Mérida, Junio Lunes 22, 2026, 02:28 pm
España esperaba a Lamine. El Mundial esperaba a Lamine. Y ya está aquí. Le bastó el primer cuarto contra Arabia Saudí para despachar una función a la altura de las expectativas que le habían precedido en un torneo que vibra desde que aparece a calentar. Marcó, agitó, entretuvo y despertó a la Roja después del desconcertante chasco del estreno contra Cabo Verde. Vuelven a mirar el Mundial con los ojos de la ilusión.
Fue Lamine, sí, pero no solo Lamine. El lunes, contra Cabo Verde, también revolvió por su costado y no sirvió para nada. El equipo languidecía como reblandecido. Nada que ver con el vigor vertiginoso que lo había hecho campeón de Europa. La pelota se había convertido en un objeto pesadísimo que se transportaba de un lado a otro a velocidad reducida, una ganga para el equipo africano, que resistió hasta el 0-0 final. Contra Arabia Saudí, todo era diferente. Como si regresar a Atlanta proporcionara la oportunidad de empezar de nuevo. Otra vez el Mundial a estrenar.
Lo nuevo no solo era Lamine. De la Fuente sustituyó a Llorente por Pedro Porro en la derecha; a Fabián por Olmo en el centro con Rodri y Pedri; y a Gavi por Baena. Olmo se manejaba con otra soltura por el medio, un escapista en la jungla. Baena se movía cerca de la banda por donde Gavi apenas había pisado por indicación del técnico. También despertó Rodri, ligero de pies, presente en todos los cortes. Se vio un resurgir general. El seleccionador había advertido de que estaban picados. Y sí, dieron la impresión de que habían recibido la sacudida.
La pelota volaba otra vez. Los movimientos de los futbolistas eran fluidos entre la maraña rival, un equipo más osado que Cabo Verde. El atrevimiento del contrario abre espacios. Pero no solo. Esto sí es atribuible a Lamine, agitador por la derecha, tal vez menos vigilado que otras veces, cada vez más afilado en el engaño. Su vendaval impulsó al equipo y lo instaló desde la salida en el área saudí.
Todo era al revés. Oyarzabal, que no tocó la pelota en la primera media hora contra Cabo Verde, se fue al descanso del primer cuarto con dos goles y una asistencia. La vida de España resulta más sencilla a altas revoluciones, con el rival llegando siempre medio segundo tarde a ocupar su sitio. Así apareció el delantero de la Real Sociedad en un espacio que se generó con una descarga de cara. Levantó la mirada y adivinó la carrera de Lamine al segundo palo, donde abrió el Mundial de la Roja, un alivio temprano después de la resaca del primer tropiezo.
La maquinaria de De la Fuente funcionaba de manera orgánica, con la fluidez de lo bien ajustado. El síntoma era Pedri, que hizo todo contra Cabo Verde y que ante Arabia Saudí acompañaba cerca de Rodri la fluidez de la inercia. Se trataba de nuevo de una obra coral, a ratos de armonía deslumbrante, puro desconcierto para el equipo del griego Donis, que apenas hilaba tres pases, ahogado por la voracidad de España.
Después de asistir a Lamine, Oyarzabal marcó dos veces. Primero se adelantó a la defensa después de un rechace y acertó con el exterior de la zurda. Luego abrochó una de esas combinaciones que desconciertan a cualquiera. Porro cruzó un balón de derecha a izquierda a la cabeza de Cucurella, que se la dejó a la de Olmo en el centro para que la devolviera al otro palo, donde entraba Oyarzabal para marcar con la diestra. Ni siquiera había llegado la primera pausa de hidratación y España ya había despejado las inquietudes que dejó el estreno.
Resuelto el primer punto de la lista de tareas, Lamine y Oyarzabal se entregaron a tratar de aumentar su cuenta. Sabían que tenían una misión exprés. Ninguno de los dos se encuentra en unas condiciones físicas perfectas. El azulgrana necesita completar aún su programa de recuperación después de una dolencia muscular, mientras que el realista lleva días entrenando con una rodilla vendada.
Mirando a todo lo que queda por delante, tal vez seis partidos más, Luis de la Fuente los retiró en el descanso. Metió por la derecha a Yeremy Pino, cuyo desborde se echó en falta contra Cabo Verde, y a Ferran Torres en punta. Le dieron otro pequeño impulso al equipo, que había comenzado a planear un poco después del estallido inicial.
Había bajado el fuego, pero Cucurella encontró el modo de que la Roja sumara el cuarto. Voleó una pelota contra el portero y el rechace rebotó en Al Tambakti y entró.
De la Fuente aprovechó que el panorama se había despejado para sumar a la rueda a Nico Williams y Mikel Merino, que también se encuentran terminando sus recuperaciones. El técnico se permitió incluso dar unos minutos de descanso a Pedri, el que más se exprimió el primer día.
Fue una goleada terapéutica que permite a España volver a mirar el Mundial como al principio, a la espera del último partido de la fase de grupos en Guadalajara (México) contra Uruguay en la madrugada del viernes al sábado (2.00, La1 y Dazn). Queda ese encuentro y la incertidumbre sobre la evolución física de Lamine, Nico y Oyarzabal. /ABC