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Tardes de Soledad gana el Goya a la mejor película documental

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Tardes de Soledad gana el Goya a la mejor película documental


El filme de temática taurino, basado en Roca Rey y obra del director Albert Serra, vuelve a ser reconocido con un gran premio tras obtener en 2024 la Concha de Oro

La película Tardes de soledad, con el torero Roca Rey como protagonista y obra del director Albert Serra, han ganado el Premio Goya a la mejor película documental. El toreo, por tanto, triunfa en la alfombra roja, una gran noticia para la tauromaquia.

"Agradecer a los productores por confiar en mí y al equipo de imagen y sonido que no ha sido suficientemente. Hoy que se habla de muchos temas políticos, la película habla de manera muy modesta de temas muy controvertidos que chocan con la intimidad. Hemos tenido el acceso de poder retratar cómo se vive desde la intimidad un tema que no todo el mundo le gusta. Tuvimos el privilegio de acceder a algo que ahora ni yo mismo comprendo y se lo agradezco”, dijo Albert Serra en el Auditori del Centre de Convencions Internacional de Barcelona (CCIB) donde se celebra la gala de los Premios Goya 2026.

Tardes de Soledad, que aborda la tauromaquia desde lo más íntimo de la gran figura del toreo, Roca Rey, ya logró en 2024 la Concha de Oro del Festival de cine de San Sebastián

Que una obra centrada en la tauromaquia haya sido premiada en los Goya supone, para muchos defensores, un reconocimiento explícito del valor cultural y artístico que este ámbito posee dentro del patrimonio español, pese a que el ministro de Cultura Ernest Urtasun, presente en la Gala, se empeñe en negarlo.

El cine, como manifestación artística, no premia actividades aisladas, sino relatos humanos capaces de conectar con el público. En este caso, la figura de Roca Rey se convierte en símbolo de disciplina, sacrificio y entrega, elementos universales que trascienden el propio ruedo.

Resulta especialmente significativo que este galardón se haya concedido en Barcelona, ciudad donde la tauromaquia ha sido especialmente atacada.

Que Tardes de soledad, de Albert Serra, Luis Ferrón, Montse Triola y Pedro Palacios, haya obtenido un Goya, supone para la tauromaquia un respaldo cultural significativo y supone que el toreo continúa siendo una realidad con impacto artístico, social y narrativo, capaz de suscitar interés, emoción y reconocimiento en el panorama cultural contemporáneo, en este caso del cine. / Redacción APLAUSOS

El silencio cobarde de Serra: cuando el toro incomoda más que la verdad

Hay silencios que retratan más que cualquier discurso. Y el de Albert Serra en la gala de los Goya fue uno de ellos. Un silencio quirúrgico, calculado, incómodo. Un silencio que evitó, con una precisión casi clínica, pronunciar una palabra: toro. Ni toro, ni tauromaquia, ni siquiera Andrés Roca Rey. Y, sin embargo, todo lo que celebraba en su discurso —ese acceso privilegiado a un mundo que decía no terminar de creerse— se sostenía, única y exclusivamente, sobre ese universo que decidió borrar de su agradecimiento público.

Porque conviene recordarlo, sin anestesia: sin el toro, no hay película. Sin la tauromaquia, no hay documental. Y sin Roca Rey, no hay relato posible. Resulta llamativo —y profundamente revelador— que un director que ha recibido del mundo del toro un nivel de confianza absoluto, que ha tenido abiertas las puertas de la intimidad más profunda del rito, que ha sido autorizado a filmar lo que casi nadie puede filmar, llegue al momento de mayor visibilidad mediática y opte por el perfil bajo más elocuente: el de quien mira al suelo para no incomodar al auditorio.

Ese auditorio, por cierto, que tampoco tuvo la mínima delicadeza —palabra que parece ajena a ciertos círculos culturales— de invitar al verdadero protagonista de la obra premiada. Porque sí: el protagonista no es Serra. El protagonista es el torero. El protagonista es el toro. El protagonista es ese mundo que le dio materia prima, verdad, riesgo y alma a su película. Y, aun así, ni una palabra. Ni una.

No hablamos de un lapsus. Hablamos de una omisión consciente. De una autocensura elegante. De esa forma moderna de cobardía que consiste en aceptar el aplauso de un sector mientras se invisibiliza aquello que podría incomodar ideológicamente a ese mismo entorno. Serra agradeció lo intangible, lo abstracto, lo artístico. Pero evitó nombrar lo real.

Evitó nombrar al toro, que es el corazón del rito. Evitó nombrar a Andrés Roca Rey, que le permitió estar donde estuvo, ver lo que vio y filmar lo que filmó. Evitó, en definitiva, agradecer a un mundo que no sólo le abrió sus entrañas, sino que le ofreció su verdad sin filtros. Y eso, en términos éticos, tiene un nombre. Porque el mundo del toro —tan vilipendiado, tan simplificado desde ciertos púlpitos culturales— ha demostrado una generosidad que contrasta frontalmente con ese silencio selectivo. Le ha dado acceso, legitimidad, narrativa y, paradójicamente, un reconocimiento institucional que ese mismo mundo jamás exige como peaje. Le ha dado incluso algo más difícil de conceder: el corazón.

Por eso el gesto no es menor. No es anecdótico. No es casual. Es simbólico. Es el retrato de una época en la que resulta más cómodo aceptar premios que defender públicamente el origen incómodo de la obra premiada. Decir “toro” en esa gala no era un acto provocador; era un acto de honestidad. Nombrar a Roca Rey no era un posicionamiento ideológico; era, simplemente, justicia. Pero optó por el silencio.

Y cuando alguien construye una obra gracias a la verdad de un mundo al que luego no se atreve ni a mencionar cuando llegan los focos, lo que queda no es prudencia: es cálculo. Y el cálculo, en el territorio del arte que presume de autenticidad, suena peligrosamente a miedo. Un miedo muy contemporáneo: el de incomodar al aplauso correcto. El de decir la verdad cuando la verdad tiene cuernos. Pero si no ha sido capaz de enfrentar las consecuencias de aquello en lo que creía a la hora de filmar, es que no ha entendido nada de este mundo del que ahora, con su silencio, reniega. Y si es así, mejor cerrar aquí el círculo de los engaños. / Marco Antonio Hierro – CULTORO





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