¿Comuna o Asociación de Vecinos? Por qué pelear
por el nombre es una estupidez... por David Jiménez Pérez
En la actual coyuntura venezolana, la gestión de la Presidenta Encargada, Dra. Delcy Rodríguez, ha asumido el fortalecimiento del poder comunal no solo como una bandera política, sino como una estrategia técnica de supervivencia y eficiencia operativa. Este enfoque representa la continuidad y profundización del proyecto original impulsado por el Comandante Chávez, adaptándolo a una nueva etapa donde la respuesta inmediata a las necesidades de la gente es vital. La Consulta Nacional del próximo 8 de marzo se erige así como la máxima expresión del poder popular, un mecanismo donde la comunidad ejerce su soberanía para decidir, de forma democrática y vinculante, el destino de los recursos nacionales.
Sostener y potenciar este modelo es fundamental para garantizar que las soluciones nazcan desde abajo. Por eso, hay que decirlo con claridad: atacar o desprestigiar a los consejos comunales es una estupidez monumental de ciertos sectores de la oposición. Es un error técnico y social nacido de la ceguera política. Más allá de la etiqueta que cada quien prefiera usar, llámenlo asociación de vecinos, junta parroquial o junta de condominio, lo cierto es que estas estructuras son el único mecanismo de respuesta inmediata que tienen las bases para enfrentar sus problemas reales. Criticar el nombre mientras se ignora que es la herramienta que resuelve la falta de agua o el transformador quemado, es darle la espalda a la solución por puro prejuicio.
A través de estos consejos, los ciudadanos formulan, debaten y ejecutan sus propios proyectos, lo que constituye un ejemplo contundente de cómo combatir el burocratismo, la desidia y la corrupción. Al transferir el poder de decisión y ejecución directamente a las bases, se eliminan los intermediarios y las alcabalas administrativas que históricamente han permitido el desvío de fondos. La vigilancia vecinal y la transparencia en la rendición de cuentas aseguran que cada recurso se transforme en bienestar tangible, derrotando la inacción de las viejas estructuras estatales.
Esta dinámica promueve una prosperidad territorial basada en la honestidad y el compromiso. Los pilares que definen este proceso son:
• Poder Popular Decisorio: El pueblo determina el uso de los fondos públicos con autonomía, sin esperar que un burócrata en una oficina decida por ellos.
• Transparencia Radical contra la Corrupción: Al ser la propia comunidad quien administra, se garantiza que el dinero no se pierda en el camino y llegue directamente a la obra.
• Eficacia frente a la Desidia: Respuestas diseñadas por quienes viven el problema, eliminando la lentitud institucional que agota a la gente.
• Gestión Directa y Ejecutiva: No importa cómo se denomine a la organización; lo que cuenta es su capacidad de resolver conflictos de forma ágil y real.
• Corresponsabilidad: Un compromiso mutuo entre ciudadanos y el gobierno para sanear la administración pública desde la base.
Por todo esto, la cita del domingo 8 de marzo es impostergable. No es solo un proceso electoral; es un acto de soberanía frente a la ineficiencia. Si quieres que los recursos se manejen con transparencia y que los problemas de tu calle se resuelvan de verdad, asiste a tu centro de votación. ¡Participa y vota en la Consulta Nacional! Es hora de fortalecer la base, barrer con el burocratismo y consolidar la prosperidad que nuestro pueblo merece.
Plaza el Venezolano Ccs - Marzo 2026