Mérida, Abril Domingo 26, 2026, 02:56 am
La historia de la trampa del desarrollo de América Latina
representa la sombra de la integración financiera en la región. Ello no solo
representa ausencia de tratados so pena de ausencia de convergencia, sino de
algo aún más difícil de superar, características estructurales que desde la
política pública no se han sabido dirigir a través de la historia de los
procesos de integración económica y financiera. A esto obviamente se une la
volatilidad cambiaria y alta divergencia monetaria que por momentos en el 2020
parecía encontrar la solución, no obstante, la heterogeneidad y excesiva
competencia entre los gobiernos y jefes de Estados aparentemente unidos, condujo
hacia otro gran problema, la dependencia del financiamiento externo. No es un
secreto que la ausencia de financiamiento interno está relacionada con la
incapacidad que tienen las economías en la región para realizar y mantener
ajustes en balanza de pagos, es decir, la incapacidad para finalmente generar
ahorro y mecanismos fiscales nacionales que permitan el autofinanciamiento.
Dicho cóctel problemático materializa uno de los grandes
desafíos y obstáculos de la integración económica regional plena y profunda.
Técnicamente la infraestructura financiera de la región es incompatible. Los
sistemas de pagos no poseen una cámara de compensación regional obligatoria,
que entre los bancos centrales en la región permita realizar pagos a través de
corresponsales bancarios en otras latitudes. Asimismo, en el contexto digital,
existe una brecha de ciberseguridad, haciendo vulnerable a la región frente a
posibles ransomware contra
instituciones financieras. Otro punto sensible es la asimetría regulatoria para
establecer un modelo de Open Finance,
que impiden en la actualidad que la Fintech en funcionamiento en las distintas
economías de la región avance hacia escenarios de integración financiera
digital.
A lo anterior, se une la polarización de la inversión,
nacionalismo de recursos que son velo de la rivalidad en términos de alianza
con respecto a Estados Unidos y China. Esto en lugar de generar caldo de
cultivo para que la región pueda mirar hacia afuera, obstaculiza y paraliza
procesos de integración basados en temas presidencialistas y de aliados
políticos extraregionales. En general, algo que tal vez pudo construirse desde
el 2012 en la región popularizada a través de la moneda única, en la actualidad
ya es un irrealismo sustentado en la desalineación fiscal amparada en la
ausencia de instituciones técnicas que gestionen y dirijan el mercado monetario
óptimo a través de la conformación de un área monetaria óptima.
Finalmente, parece existir más problemas que posibilidades,
los avances en la dinámica de integración financiera regional, obviamente
muestra distintos escoyos para navegar las finanzas regionales. Aunque estas
razones representan un peso problemático importante, en la práctica la región tras
razones que pueden denominarse de poco peso, encuentran los verdaderos
problemas para atender entre los que destacan la fragmentación institucional y
tecnológica, teniendo en cuenta los nuevos escenarios que afectan a la región
desde la perspectiva financiera que además los puedan relacionar con posición o
peso en grandes centros financieros globales. Esperemos que las autoridades
políticas a través de las instituciones reconozcan las nuevas oportunidades del
mercado financiero a través de la integración en un escenario donde la región
tiene importantes avances desarrollados a través de la Fintech en la región.
@ajhurtadob*