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Por Alberto José Hurtado B.

Riesgos globales 2026: “era de la competencia” por Alberto José Hurtado B.



Riesgos globales 2026: “era de la competencia” por Alberto José Hurtado B.

El pasado miércoles el Foro Económico Mundial presentó su Informe de Riesgos Globales 2026 (disponible en https://www.weforum.org/publications/global-risks-report-2026/), donde se analizan los desafíos de corto y largo plazo que enfrenta el mundo, así como su impacto en la estabilidad económica, política y social del planeta. En esta ocasión se ofrece un diagnóstico inquietante del estado actual del orden internacional.

En un contexto mundial marcado por la fragmentación geopolítica, la erosión del multilateralismo y la aceleración de los cambios tecnológicos, el documento identifica una transición hacia lo que se presenta como la “era de la competencia”, caracterizada por la confrontación más que por la cooperación entre países, empresas, e individuos. Del análisis queda clara la preocupación creciente por la exacerbada incertidumbre acerca del futuro próximo, la gravedad de los riesgos inmediatos, así como la manera de actuar hoy para reducir la exposición a amenazas estructurales de largo plazo.

A corto plazo, los tres principales riesgos identificados son 1) la confrontación geoeconómica, 2) la desinformación y 3) la polarización social. Estos reflejan una crisis de confianza tanto entre Estados como dentro de cada país. Por un lado, la confrontación geoeconómica representa una amenaza sistémica al orden económico global, debido a que las frecuentes tensiones comerciales, las restricciones a cadenas de suministro y el uso de instrumentos económicos como herramientas de presión política están erosionando los cimientos del multilateralismo. Esta dinámica no solo obstaculiza la cooperación internacional, sino que también intensifica otros riesgos, como la inflación, el desempleo y la recesión. En este entorno, la estabilidad macroeconómica queda comprometida por decisiones políticas que priorizan intereses nacionales por sobre soluciones colectivas.

Por otro lado, la desinformación, tanto intencionada como accidental, y la polarización social operan como catalizadores de inestabilidad a lo interno de cada nación. Estos fenómenos, profundamente interconectados con la transformación digital y el auge de las redes sociales, debilitan la cohesión social, socavan la confianza en las instituciones democráticas y dificultan la formulación de políticas públicas efectivas.

Ahora, si bien estos riesgos de corto plazo exigen respuestas urgentes, en el informe se advierte que descuidar los riesgos de largo plazo podría tener consecuencias catastróficas para la humanidad. En un horizonte de diez años, los riesgos ambientales recuperan su lugar predominante: fenómenos meteorológicos extremos, pérdida de biodiversidad, colapso de ecosistemas y cambios críticos en los sistemas terrestres ocupan los primeros puestos. Estos riesgos no son solo proyecciones abstractas; reflejan tendencias ya en curso, cuyos efectos se verán exacerbados por la inacción actual. De igual manera, el impacto adverso de la inteligencia artificial (IA) emerge como una preocupación creciente, expresando una creciente conciencia sobre los desafíos éticos, laborales y de seguridad que plantean las tecnologías emergentes.

Así, la verdadera urgencia ésta en evitar la interdependencia entre estos riesgos. Para lo cual será necesario superar lo antes posible la era de la competencia e insistir en la responsabilidad colectiva de los líderes políticos, empresariales y sociales que permita emprender acciones con visión estratégica ante los desafíos que enfrenta el mundo. Es decir, solo mediante la reconstrucción de canales de comunicación y la búsqueda de puntos de convergencia será posible mitigar los riesgos inmediatos sin sacrificar la sostenibilidad del planeta.

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