Mérida, Febrero Lunes 16, 2026, 10:47 pm
El pasado miércoles el Foro Económico Mundial presentó su
Informe de Riesgos Globales 2026 (disponible en https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/), donde se analizan los desafíos de corto y largo plazo
que enfrenta el mundo, así como su impacto en la estabilidad económica,
política y social del planeta. En esta ocasión se ofrece un diagnóstico
inquietante del estado actual del orden internacional.
En un contexto mundial marcado por la fragmentación
geopolítica, la erosión del multilateralismo y la aceleración de los cambios
tecnológicos, el documento identifica una transición hacia lo que se presenta
como la “era de la competencia”, caracterizada por la confrontación más que por
la cooperación entre países, empresas, e individuos. Del análisis queda clara
la preocupación creciente por la exacerbada incertidumbre acerca del futuro
próximo, la gravedad de los riesgos inmediatos, así como la manera de actuar
hoy para reducir la exposición a amenazas estructurales de largo plazo.
A corto plazo, los tres principales riesgos identificados
son 1) la confrontación geoeconómica, 2) la desinformación y 3) la polarización
social. Estos reflejan una crisis de confianza tanto entre Estados como dentro de
cada país. Por un lado, la confrontación geoeconómica representa una amenaza
sistémica al orden económico global, debido a que las frecuentes tensiones
comerciales, las restricciones a cadenas de suministro y el uso de instrumentos
económicos como herramientas de presión política están erosionando los cimientos
del multilateralismo. Esta dinámica no solo obstaculiza la cooperación
internacional, sino que también intensifica otros riesgos, como la inflación,
el desempleo y la recesión. En este entorno, la estabilidad macroeconómica
queda comprometida por decisiones políticas que priorizan intereses nacionales
por sobre soluciones colectivas.
Por otro lado, la desinformación, tanto intencionada como
accidental, y la polarización social operan como catalizadores de inestabilidad
a lo interno de cada nación. Estos fenómenos, profundamente interconectados con
la transformación digital y el auge de las redes sociales, debilitan la
cohesión social, socavan la confianza en las instituciones democráticas y
dificultan la formulación de políticas públicas efectivas.
Ahora, si bien estos riesgos de corto plazo exigen
respuestas urgentes, en el informe se advierte que descuidar los riesgos de
largo plazo podría tener consecuencias catastróficas para la humanidad. En un
horizonte de diez años, los riesgos ambientales recuperan su lugar
predominante: fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad,
colapso de ecosistemas y cambios críticos en los sistemas terrestres ocupan los
primeros puestos. Estos riesgos no son solo proyecciones abstractas; reflejan
tendencias ya en curso, cuyos efectos se verán exacerbados por la inacción actual.
De igual manera, el impacto adverso de la inteligencia artificial (IA) emerge
como una preocupación creciente, expresando una creciente conciencia sobre los
desafíos éticos, laborales y de seguridad que plantean las tecnologías
emergentes.
Así, la verdadera urgencia ésta en evitar la
interdependencia entre estos riesgos. Para lo cual será necesario superar lo
antes posible la era de la competencia e insistir en la responsabilidad
colectiva de los líderes políticos, empresariales y sociales que permita
emprender acciones con visión estratégica ante los desafíos que enfrenta el
mundo. Es decir, solo mediante la reconstrucción de canales de comunicación y
la búsqueda de puntos de convergencia será posible mitigar los riesgos
inmediatos sin sacrificar la sostenibilidad del planeta.
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