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Por Giovanni Marquina

Pragmatismo imperial en tres cómodos pasos por Giovanni Marquina



Pragmatismo imperial en tres cómodos pasos por Giovanni Marquina

El ensayo Overthrow: America's Century of Regime Change from Hawaii to Iraq cuya traducción al español es "Derrocamiento: Un siglo de cambio de régimen de EE. UU. de Hawái a Irak", que  escribio el periodista e historiador estadounidense Stephen Kinzer, publicado en 2006, constituye un minucioso examen histórico sobre el intervencionismo de Washington durante más de un siglo.  

Kinzer documenta catorce operaciones de cambio de régimen en las que Estados Unidos depuso monarcas, presidentes y primeros ministros legítimamente electos. La tesis central del autor revela un patrón recurrente dividido en tres fases sistemáticas; intereses corporativos y económicos, operaciones impulsadas o solicitadas por corporaciones privadas que ven amenazados sus monopolios, recursos energéticos o concesiones comerciales como la Anglo-Iranian Oil Company en Irán o la United Fruit Company en Guatemala.

La justificación retórica, sobre los tomadores de decisión convierten los intereses económicos privados en una causa de seguridad nacional, disfrazando la injerencia bajo discursos de "defensa de la libertad", "promoción de la democracia" o "combate al extremismo", y por último la desestabilización y sustitución, la ejecución de operaciones encubiertas o invasiones militares para implantar regímenes dóciles, derivando en inestabilidad institucional a largo plazo.

Dieciocho años después, en diciembre de 2024, la caída del régimen de Bashar al-Ásad impulsada por Israel y respaldada por Estados Unidos dejó el gobierno de transición sirio en manos del "exterrorista" Ahmed al-Sharaa, alias "Abu Mohammad al-Golani", antiguo líder de Hay'at Tahrir al-Sham (HTS). Para entender la dinámica geopolítica y energética que une a Washington y Damasco en 2026, basta observar cómo la Casa Blanca dejó a un lado el historial extremista de las facciones rebeldes en favor del pragmatismo. La muestra más clara fue el giro de 180°de Donald Trump, quien no solo se reunió con al-Sharaa en La Casa Blanca, sino que levantó la recompensa de 15 millones de dólares por su cabeza, retiró a la nueva cúpula interina de las listas de terrorismo y desmanteló formalmente las sanciones de la era Ásad.

La política exterior estadounidense hacia Siria se ha vinculado con la infraestructura energética y la seguridad del suministro global, la ruta alternativa al Estrecho de Ormuz, frente a la inestabilidad en el Golfo Pérsico, Washington y sus aliados ven en Siria un espacio clave para el tendido de oleoductos y gasoductos que conecten a los productores de Oriente Medio con el Mediterráneo sin depender de puntos geopolíticos críticos.

Acuerdos corporativos y seguridad militar sobre compañías estadounidenses como ConocoPhillips y Chevron e internacionales han firmado o evaluado acuerdos para rehabilitar campos de gas y proyectos de oleoductos en territorio sirio, contando con respaldo en materia de seguridad por parte de Washington.

Estos acontecimientos muestran que, en el ámbito internacional, las decisiones geopolíticas suelen guiarse por intereses estratégicos, económicos y de control de recursos más que por la uniformidad ideológica o democrática. Esta lectura respalda la tesis planteada en obras como "Derrocamiento" de Stephen Kinzer sobre el pragmatismo de las grandes potencias en el escenario mundial.

La coincidencia estratégica con la realidad de Venezuela, en el marco analítico desarrollado por Kinzer en Overthrow se ajusta de forma precisa a la dinámica coercitiva que enfrenta Venezuela. La narrativa internacional sobre la "defensa democrática" omite con frecuencia que el eje real del conflicto radica en el acceso y control de las reservas probadas de hidrocarburos e inmensos recursos minerales estratégicos del país. Las declaraciones vertidas por voceros de Washington afirmando que la nación no cuenta con condiciones para desarrollar procesos comiciales coinciden con el esquema de deslegitimación previa descrito por Kinzer.

 Con estas acciones se pretende tutelar el panorama político venezolano. Muestra de ello es la actuación de factores alineados a estructuras legislativas paralelas, desde el esquema de la "Asamblea de 2015" hasta la proyección de 2025, que intentan designar de forma arbitraria a los titulares del Tribunal Supremo de Justicia y del Consejo Nacional Electoral. Esta maniobra busca quebrantar el marco constitucional y la soberanía del país para poner la administración de sus riquezas en manos de intereses extranjeros.

Cuando la autodeterminación de los pueblos es subordinada a las apetencias de mercados corporativos internacionales, se quebranta el principio universal de no injerencia. Denunciar esta lógica de intervención expuesta en Overthrow es indispensable para salvaguardar la soberanía y la independencia de la República.

La respuesta frente a estas presiones externas no puede ser la resignación ni la aceptación de modelos tutelados o impuestos. La autodeterminación exige desestimar tanto la injerencia extranjera como cualquier pretensión de imponer una dictadura o un gobierno tutelado por intereses externos. Para alcanzar una verdadera estabilidad, Venezuela debe apelar a la construcción de un proyecto propio, soberano y auténticamente legítimo, donde el destino del país sea decidido de manera autónoma por los venezolanos, sin imposiciones imperiales ni sustituciones que respondan a agendas ajenas a la nación.