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Por Arinda Engelke

Halloween: Entre la Calidez de las Cosechas, la Fe y la Luz en la Penumbra por Arinda Engelke



Halloween: Entre la Calidez de las Cosechas, la Fe y la Luz en la Penumbra por Arinda Engelke

Llegó esa fecha que convoca opiniones tan dispares. Para muchos, la imagen de Halloween evoca noches oscuras, nubes densas, relámpagos lejanos y una escenografía donde brujas, vampiros y aparecidos caminan por las calles. Sin embargo, más allá de la puesta en escena comercial, esta época del año guarda estampas de entrañable calidez familiar, tradiciones comunitarias y un significado humano profundo que merece ser contado con serenidad.

La Magia Entrañable de la Otoñada (y un guiño a nuestra tierra)

En el norte, Halloween coincide con el esplendor del otoño, una estación que viste los paisajes de tonos dorados y cobrizos. Allí, las familias visitan las granjas para caminar entre los sembradíos, elegir la calabaza perfecta, pasear en carretas de heno y compartir sidra caliente con rosquillas recién horneadas.

Ya en casa, se reúnen a esculpir la célebre linterna de auyama (Jack-o'-lantern), colocándole una vela dentro para iluminar la entrada. Un gesto hermoso que, dicho sea de paso y con un toque de humor andino, no nos vendría nada mal replicar por estos lados: si en nuestra querida Mérida nos pusiéramos a tallar auyamas e iluminarlas con velitas, tendríamos la solución más pintoresca para alumbrar las noches oscuras que nos regala el servicio eléctrico con sus ya rutinarios «apagones». Al menos así, entre penumbras, la creatividad le ganaría la partida a la pesadilla cotidiana.

El Hilo Invisible de la Historia: Del Campo Celta a la Víspera de Santos

Para entender por qué esta época conmueve tanto, es hermoso mirar hacia atrás:

  • El calor del granero: Hace más de dos mil años, los celtas celebraban el Samhain. No era una fiesta tenebrosa, sino el momento de dar gracias por las cosechas levantadas, reunir el grano y encender fogatas para protegerse del frío.

  • El puente hacia la fe: En el siglo VIII, la Iglesia católica integró este sentir al fijar el 1 de noviembre como el Día de Todos los Santos (All Hallows' Day). La víspera, el 31 de octubre (All Hallows' Eve, origen del término Halloween), quedó tejida para siempre a la reflexión sobre la vida, el descanso de los fieles difuntos y el respeto reverente hacia quienes nos precedieron.

Luces, Sombras y Mitos: ¿Una Noche «Maléfica»?

Existen sectores que miran esta fecha con recelo, señalando que celebrar Halloween es abrirle la puerta a lo demoníaco o al esoterismo. Sin embargo, vale la pena analizarlo con sensatez: la maldad, las sombras o la brujería no aguardan pacientemente en el calendario a que llegue el 31 de octubre para manifestarse; forman parte de las miserias humanas y están presentes cualquier día del año.

La tranquilidad reside en una certeza fundamental: donde Dios está presente y habita la luz de la fe, ninguna fuerza oscura, por más estruendosa que parezca, puede reinar. Desmitificar la fecha nos permite ver la diferencia entre la inocencia de un niño disfrazado que pide un dulce y las verdaderas sombras del mundo.

Reflexión Final

Al final de la jornada, ni el miedo fingido ni el descontento desmedido abarcan la totalidad de esta fecha. Mirada con ojos atentos, esta época nos invita a celebrar la cosecha, el calor del hogar y el homenaje sincero a la memoria de quienes partieron. En un mundo veloz —y a veces a oscuras—, cualquier tradición que logre sentar a una familia a encender una pequeña luz en la penumbra guarda en su interior una chispa de profunda humanidad.