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Por Fortunato González Cruz

Por la calle Real

La promesa incumplida por los terremotos de Mérida por Fortunato González Cruz



Por la calle Real

La promesa incumplida por los terremotos de Mérida por Fortunato González Cruz

Mérida es una ciudad sísmica por estar ubicada en la Falla de Boconó que ha sufrido varios terremotos de gran magnitud que han arrasado a Mérida y otras ciudades andinas. Devastador Gran Sismo de los Andes del 28 de abril de 1894 y el histórico terremoto del 23 de mayo de 1812, cuando el Brigadier Simón Bolívar llegó a la ciudad en medio de escombros y cadáveres.

Ante este desastre, los merideños, para proteger la ciudad de los terremotos, decidieron consagrar a la ciudad al Santísimo Sacramento del Altar. El solemne Te Deum y la misa solemne en la Catedral de la ciudad que debe celebrarse el 28 de abril de cada año.

El recordatorio viene al caso por el terrible terremoto ocurrido en el centro del país el 24 de junio en horas de la tarde que ha dejado cientos de muertos y heridos así como incontables daños materiales y el grave incumplimiento de la promesa mitra merideña.

El terremoto de 1894 redujo la población andina en más del 50%, destruyó  cerca del 80% de las edificaciones entre ellas la catedral merideña. Se derrumbó el convento de los monjes franciscanos y la hermosísima iglesia de la Virgen del Pilar de Zaragoza, quizás la más hermosa del país. Entre sus ruinas quedó sepultado el cuerpo del obispo de Mérida Monseñor Manuel Cándido de Torrijos y Rigueiros, segundo obispo de la Diócesis de Mérida. Nombrado en 1791, llegó a Mérida cargado en agosto de 1794 cargando en una numerosa recua de mulas históricamente una voluminosa biblioteca y el primer gabinete de física, que introdujo la ciencia experimental en Venezuela. Murió a los pocos meses de asumir la Silla Episcopal de la Diócesis Emeritense.

Nada de eso ha sido suficiente para mantener la promesa. El destructor terremoto del 24 de junio no se sintió en Mérida. A pesar del incumplimiento de la palabra empeñada, la ciudad sigue bajo la protección del Santísimo Sacramento del Altar.