Mérida, Abril Viernes 17, 2026, 12:07 am
RUBEN DARIO VILLAFRAZ
@rubenvillafraz
La corrida celebrada este domingo en la plaza de toros "Nuevo Progreso" dejó como triunfador al matador venezolano Jesús Enrique “Colombo”, quien firmó la actuación más rotunda de la tarde. El torero obtuvo una oreja en su primer turno y dejó otra importante faena en el quinto de la tarde, en la que el público solicitó con fuerza el trofeo que finalmente no fue concedido por la autoridad.
Tal y como describe la compañera del portal altoromexico.com, Natalia Pescador, se lidió un encierro de Tequisquiapan bien presentado, serio y acorde con la categoría de la plaza tapatía. Sin embargo, el conjunto ofreció poco juego, con toros que en su mayoría acusaron falta de fuerza o terminaron viniéndose a menos, lo que condicionó el lucimiento de las faenas. A pesar de ello, la terna mostró disposición y entrega. Tanto Leo Valadez como André Lagravére "El Galo" estuvieron por encima de las condiciones de sus respectivos toros, dejando constancia de su técnica y determinación ante un encierro que exigió más oficio que inspiración.
Ante el segundo de la tarde, "Forjador", de 505 kilos, el venezolano dejó ver sus intenciones desde el capote con un quite por navarras y brindó al público tapatío antes de iniciar una faena estructurada y de gran expresión. Toreó con hondura, especialmente por el pitón derecho, en una labor que fue creciendo en intensidad ante un toro noble. Tras acertar con la espada, obtuvo una oreja.
Frente al quinto, "Artista", de 575 kilos, “Colombo” volvió a conectar con el público desde el capote y en un vibrante tercio de banderillas. Brindó la faena a Oskar Ruizesparza y desarrolló una labor de poder y cercanía ante un toro que terminaba las embestidas con la cabeza arriba. Las mejores series llegaron por el pitón derecho, rematando la faena con manoletinas muy ajustadas. Tras un pinchazo hondo, hubo fuerte petición de oreja que no fue concedida, saludando el torero en el tercio.
La ficha del festejo es la siguiente:
Plaza de Toros "Nuevo Progreso" de Guadalajara. Media entrada en tarde calurosa. Toros de Tequisquiapan, bien presentados y de juego desigual. Pesos: 502, 505, 555, 550, 575 y 500 kilos. Leo Valadez: Ovación y silencio. Jesús Enrique “Colombo”: Oreja y ovación. André Lagravére "El Galo": Ovación y silencio.
Arranque de temporada española: Olivenza, el verdadero Reto Demográfico y el ‘reto’ de la paupérrima entrada en el Circuito de Andalucía: un fin de semana de contrastes
Cuando el calendario taurino español aún huele a tierra removida y emoción en el aire, la XXXV Feria Taurina de Olivenza ha vuelto a demostrar, del 6 al 8 de marzo, que hay una España taurina que late, que acude a las plazas y que, lejos de meras estadísticas o debates técnicos, encuentra en el toreo un elemento identitario profundo.
La feria pacense vivió tres corridas de toros y una novillada con picadores que registraron una notable afluencia de público y un ambiente festivo en todo el municipio. A esto se suma la presencia de actividades culturales paralelas que convierten el toro en un motor social y turístico para Olivenza y su comarca. Tiene, además, la localidad pacense, un marcado carácter internacional en todo lo que propone, porque la vecindad de Portugal hace que se escuche con frecuencia el ‘portuñol’ en calles, bares y tabernas.
En contraste, las políticas públicas estatales, desconectadas de esta realidad, promueven acciones enfocadas a la cultura rural y muestran una visión que no acompaña a lo que viven los pueblos. La atención institucional tiende a centrarse en métricas abstractas y programas urbanos, mientras que las comunidades rurales demuestran día a día que el toreo sigue siendo un vínculo cultural, económico y social imprescindible. El motivo es simple: para legislar para un territorio es imprescindible conocer su realidad, y la realidad rural en España pasa indefectiblemente por el toreo.
Es aquí donde la diferencia entre cifras técnicas y vivencias reales se hace más palpable: en los pueblos, en la España rural, el toreo no es una estadística. Es parte de la memoria colectiva, de las jornadas compartidas entre generaciones. Regiones que siguen siendo territorios donde el interés por el toro no se limita a un dato aislado, sino que se traduce en plazas llenas, economía local dinamizada y conversaciones en bares, plazas y hogares. Olivenza, una verdadera inyección de actividad para hoteles, restaurantes y comercios locales, es el vivo espejo de ello: el domingo se hacía prácticamente imposible encontrar un lugar donde comer entre festejo y festejo. Algún atractivo habría.
Mientras tanto, algunas políticas públicas panespecíficas parecen no percibir la dimensión humana y cultural de la tauromaquia. El enfoque en cifras agregadas o en estudios que, bienintencionadamente, intentan medir hábitos culturales sin contextualizar su arraigo territorial, se corre el riesgo de perder de vista que la fiesta brava no es homogénea en todo el país. La política hecha al servicio de los titulares sectoriales y en contra del pulso de la sociedad rural.
Olivenza nos recuerda que el toreo sigue siendo un vínculo social y cultural. No es un dato en un informe; es la plaza llena, la conversación en la calle, la emoción compartida entre padres y hijos. Esa es la verdadera realidad de la tauromaquia. Y si algo debe extraerse de estos días, es que la tauromaquia no vive de estadísticas aisladas ni de debates urbanitas desconectados de la España profunda. Vive —y lo ha demostrado una vez más en Olivenza— en la pasión de sus aficionados, en la tradición que resiste y en la pujanza de las ferias que siguen reuniendo a miles de personas.
En contrapunto, otro contraste se hizo especialmente visible este mismo fin de semana, con otra cita taurina que pone en el centro un problema del sistema: el inicio del circuito de novilladas de Andalucía, en Lucena, ofreció una entrada lamentablemente pobre. La novillada se encontró con una imagen que no respondió como cabría esperar en un ciclo que debía ser semillero de futuro. Esta carencia de asistencia pone sobre la mesa una pregunta incómoda que deberá responder tanto la Junta de Andalucía como la entidad organizadora, la Fundación Toro de Lidia.
La respuesta no está en cifras abstractas, sino en acciones concretas. Allí donde se ha trabajado la promoción —como lo ha demostrado por ejemplo la Comunidad de Madrid en los últimos años en la Copa Chenel, que ha ido reforzando su imagen y atrayendo cada vez más público a las plazas y actividades previas— se observa que la promoción bien dirigida puede transformar la apatía en curiosidad, y la curiosidad en afición.
El ejemplo madrileño prueba que
con estrategia, inversión comunicativa y eventos atractivos, se puede crear un
ecosistema que revitalice el resto de Circuitos novilleriles. Y no se trata de
comparar modelos, sino de adoptar el que funcione, y ese ha demostrado ser el
que se asume en Madrid. A no ser que los malos resultados no respondan a otra
cosa que a la desidia de quienes tendrían que trabajar para que fueran los
mejores posibles. / www.cultoro.com