Mérida, Abril Viernes 17, 2026, 12:07 am
Según
la tradición la figura del obispo auxiliar ha sido y lo es todavía discutida.
La razón es sencilla, la condición episcopal conlleva en cierto sentido una
vinculación muy estrecha, como si fuera una especie de matrimonio espiritual
con la comunidad a la que se le asigna. Por ello no existen obispos sin más
sino siempre vinculados a una comunidad concreta. Pensemos por ejemplo en el
Papa, es en primer lugar, obispo de Roma. Todos los obispos residenciales
tienen el “apellido” de ser obispo de “…Milán, Chicago, Monterrey, Medellín…”.
Y generalmente no eran cambiados sino ligados de por vida a la primera
comunidad que les fue asignada por la Santa Sede.
Sin
embargo, con el tiempo, las necesidades obligaron a cambiar, mejor a trasladar
un obispo de una sede a otra. Se dieron algunos casos en Venezuela durante la
colonia. Fray Mauro de Tovar, obispo de Caracas fue trasladado a Chiapas en el
siglo XVII. Mons. Mariano Martí, fue obispo de San Juan de Puerto Rico y luego
trasladado a Caracas en el siglo XVIII. El primer arzobispo de Caracas, D.
Francisco Ibarra había sido antes obispo de Guayana (Ciudad Bolívar) a
comienzos del siglo XIX.
Los
obispos residenciales solicitaron o le fueron asignados como ayudantes uno o
varios obispos auxiliares. Esta práctica se
remonta a los siglos VII-VIII, cuando obispos exiliados de Asia Menor y España
ayudaban a prelados en Occidente, consolidándose su figura en el siglo XIII a
raiz de las cruzadas, pues muchos prelados fueron expulsados o huyeron hacia
occidente. Conservaron el título de obispo de la sede de donde provenían o se
les confería el título de alguna de las diócesis desaparecidas después de la
expansión del Islam principalmente por el norte de África. Durante todo el
período colonial (siglos XVI-XVIII) no hubo en Venezuela obispos auxiliares. En
realidad, solo tuvimos el obispado de Caracas y desde finales del siglo XVIII
los obispados de Mérida de Maracaibo y de Guayana.
Según
el actual código de derecho canónico (canon 403,3), se define su figura “…Cuando lo aconsejen las necesidades
pastorales de una diócesis, se constituirán uno o varios Obispos auxiliares, a
petición del Obispo diocesano; el Obispo auxiliar no tiene derecho de sucesión…
Cuando concurran circunstancias más graves, también de carácter personal, se
puede dar al Obispo diocesano un Obispo auxiliar dotado de facultades
especiales”. Sin embargo, hoy día, muchos obispos de las grandes urbes
prefieren nombrar a uno o varios sacerdotes como “vicarios episcopales” sin
tener la consagración episcopal.
El
primer obispo auxiliar en nuestro país fue Mons. Buenaventura Arias, como
obispo auxiliar de Mérida de Maracaibo al servicio de Mons. Rafael Lasso de la
Vega (1815-1829). Fue este prelado el primero que desde América Latina se
dirigió directamente al Papa sin pasar por el Consejo de Indias como lo
estipulaba el Patronato Eclesiástico concedido por los Papas a los Reyes de
España. Siendo este nombramiento al margen de la Corona española, la diplomacia
vaticana hizo al parecer una sabia jugada diplomática para no herir los
reclamos hispanos. Le concedió el título de Obispo de Jericó con el remoquete
de “in partibus infidelium”, es decir en territorio no sometido a dominio real
español, con el encargo de ser “auxiliar” de Mons. Lasso de la Vega en el vasto
territorio del obispado entre Caracas y Bogotá.
Habrá
que esperar hasta la cuarta década del siglo XX, a finales del pontificado de
Pío XI y los comienzos de Pío XII para conocer los primeros nombramientos de
obispos auxiliares en nuestra patria. En otra crónica daremos cuenta detallada
de los nombres de más de medio centenar de obispos auxiliares que ha tenido
desde entonces hasta hoy Venezuela.
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(3806) 8-3-26