Mérida, Abril Sábado 18, 2026, 09:17 pm
Hoy hablaré de un amigo.
La vida de Carlos estuvo unida a
privaciones económicas y afectivas. Esa misma vida llena de amarguras le
concedió supremas alegrías: Carlos se fue a vivir a España, allá consiguió
trabajo como peón de caballeriza en la Casa Domecq - y según su testimonio - conoció más de treinta
países en esos andares.
En un fin de semana veraniego, decidió conocer
Moscú con sus exiguos recursos económicos. Llegó en tren, y se encontraba
cabizbajo en el Metro de Moscú, pensando cómo resolvería su manutención en ese
extraño país, y con ese idioma más
extraño aún; y justo en ese momento, sintió una mano posándose sobre su hombro:
era J. A. Montilla, su paisano de Tovar, justo en el centro de Moscú. Según me
contó, estuvieron parrandeando tres días seguidos. Así era su vida, llena de
contrastes.
Hoy hablaré de un amigo.
Un amigo es quien dice a uno las más
rudas verdades, no quien asiente nuestros más crasos errores complacientemente.
Siempre critiqué a Carlos y él me criticó a mí: creo que por eso éramos verdaderos
amigos.
En un momento plantearon que Tovar arribaría
a un supuesto tricentenario. Mi padre, Alfonso Ramírez, se opuso rotundamente a
eso, con la inobjetable razón de que Tovar nunca fue fundado, si no, conformado
progresivamente. Carlos, El Banderólogo, como le decíamos cariñosamente, arguía
que de asumir el tricentenario la ciudad de Tovar recibiría grandes recursos de
la administración central. Mi padre dijo
que por conseguir unos pocos cobres, no estaba dispuesto a pasar a la historia
como un mentiroso; y afortunadamente triunfó su tesis.
Hoy hablaré de un amigo.
Tengo que decir que Carlos fue
torero, político, músico, poeta, compositor y vexilólogo - por lo que Juan María Ramírez, con su
afiladísima lengua, lo hizo pasar a la historia como El Banderólogo -. Eso sí,
todas estas capacidades son insignificantes en comparación a su capacidad
principal: la de ser amigo. Siempre que pudo ayudarme lo hizo, y lo hizo desinteresadamente. Esta es la razón
principal por la que estoy hoy frente a ustedes.
Carlos, junto a Luben Petkoff, fue a Cuba
a traer ganado Siboney a Venezuela. Para aligerar el cuento, ese ganado era de
mala calidad y no prosperó en Venezuela. Luben se volvió rico y Carlos siguió
siendo el mismo pobre. Saquen ustedes sus conclusiones.
Parte muy importante de la vida de
Carlos, fue la tauromaquia a la usanza española: como novillero, como
apoderado, como empresario, como miembro de la comisión taurina y también hay
que decirlo: como pesero, porque tuvo una carnicería aquí en la Plaza Bolívar
de Tovar.
Hoy he hablado de un amigo.
Despedimos a Carlos con la
satisfacción de haber conocido a un ser humano en cuya alma no cabía la maldad,
a pesar de todas las traiciones que sufrió, nunca pensó en vengarse y siempre
perdonó.
Adiós amigo.