Mérida, Junio Martes 09, 2026, 02:44 pm
A lo largo de la historia el dinero ha sido la forma más
comprehensiva de las relaciones económicas humanas, precisamente en lo mundano
encontró su verdadera existencia, aunque no en el sentido de trivial, carente
del elevado valor espiritual, frivolidad de la vida social, o placeres y
vanidades, sino desde su existencia en el universal estilo de la belleza del
orden terrenal de la materia pública, que le permite garantizar estabilidad,
confianza y evitar presiones de poder económico.
Es allí donde los bancos centrales encuentran vital
utilidad a sus objetivos marcos, porque permiten a un Estado nación preservar y
mantener la estabilidad de precios, permitir el pleno empleo, estabilizar la
volatilidad de la estabilidad financiera y cambiaria, así como ser guarda y
custodio del crecimiento económico sostenido de un país o economía. Aunque el
banco central apoye indirectamente esos objetivos, el desarrollo de sus funciones
tradicionales y básicas como emitir dinero, ser prestamista en última instancia
y supervisar, vigilar a entidades bancarias para mantener la garantía de su
solvencia y proteger a los usuarios. Representan tres funciones que parecen
sencillas y triviales, pero que de no cumplirse generan una profundidad de
impacto en la realidad de las sociedades quienes viven o han vivido la tragedia
de la pérdida de una de las institucionalidades más comprada y ajustada al
único beneficio de mantener ordenados o miserables los bolsillos de los
ciudadanos que están a sus expensas.
En la realidad actual, el uso de las tecnologías
financieras ofrece la oportunidad de pensar en que los bancos centrales no
tienen o no quieren actuar frente a los cambios emergentes y transformaciones
que actualmente está sufriendo la dinámica mundana del dinero. No obstante, cuando
los bancos centrales de economías avanzadas agrupadas o no, en foros económicos
y políticos, asumen partida acerca de las nuevas tecnologías digitales y
reconocen más que nunca los riesgos y ventajas que tendría democratizar el
monopolio legal de imprimir o difundir la cantidad de dinero físico o digital
en circulación, es muestra de algo más ambicioso, justamente mantenerse
cuidadoso y cauteloso frente a la provisión de liquidez de emergencia a los
bancos corresponsables o comerciales y a los gobiernos cuando se enfrenten a graves
crisis o llamados de emergencia.
En general, los objetivos marcos de los bancos centrales
son relevantes y sensibles a los cambios en el mercado monetario nacional e
internacional, de ellos depende la estable y coherente actividad del Estado nación,
como fuente de una organización política y social que coincide. En este
sentido, el consistente y coherente cumplimiento de los objetivos marcos del
banco central, proporcionan sentido humano económico a la población que está
dentro de un territorio, pero también a la comunidad basada en una identidad
común, así como a la diáspora o refugiados que se relacionan a través del
mundano uso del dinero.
El imperio del banco central no está en reconocer la
perversidad terrenal del uso del dinero, ajustando sus acciones a través de la
adaptación perniciosamente a los nuevos tipos de dinero, sino de la capacidad
que tenga para cumplir estrictamente sus funciones institucionales, garante de
la estabilidad, prosperidad y esperanza de un país. Dedicado a todos quienes
defienden la institucionalidad de los bancos centrales, pero también para
aquellos que han corrompido su sentido, maleando su institucionalidad y su
naturaleza de objetivos marcos. Ambos principales responsables de la
prosperidad de un país o de su destrucción.
@zerpasad