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FERIA DE SAN FERMÍN – CUARTO FESTEJO

Mal los toros, peor los toreros: un espadazo de Román, mitin de Leal

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Foto: Emilio Méndez – mundotoro.com


Oreja para el valenciano de una corrida de Cebada que no copó ni de lejos las expectativas para volver por sus fueros, pero ofreció algún toro que otro para estar mejor, incluso triunfar en Pamplona

ZABALA DE LA SERNA

@zabaladelaserna

Diario EL MUNDO de Madrid

 

Acertó la delegación sanferminera de ELMUNDO con la elección de la corrida de la Feria del Toro si el objetivo de la expedición consistía en deleitarse con las atracciones propias de estas fiestas y no ver ni toros ni toreo. Ni en sobriedad los hubieran visto. Os lo cuento, compañeros: si los cebaditas no coparon las expectativas ni de coña para volver por sus viejos y lejanos fueros, lo de los toreros fue una cosita. O sea, que si no me gustaron los toros, menos los del chispeante, pues alguno que otro saltó para estar mejor, incluso triunfar de verdad: no hay perdón para Juan Leal, y Román se tapó por un espadazo que le valió una oreja fiestera. Isaac Fonseca, tan mermado, no debió comparecer.

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Fue el cebadita que abrió plaza un toro de Cebada de los años 80/90 por su tipo. Y también por su pinta. Guapo y amónico el burraco, suelto de carnes, escurrida la culata. Una bicoca en Pamplona. De contado poder, escasa bravura y mucha bondad. Un amigo para ponerle el culo. Que fue básicamente lo que hizo Juan Leal. Quiero decir que tiró por lo suyo tanto en un arranque por cambiados de rodillas más impactante que conveniente -hincó el toro por cuarta vez los pitones en la arena- y en un final también de hinojos por delante y por detrás. Entre una cosa y la otra el toro embistió con su obediencia a brinquitos, muy fácil, tanto por la derecha como por la izquierda, por donde Leal dijo algo más. Sin embargo, los oles saltaron siempre en las espaldinas, no pocas. Cuando después de la última, y el penúltimo pase de rodillas, y el desplante, encaró la suerte de matar existía la posibilidad cierta de la oreja. Faltaba el espadazo que nunca llegó. Un par de pinchazos hondos en su modalidad de salto y un sinfín de descabellos anularon toda esperanza.

Esa fue la diferencia con Román, que enterró el acero entero en un fulminante volapié y se embolsó un trofeo pamplonica por eso. No fue la única divergencia, pues el francés salió a hacer lo suyo y el valenciano no se sabe qué quiso hacer. Un maremágnum de ideas cruzadas en la misma faena desde que empezó con prometedores doblones. Un caos de terrenos. Un jaleo entre querer torearlo bien y a la vez tocarlo por fuera y rematar las series por alto cuando el serio toro de Cebada -35 kilos menos que el anterior pero con mucho más trapío con esas perchas- se abría y soltaba solo, basculando y marcando la querencia de los terrenos de sol. Que es donde finalmente Román se fue al lío en una cadena de molinetes y donde debía haberse llevado la faena.

El zambombo tercero sí que resultó realmente infumable. Destacaba el contraste la tolerabilidad de los dos primeros. Un fardo de carne sin cuello, vista perdida y alma vacía. Pero con un peligro sordo muy cabrón. No humilló jamás. Isaac Fonseca le arregló el cuerpo en dos sangrantes puyazos. Venía el mexicano lesionado y, después de pasarlo mal pero con dignidad con la bestia agazapada, agarró un pinchazo que volvió a sacarle el codo que traía recompuesto de una luxación. El brazo se le quedó muerto. Y se fue a la enfermería. Leal heredó la papeleta de liquidarlo. Y no se le ocurrió al hombre nada mejor -dada su habilidad- que agarrar el descabello con un toro -se había partido una mano, por cierto- que no descolgaba ni por el putas. Tras un intento fallido, rectificó y le sopló una estocada. La única de su actuación. La lesión de Fonseca le propiciaría una oportunidad más.

Pesaba la corrida de Cebada a estas alturas, una escalera de remates y hechuras, cargada de edad -cinqueña entera- y mansedumbre. A la hora del bocadillo, parecía que había pasado un siglo desde el entipado y amable toro que estrenó la tarde. Juan Leal también debía tener la misma sensación. Un tío fue el cuarto. Pero sin poder ni raza alguna. Leal rozó el ridículo -si es que no lo alcanzó- con unos desplantes a cuerpo limpio, abriéndose la chaquetilla y enseñando los tirantes. No venía a qué con aquel ser mortecino y claudicante. Después repitió salto, pinchazo hondo y una carretilla de descabellos. Igual que con el sexto, un torazo de generoso cuello que humillaba sin salirse de la muleta, y menos cuando el galo se empeñó en meterlo hacia dentro. Las opciones que hubo las malgastó. Hubo desplantito ridículo otra vez y un nuevo mitin con los aceros. ¡Los golpes de cruceta que no daría este hombre este lunes! No hay ficha para registrarlos.

Un quinto fuerte, basto, pesado (580 kilos), pero con enorme movilidad, había exigido mucho con su potencia sin entrega a un Román más centrado sin verlo del todo claro. Ese esfuerzo reflejado en su gesto congestionado. Pasaba el cebada con todo. Y ese combate trabado quedó mal resuelto con una estocada que hizo guardia y provocó otro atracón de descabellos.

 

FICHA DEL FESTEJO

Toros de CEBADA GAGO todos cinqueños; una escalera con su seriedad; de diferente juego marcado por la mansedumbre y la falta de clase. 

JUAN LEAL, de nazareno y oro. Dos pinchazos hondos y seis descabellos (silencio); en el cuarto, pinchazo hondo y varios descabellos (silencio); en el sexto, pinchazo hondo y múltiples descabellos (silencio).

ROMÁN, de espuma de mar y plata. Estocada fulminante (oreja). En el quinto, estocada que hace guardia y varios descabellos. Aviso (silencio).

ISAAC FONSECA, de gris plomo e hilo blanco. Pinchazo y se lesionó; Leal lo mató de descabello y un espadazo atravesado. Aviso (silencio). 

PARTE MÉDICO. Fonseca fue atendido en la enfermería por el doctor Hidalgo, que aseguró que el proceso de inmovilización durará entre tres y cuatro semanas. Fue trasladado al hospital para realizar las pruebas pertinentes.

MONUMENTAL DE PAMPLONA. Lunes, 8 de julio de 2024. Cuarta de feria. Lleno.





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