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FERIA DE SAN FERMÍN – TERCER FESTEJO

Ensangrentado triunfo a tumba abierta de Borja Jiménez en Pamplona

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Ensangrentado triunfo a tumba abierta de Borja Jiménez en Pamplona


El torero de Espartinas (anunciado recientemente para la Feria de Tovar) sufre una grave cornada al entrar a matar al sexto y corta las dos orejas al calor de la emotividad del percance; Urdiales cuaja, sin espada, la obra más torera y redonda; Adrián puntúa por un espadazo

ZABALA DE LA SERNA

@zabaladelaserna

Diario EL MUNDO de Madrid

 

Quiso el azar que Fernando Adrián y Borja Jiménez anunciados en este día grande de San Fermín se convirtieran en los triunfadores de Madrid. Y así Pamplona se convertía a su vez en una de la poquísimas ferias que, por increíble que parezca y gustos al margen, los ha contratado. Salieron victoriosos en distinto grado y en cuestionable modo. Jiménez, a últimas, con dos orejas al calor de la inmolación a tumba abierta y la sangre derramada y Adrián por un espadazo maquillador. Y, sin embargo, fue Diego Urdiales quien aglutinó lo más torero, la faena más gustosa y redonda, derruida desgraciadamente con los aceros. Urdiales hace demasiado tiempo que camina por los márgenes del sistema.

Había abierto la desigualona corrida de La Palmosilla uno de los tres cinqueños del envío -1º, 2º y 5º-, un toro con categoría en su trapío -no todos la tuvieron- y un juego creciente. Desde los tercios previos sueltos y alocados a fijarse en la muleta. Si bien es cierto que siempre que pasó por capotes, colocó su armónica cara abajo. Con esa nota en la cabeza, aunque se soltase, le bastó a Urdiales para creer y crear. No sin antes brindar al público. Principió al paso, hacia los medios, desprendiendo un sabor añejo por el camino, pasando por una hermosa trinchera hasta desembocar en un molinete zurdo, abelmontada la arrebolada salida. Fluyó el toreo reunido en su mano derecha, y el toro también fluía con estilo queriendo sólo muleta. Hubo un ritmo caro que continuó en su izquierda a falta de un paso en la notable embestida. El arnedano la envolvía de clasicismo, una armonía contenida allí abajo, de cadera a cadera, donde Romero definió el toreo. Los pases de pecho se intercalaron en los remates de las series, y en un inicio, con un puñado de molinetes, un póquer exactamente. Una última tanda de naturales enfrontilados apuró y colocó la faena en la rampa de lanzamiento del triunfo. Pero un pinchazo y una estocada contraria, suelta y sin muerte, obligaron al torero a agarrar el descabello presintiendo la derrota. Un sinfín de golpes cambiaron el destino. La necesaria gloria, ahora que se barrunta otro atentado en Bilbao contra su historial, se evaporó.

Ya con el cuarto, el toro de la merienda, tan grandón y abierto de cara, no hubo opción en su movimiento desangelado de bravuras. Embistió como era, un mulote sin maldad. Y Diego lo pasó sin darse coba. Ahora, tiene bemoles, lo tumbó de un espadazo.

La corrida, desigual en su presentación y también en su descafeinado juego, tal vez no fuera la originaria para Pamplona, y esos altibajos en la elección también contagiaron el comportamiento. Creo fielmente en la teoría de las hechuras y si éstas apuntan falta de clase faltará la clase. Y al final los tres toros de La Palmosilla con mejor nota fueron los mejor hechos. Verbigracia, el sexto. Al que le faltó fondo para cumplir con todas las expectativas y la calidad presentida. Que quedó patente. Borja Jiménez se clavó de rodillas en el inicio, lo toreó así con encaje y templanza. Y también en pie. Cuando le presentó la izquierda, el buen toro de contado aliento anunciaba ya lo poquito que le faltaba. Aquella serie de naturales todavía puntuó. BJ recurrió a los rodillazos y un desplante ya con el animal en tablas. Podía remontar con una oreja la imagen que había dejado con el otro de su lote, tan escurrido y humillador como reponedor. Cogió hueso, y enrabietado y sin darse un respiro se tiró con la espada a tumba abierta: la cornada fue inevitable, el pitón se hundió en el muslo derecho y, entre la resistencia y el dolor, lo trasladaron a la enfermería. El gentío se disparó por la emotividad, hasta forzar al presidente, el alcalde Asiron, ni más ni menos, a conceder las dos orejas.

Otro toro con su porte categórico, en el aire del primero, resultó el quinto. No tan definido por dentro pero con sus virtudes -la noble obediencia- entre algún defecto -las miradas y venirse algo por dentro en el primer muletazo-. Lo cierto es que Adrián, que debutaba en Pamplona, anduvo horrible con él aunque le cortara finalmente una oreja por un espadazo. Desde el arranque por pases cambiados, rara vez encontró la distancia, el sitio, el acople. Ya no voy a corregir el prólogo de la crónica más por pereza que por falta de ganas y, sobre todo, porque una cosa no quita la otra. Su toro anterior, muy hondo y bastote, abierto de cara y acapachado, perdió demasiado pronto el celo.

FICHA DEL FESTEJO

Toros de La Palmosilla, tres cinqueños (1º,2º y 5º); de desigual presentación; destacaron el 1º y el 6º sin finales; también el obediente 5º' dio opciones; no valió el 4º; 2º sin celo; el 3º humillador pero sin empuje.

Diego Urdiales, de verde esmeralda y oro. Pinchazo, estocada contraria y suelta y ocho descabellos. Aviso (silencio); estocada delantera (silencio).

Fernando Adrián, de blanco y plata. Pinchazo y estocada (silencio); estocada (oreja).

Borja Jiménez, de nazareno y oro. Media estocada tendida. Aviso (silencio); en el sexto, pinchazo y estocada defectuosa (dos orejas). Pasó a la enfermería

Monumental de Pamplona. Domingo, 7 de julio de 2024. Tercera de feria. Lleno de "no hay billetes".

PARTE MÉDICO DE BORJA JIMÉNEZ

Intervenido en la enfermería de la plaza, el matador de toros Borja Jiménez cogido en el sexto toro y afecto de herida por cuerno de toro el muslo derecho con lesión penetrante en Triángulo de Scarpa, dIsecando, arteria femoral y penetrando de forma transversal hasta parte externa de muslo.

Pronóstico grave. Es trasladado posteriormente al Hospital Universitario de Navarra.

 Firmado. Doctor Hidalgo





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