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Feria de San Isidro

FERIA DE SAN ISIDRO – SEGUNDO FESTEJO

Una corrida de La Quinta para olvidar (hasta que salió «Carretero»)

Un meritorio Rufo pincha el premio de un sexto con importancia en una tarde en la que Luque expuso mucho con un difícil santacoloma



FERIA DE SAN ISIDRO – SEGUNDO FESTEJO

Una corrida de La Quinta para olvidar (hasta que salió «Carretero»)

ROSARIO PÉREZ

Diario ABC de Madrid

Fotos: Plaza 1

Una cortina gris y plomiza cubría el cielo capitalino desde la hora del sorteo, como si el otoñal tiempo de este mayo se hubiese conjurado para poner a prueba la afición. Desde por la mañana, la lluvia lavó la plaza entera. Un cuarto de hora antes del paseíllo, el aguacero obligó a parte del tendido a refugiarse en los pasillos interiores de la Monumental. Sin embargo, a las siete en punto, todos volvieron a su localidad en el segundo 'No hay billetes' de la feria. Menudo bolazo. El ruedo, que tan bien drena, presentaba los charcos inevitables tras la tormenta. Igual daba: ni se pasó por la mente la suspensión.

A medida que transcurría la deslucidísima corrida de La Quinta, en la grada decían que ojalá hubiese caído la mundial y se hubiera cancelado el festejo... Hasta que salió el sexto, el único con emoción. Ni un solo toro había embestido de un cinqueño conjunto, tan bien presentado como ayuno de casta y bravura, animales que se limitaban a pasar, tan desentendidos, gazapones algunos. Obedientes, sí, pero los hubo también con una guasa y un peligro sordo que no todos apreciaron. Como muchos no supieron ver la serísima obra de Daniel Luque, que expuso de verdad con un complicado quinto en medio de la división. Que seguiría en el último, «Carretero», un santacoloma con importancia, con fijeza y su humillación. El acero emborronó la faena de querer y querer de Tomás Rufo, en el umbral de la oreja, con el enorme mérito de remontar una tarde que se precipitaba al vacío. Maldecía la espada el de Pepino. Como la maldecían sus compañeros de terna, que olvidaron pasar por Albacete para afilarlas. Más acertadas habían estado las cuadrillas a la hora de clavar. Ahí quedaron los pares de Juan Contreras, Daniel Duarte, Sergio Blasco y Fernando Sánchez, desmonterados.

Estos dos últimos lo harían en el sexto, donde por primera vez se desató el runrún de la expectación. Había un toro en la plaza, un toro con emotividad, y eso calaba en el frío ambiente. Fenomenal la apertura de Rufo, con gusto y expresión, imantando al gentío. Supo administrar los tiempos, concedió distancia y condujo la embestida por abajo, con la tela a rastras, mientras el de La Quinta husmeaba la arena con ritmo. Más corto se quedaba por el zurdo, por lo que regresó a los dedos de la cuchara tras un desplante rodilla en tierra. La faena iba camino del premio seguro y entonces, cómo no, surgieron las voces: a ese «¡se te va sin torear!» replicó otro con un «¡cállate, payaso!». Rufo buscaba entonces esa colocación que gusta en Madrid, sabedor de que la oreja de «Carretero», un toro con importancia, estaba cerca, pero la espada no cayó arriba y tuvo que usar el verduguillo. ¡Ese cárdeno había que matarlo! Otra vez la decepción se apoderó del público: la tarde no estaba predestinada al triunfo.

Antes Daniel Luque exhibió su torerísima madurez y su capacidad técnica para imponerse a un toro con estética. Fue el de Gerena el que más de verdad expuso con un animal muy complicado, con esa testa al alza que quiso arrancarle la hombrera de la chaquetilla. No solo se le coló: era, además, mirón y pensativo. Aquella faena, en la que acabó abandonándose en los últimos muletazos, fue meritísima, aunque muchos ni se enteraran y hasta lo increparan. «Tú a lo tuyo», le decía la cuadrilla mientras en el sol le preguntaban si le quedaba mucho. Labor para profesionales y para el propio torero, que debió marcharse muy tranquilo al hotel. Se impuso a un toro al que la mitad del escalafón no hubiese ni quitado las moscas.

Había despertado el 'bieeen' Luque en el saludo a la verónica a «Naranjito», que rehuyó tres veces del peto en cuanto sintió la vara hasta que Jabato no le tapó la salida. Gustó el quite por cordobinas, del sevillano, que planteó su labor en terrenos del 5 y el 6. Pero este segundo se limitaba a pasar: el embroque no bastaba. Echó la persiana y no quedó otra que agarrar la tizona.

Hizo un esfuerzo Rufo con el engatillado tercero, que cumplió en la primera vara e hizo sonar el estribo en la siguiente. Titubeaba en su andar en banderillas «Bravito», que no hizo honores a su bautismo. Pronto y en la mano se puso a torear, llevándolo muy tapado, dando el toque necesario y con el uso de la voz para provocar el viaje mientras bajaba la mano. Tenía balas traicioneras en la recámara zurda, por donde lo sorprendió y midió mucho. A peor fue también por el otro pitón. Era un santacoloma costoso, que pesaba mucho para estar delante. La espada fue otra vez su cruz.

Prácticamente inédito quedaría Miguel Ángel Perera con su inservible lote. Una media primorosa, unos lances despacito y poco más con un «Prisionero» que trató de encerrarlo contra las tablas. Tenía obediencia, pero ni humilló ni dijo nada; cualquier intentó era baldío. Sonaron las primeras palmas de tango, por lo que hizo bien en pirarse a por la espada. Más duró la hora final, con el desatino del descabello. Echó el freno el cuarto, el llamado toro blanco (un berrendo en cárdeno), y Perera tuvo que tomar el olivo. Con sabiduría lo lidió por abajo Duarte y fenomenalmente aguantó sobre la cabalgadura Melgar. De gala las ovaciones. Las únicas, pues «Rompecapa» pasó sin celo, sin emplearse nunca. Y otra vez abrevió Perera, cosa rara en la figura extremeña, lo que dice mucho de cómo fue la corrida. Para olvidar.

FICHA DEL FESTEJO

 

Monumental de las Ventas. Sábado, 9 de mayo de 2026. Segunda corrida. Cartel de No hay billetes.

 

Toros de La Quinta, cinqueños, de bella estampa, descastados y deslucidos, con dificultades; destacó el buen 6º.

 

Miguel Ángel Perera, de turquesa y oro: estocada desprendida atravesada y nueve descabellos (pititos); dos pinchazos y estocada caída (pitos).

Daniel Luque, de celeste y oro: pinchazo, estocada tendida y descabello (silencio); media tendida y descabello (silencio tras aviso).

Tomás Rufo, de tabaco y oro: tres pinchazos, estocada caída y descabello (silencio tras aviso); estocada caída, tres descabellos y se echa (silencio tras aviso).