional del principio de la “responsabilidad de proteger” (Cumbre Mundial 2005). Cobra actualidad la advertencia del gran ministro chileno Diego Portales (1822): “El presidente Mr. Monroe ha dicho: “se reconoce que la América es para éstos”. ¡Cuidado con salir de una dominación para caer en otra … Yo creo que todo eso obedece a un plan combinado de antemano: … hacer la conquista de América, no por las armas, sino por la influencia en toda esfera. Esto sucederá, tal vez no hoy; pero mañana sí”. Andrés Bello sería después el “hombre de confianza” de Portales.

El documento del pasado 5 de diciembre resulta un tanto extraño. La ingenuidad de algunas frases, las contradicciones evidentes, las distorsiones históricas, la exposición desordenada de temas de interés mundial y las expresiones de culto a la personalidad (inadmisibles en regímenes republicanos) revelan poco cuidado en su elaboración (o falta de pluma experta). No obstante, debe ser leído con interés y cuidado: proviene del poder político más poderoso (sin ser dominante). Conviene conocer sus intenciones, aunque algunos de sus propósitos sean claramente inalcanzables, pues Donald Trump pone empeño en lograrlos. Y en sus esfuerzos afecta la vida de millones de personas.

X: @JesusRondonN