Desde agosto, Estados Unidos mantiene operaciones navales y aéreas en áreas cercanas a Venezuela, una presencia que Washington justifica supuestamente como parte de su estrategia contra el narcotráfico, mientras que el Gobierno venezolano la califica de “hostil” y la interpreta como una forma de “presión”.
La semana pasada, el presidente estadounidense Donald Trump anunció el bloqueo total de los petroleros sancionados que entren o salgan de Venezuela, tras la incautación de un primer cargamento de crudo.
Tras esa orden, al menos dos buques petroleros han sido incautados: uno el pasado 10 de diciembre y otro en la madrugada del sábado 20 de diciembre.
El Gobierno de Nicolás Maduro, entre tanto, rechazó “categóricamente” las incautaciones, que calificó como el “robo y secuestro” de un segundo “buque privado” que transportaba crudo venezolano. El Ejecutivo también denunció la “desaparición forzada” de la tripulación y describió el hecho como un acto de “piratería”.
“El modelo colonialista que pretende imponer el Gobierno de los Estados Unidos con este tipo de prácticas fracasará y será derrotado por el pueblo venezolano. Venezuela seguirá adelante con su crecimiento económico, cimentado en sus 14 motores y el desarrollo de su industria de hidrocarburos de manera independiente y soberana”, sostuvo el comunicado.