Mérida, Abril Viernes 24, 2026, 09:01 am
El Estado Mérida vive su cotidianidad entre graves
penurias. Alejada de los centros de poder y gobernada por ineptos sin vínculos
merideños, que ostentan vehículos de lujo frente a la miseria de los demás,sin
amor por esta tierra, sufre abandonado, descuidado incluso despreciado: Los
accesos a sus ciudades y pueblos están en tan malas condiciones que salir o
llegar a ellos es casi imposible, una odisea, con huecos y derrumbes que hacen
el viaje sumamente riesgoso.
A estas desgracias se une otras no menos peligrosas:
los semáforos en mal estado, los motorizados y otros conductores hacen lo que
les da la gana sin respeto por las normas de tránsito ni la vida propia y de
los demás. Las ciudades y pueblos lucen un enmarañado de cables que las afean
con violación de las normas COVENIN que obligan a introducirlos bajo suelo por
ductos apropiados. Resulta imposible que propios y turistas puedan tomar
fotografías sin que se muestren semejante telaraña.
El uso de los espacios públicos por gente que se
apropia de ellos para montar sus tarantines y ventas de cuanta mercancía se les
ocurre también contribuye a la anarquía y a la pérdida de los valores
estéticos. Hasta restaurantes instalados en las plazas, parques y aceras al
lado de instituciones gubernamentales ante la mirada tolerante de sus
indolentes políticos.
A pesar de tantas desgracias, los merideños quieren su
tierra y los turistas sortean huecos y derrumbes para llegar y disfrutar del
buen trato que aquí se les dispensa, gozar del esplendente paisaje natural que
ofrecen sus montañas y tierras llanas, su páramo único en el mundo, sus sierras
aunque ya desnudas de nieve, sus parques naturales, el delicioso clima, el
delicado trabajo de sus artesanos, su deliciosa gastronomías y tantas otras
cosa buenas que produce el trabajo de los merideños.
Seguramente y más temprano que tarde vendrán tiempos
mejores, tengamos la oportunidad de elegir autoridades locales merideñas que
amen esta tierra, sean honestos y se ocupen de quitarle los harapos a Mérida
para que luzca sus bellezas naturales que la adornan.