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Por Giovanny Marquina

La "Arcilla Digital" de Bolívar y la curiosa genética del software por Giovanny Marquina



La "Arcilla Digital" de Bolívar y la curiosa genética del software por Giovanny Marquina

El 19 de abril de 1810, Simón Bolívar se encontraba en Caracas, Venezuela, participando activamente en los sucesos revolucionarios que desconocieron al Capitán General Vicente Emparan y establecieron la primera Junta Suprema de Gobierno, marcando el inicio del proceso de independencia venezolano. 

Aunque ese día se encontraba confinado en su hacienda de San Mateo por orden de las autoridades coloniales, su ausencia física no borraba su peso político. Bolívar ya era una figura clave en la red de mantuanos y criollos que, desde la clandestinidad, venían articulando el quiebre definitivo con el dominio español.

El confinamiento de Bolívar en su hacienda de San Mateo durante los sucesos de 1810 fue el primer intento oficial por apartarlo de la génesis republicana. Siglos después, esa voluntad de control ha evolucionado de la restricción física a la manipulación visual. 

Hoy, al conmemorar aquel primer grito de libertad, nos enfrentamos a una paradoja, mientras en 1810 se luchaba por la soberanía política, hoy debemos luchar por la soberanía de nuestra memoria histórica, denunciando ese Bolívar de "arcilla digital" que pretendió suplantar al Libertador de carne y hueso que Gil de Castro inmortalizó.

Para entender el agravio, debemos volver a la fuente que el mismo Bolívar validó. En 1825, el artista plástico peruano José Gil de Castro retrató al Libertador en Lima. Tras ver la obra, el propio Bolívar afirmó que poseía la “más grande exactitud y semejanza”. Ese cuadro nos muestra al hombre de carne y hueso, rostro ovalado, frente amplia, mirada penetrante y una nariz aguileña, larga y de tabique fino. Era la imagen de un hombre consumido por la causa republicana, pero de una estirpe fisonómica innegable.

Bolívar, al ver la obra terminada en Lima, quedó tan impresionado por el parecido que envió una copia al General Sir Robert Wilson con una nota que decía: "Me tomo la libertad de dirigir a usted, un retrato mío hecho en Lima con la más grande exactitud y semejanza". 

187 años después de aquel retrato, se conmemoró el 229° aniversario del natalicio del mismo Libertador, el 24 de julio del 2012. En contraste, fue develada la imagen por el oficialismo que no fue producto de un hallazgo científico objetivo, sino de una intervención humana subjetiva. El informe gubernamental reconoce que el proceso se realizó en laboratorios extranjeros utilizando softwares como Cinema4D y Zbrush.

Este último, Zbrush, es una herramienta diseñada para el cine y los videojuegos que permite modelar volúmenes como si fuera arcilla digital. Al no existir restos de tejido blando en los restos exhumados, los técnicos "esculpieron" manualmente los pómulos, los labios y la nariz. El resultado fue una alteración quirúrgica. Se eliminó la nariz fina para sustituirla por una base ancha y achatada, y se ensancharon los rasgos para forzar un mestizaje que se asemejara más al fenotipo zambo, amulatado que al del propio Bolívar.

Como bien señaló el Dr. Carlos Alberto Martín, coordinador de la escuela de Antropología de la UCV: “Todo valor puede ser manipulado. El programa no piensa, hace lo que le pide el investigador. El TAC provee de los datos craneométricos, pero todo lo demás, como el cabello, la barba, las características y coloración de la piel son una interpretación”.
 
Con la muerte de Chávez, ese rostro quedó huérfano. Ni siquiera los científicos que formaron parte de la Comisión Presidencial para la Planificación y Activación del Proceso de Investigación Científica e Histórica de la muerte de Simón Bolívar se atribuyen total responsabilidad en el resultado. 

“Las críticas no me afectaron porque el arte final no fue nuestra responsabilidad, a nosotros nos correspondió hacer las mediciones, pero el acabado no fue decisión nuestra, sino del gobierno”, afirma una de las investigadoras. Según la nota de prensa; la perito prefirió conservar el anonimato debido a que tenían prohibido declarar sobre el tema, a menos que cuenten con la autorización de la Vicepresidencia de la República del momento.

“Cada etapa del proceso tenía que ser validada por un comité histórico, pero si Chávez no lo aprobaba eso se devolvía”, ratifica. Sin embargo, agrega que “si bien algunos elementos se exageraron, en líneas generales ese es el rostro”.

El mismo Carlos Alberto Martín, coordinador de la escuela de Antropología de la Universidad Central de Venezuela. “Esa imagen ha sido absolutamente criticada. Es evidente que el rostro planteado tiene ciertas similitudes con respecto a los rasgos de Hugo Chávez. Eso es innegable en cuanto a los labios, los pómulos y la nariz”, señaló el antropólogo.

Más allá de la controversia estética o el rigor de la antropología forense, la verdadera urgencia de rescatar el rostro de Gil de Castro es el que Bolívar reconoció como propio sino como un acto de justicia institucional. Aquel 19 de abril de 1810, aunque el joven Bolívar se encontraba confinado en San Mateo por sus ideas conspirativas, su espíritu ya encarnaba el anhelo de una nación regida por leyes y no por voluntades caprichosas