Mérida, Mayo Domingo 03, 2026, 07:50 am
El secretario general del PSUV y ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz, en su visita a Mérida, en el marco de lo que han llamado “peregrinación por una Venezuela en paz y libre de sanciones”, luego de ser recibido por una gran cantidad de motorizados traídos de varios municipios del estado, a quienes les llenaron el tanque de gasolina, se reunió con gran parte de los empleados públicos de todos los niveles, dirigentes y activistas del llamado Polo Patriótico, representantes de algunos partidos políticos que se dicen de oposición, así como de sectores empresariales, universitarios y de otra índole. Por supuesto, tengo como norma no irrespetar a nadie, y cada quien tendría sus razones, motivos o intereses para estar allí, o para no estar, como dijo el máximo representante del partido de gobierno, que “el padre había dicho que no le interesaba”, y me imagino que se refería a Monseñor Helizandro; si es así, ojalá terminen de reparar la catedral.
Para exigir el levantamiento de las sanciones, los países que las acordaron preguntarán si ya desaparecieron las causas que las originaron, y tenemos que responder que no, porque la traición de la que usted, junto a los hermanitos, forma parte, sencillamente ha significado “quítense ustedes para ponernos nosotros”, pero todo continúa igual.
Usted hizo mucho énfasis en que antes había corrupción como ahora; eso es cierto, pero no en la magnitud y descaro que observamos en esta “revolución”. Además, dijo una gran mentira: a Tareck el Aissami y su banda no los metieron presos para combatir la corrupción; en el más alto gobierno sabían lo que estaba pasando, pero como detectaron que el chamo de El Vigía estaba montando una conspiración para sustituir a Nicolás Maduro, aprovecharon la circunstancia para sacarlo del juego, y unos cuantos vivos se aprovecharon quedándose con muchos bienes mal habidos y hoy disfrutan de ellos. Sin embargo, los 23.000 millones de dólares que denunció Hermann Escarrá, en lo que se conoce como el caso Pdvsa-Cripto, no aparecen por ningún lado… ¿o será que ya se los repartieron?
También dijo que entre políticos es normal decirnos de todo. Yo tengo que decirle —no sé cómo llamarlo: ministro, secretario, teniente, capitán, Diosdado— mejor lo llamo como obliga la Constitución: ciudadano. La mayoría de los venezolanos considera que usted no es político, sino un mercader de la política; político era su papá, de quien nadie puede decir nada indebido. Seguro estoy de que sabe lo que piensa, por lo menos, 90% de los venezolanos de usted, y que yo no puedo repetir: primero, porque no me consta, y segundo, porque corro el riesgo de amanecer en los sótanos del Sebin o de la Dgcim; y como paciente oncológico, de allí no saldría con vida.
En la dictadura de Marcos Pérez Jiménez, el funcionario más odiado de ese régimen fue Pedro Estrada, porque sembró el terror en los hogares venezolanos. Hoy usted lo ha emulado con la “operación tun tun”, sembrando el terror en los hogares venezolanos y ganándose el odio de la inmensa mayoría de los venezolanos.
Se ha comprometido con los productores del páramo a combatir el contrabando de alimentos, sobre todo la papa que viene desde Colombia. Pero el político —o quien quiere serlo— debe ser coherente, y usted cometió un gravísimo error: confesó que, durante la pandemia, para evadir el bloqueo, tuvieron que comprar de contrabando los medicamentos para luchar contra el COVID. Es decir, un contrabandista podría justificar su actividad, igual que lo haría quien en las alcabalas baja de la mula a todo el que transporta cualquier tipo de carga. Ese es el problema del doble discurso, y ustedes son practicantes del mismo: por ejemplo, cambiar del rojo al azul, pretendiendo engañar a la gente como siempre lo hacen, haciéndoles creer que los malos eran los que se vestían de rojo —es decir, Nicolás y Cilia y compañía— y los buenos son los de azul, los hermanitos y usted. Esto nos lleva a pensar que son camaleónicos, se visten del color que más les interesa. Creo que han errado al pintarse de azul, pues la inmensa mayoría de los compatriotas identifica a María Corina Machado con ese color; o será que desde ya se están preparando para cuando se produzca el cambio, y a nadie le extrañe verlos de azul.
Ciudadano Diosdado, la semana pasada estuvo por Mérida, y esta semana ha vuelto; en el viaje anterior vino en avión, ahora lo hizo por carretera. Se ha comprometido a plantear la reapertura del aeropuerto Alberto Carnevali, lo cual está muy bien, pero le recuerdo que este aeropuerto está cerrado desde que Florencio Porras era gobernador, han transcurrido más de 20 años y no ha pasado nada. Me extraña mucho que no se haya percatado de que las avenidas y calles de Mérida están totalmente destruidas; por no decir que la vialidad de todo nuestro estado está devastada y nadie hace nada.
Por último, fue usted vehemente al solicitar que si alguien tenía una idea interesante y provechosa para el país, no debería esperar a que hubiera campaña electoral para exponerla, sino que la dijera de una vez. Mi propuesta —que estoy seguro coincide con la de al menos 90% de los compatriotas— es que ustedes, quienes integran el alto gobierno, presenten su renuncia y hagan buenas sus palabras de que, en unas elecciones, el que gana debe ser reconocido por quien perdió y el que perdió también debe ser reconocido por haber competido.
Como usted sabe, en las elecciones del 28 de julio de 2024, el ganador de forma abrumadora fue Edmundo González Urrutia, y el extraído no reconoció ni respetó la voluntad popular, sino que se robó las elecciones. Ahora que se quitaron los trapos rojos, reconozcan al ganador y que Edmundo presida la transición.
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