Comenzo un gran debate nacional para alcanzar un cambio estructural por Daniel García Arellano
Compartiendo algunos años de trabajo con mis amigos el Dr. Luis Balo Farías, médico veterinario, prestado a la política e impulsor del Movimiento la Rebelión de las regiones somos todos, la Federación Venezolana de Movimientos Ciudadanos (FEVEMOCI) entre otras instancias de integración social y el Ing. César Almeida , tecnócrata y empresario del área tecnológica, ambos ex candidatos presidenciales en las primarias convocadas para el sector opositor, hecho que dio origen a una nueva era y reconversión politica en plena decadencia de la inquisidora y cruel revolución bolivariana, hemos logrado con esfuerzo y sentido patrio impulsar un proyecto impostergable y necesario que desplace el actual y agotado modelo de estado .
En éste instante decisivo, Venezuela se encuentra frente a un dilema de contornos históricos. Las recientes declaraciones de la líder nacional María Corina Machado ,expresadas tras el anuncio del acuerdo petrolero entre la administración de tutela de los Estados Unidos y el régimen saliente, colocan sobre el debate público un principio innegociable: los recursos de la nación pertenecen al pueblo y ninguna decisión de escala estratégica sobre el patrimonio colectivo puede ejecutarse a espaldas de la ciudadanía.
Desde la Federación Venezolana de Movimientos Ciudadanos (FEVEMOCI) de la cuál formó parte, respaldamos con absoluta firmeza esta postura. La soberanía reside de manera inalienable en la voluntad popular. Pretender suscribir pactos, comprometer activos nacionales o negociar recursos energéticos de manera inconsulta no solo ignora la voz de la inmensa mayoría del país, sino que atenta contra el fundamento básico de toda legitimidad democrática.
La invalidez legal y económica de los compromisos a oscuras, peligrosamente en tiempos de mengua y creciente incertidumbre.
La reconstrucción nacional no se logrará con inyecciones aceleradas de capital dirigidas exclusivamente al sector energético. La experiencia demuestra que todo compromiso asumido al margen del sentimiento popular y desprovisto de un marco constitucional legítimo padece de nulidad de origen y carece indudablemente de sostenibilidad en el tiempo.
Para que Venezuela recupere la confianza de los mercados internacionales y garantice seguridad jurídica real a las inversiones, se requiere una arquitectura institucional seria y predecible. Esto exige, indispensablemente:
Un marco legal transparente, surgido del consenso y ratificado por la voluntad democrática.
Instituciones independientes y de rigor técnico, desvinculadas de la discrecionalidad o el favoritismo político aberrantemente enquistado.
Licitaciones públicas, abiertas y competitivas, que eliminen de manera definitiva las adjudicaciones a dedo.
Un régimen fiscal moderno y estable, alineado con las mejores prácticas globales.
Garantías sólidas de arbitraje internacional, sustentadas en el respeto irrestricto al Estado de derecho.
La opacidad no produce estabilidad; solo pospone el conflicto y degrada la confianza patrimonial del Estado.
Agotamiento de un modelo: la causa raíz de la crisis.
Más allá de la denuncia a estos acuerdos inconsultos, en FEVEMOCI insistimos en que el país no puede conformarse con soluciones superficiales. La crisis multidimensional que sofoca a Venezuela no es un hecho coyuntural: es el resultado directo del agotamiento definitivo de un modelo de Estado atrofiado, hiperpresidencialista y centralista que colapsó.
Ese esquema obsoleto derivó en una parálisis sistémica caracterizada por la concentración absoluta del poder, la corrupción estructural, el desplome del aparato productivo ,el aislamiento internacional y lo más grave el empobrecimiento abrupto de la poblacion.
Pretender administrar el país bajo las mismas dinámicas centralistas garantizará, irremediablemente, los mismos resultados catastróficos.
Si no se erradica la causa raíz del problema, cualquier intento de recuperación terminará convertido en un simple paño caliente sobre una herida profunda.
Hacia un Gran Debate Nacional para la transformación estructural.
Por estas razones, resulta urgente y necesario la convocatoria a un Gran Debate Nacional. Es hora de activar un espacio plural, amplio y participativo que ubique la opinión y el talento de los diversos sectores de la sociedad en el centro de las decisiones estratégicas.
Este debate no debe ser un ejercicio retórico, sino el motor de un cambio estructural profundo.
Venezuela necesita rediseñar sus instituciones, descentralizar el poder de forma efectiva y construir un modelo republicano viable, moderno y plenamente democrático sustentado, organizado fortalecido y blindado con tecnología de punta que consolide la cohesión social para enfrentar los grandes retos que debemos enfrentar. En eso estamos empeñados esperando la participación y activación de todos por Venezuela.