Mérida, Marzo Miércoles 11, 2026, 09:58 pm
Rubén Darío Villafraz
@rubenvillafraz
Este año ha sido duro desde todos los puntos de vista. Lo hemos tenido en
los ruedos, donde cada vez es testimonial los festejos que se viene dando, como
también la desaparición física de muchos personajes que dan y ofrecen Alonso
Valero, quienes cariñosamente le llamábamos “caraotica”.
Fue Alonso una buena persona, como le ha definido “Garapullo”
exactamente. Fue torero de gran nivel, novillero el cual tuvo la virtud de
cortar las orejas en la Plaza de Toros de Mérida a comienzos de la década de
los ’90, ante un bravo y encastado encierro de La Carbonera, generación de
coletas de la que tenemos por ejemplo a Alonso Díaz, Alí Trejo, Enrique Dávila
“Cocoliso” y muchos otros más contemporáneos como Teófilo Rojas, “El Abuelo”,
“Rubito”, Mauro David Pereira, y muchos otros más que daban vida todas las
tardes que uno les veía entrenar en el ruedo de la monumental merideña, a la
vera de su maestro, Don Humberto Álvarez.
Mediada la década de los noventa, su carrera toma un viraje importante
cuando decide emigrar a México de la mano del aspirante a rejoneador emeritense
Leonardo Fabio Grisolia, quien se estaba formando en suelo azteca, sirviéndole
Valero además de su compañero de campaña, esa persona que velaría con su
entorno en cuanto a caballos, monturas y mozo de espadas del mencionado
cavaleiro, lo que le mantuvo par de campañas así mismo aprovechando la
presencia por dichas plazas en formación a otro espada merideño como era
Leonardo Rivera en su etapa novilleril.
A su regreso del periplo mexicano Alonso decide definitivamente retirarse
como novillero activo, pero emprende una labor una función mucho más íntima
para el torero como es el de ser mozo de espadas. Viene allí la relación con
numerosos novilleros y matadores nacionales, hasta el punto que llega a la
carrera del joven Rafael Orellana quien va de su mano desde el mismo momento
que se hace torero, por allá a comienzos de la década del 2000 hasta sus
últimos días de existencia.
Persona de menuda estatura, pero gran cariño dentro del medio taurino,
fue su humildad y sencillez lo que le granjeó gran calado en el ámbito taurino
nacional, en todos los estamentos, ya sea aficionados, taurinos, ganaderos,
empresarios, subalternos y prensa taurina. La última vez que le vimos en la
pasada Feria de Tovar ya le intuíamos que la “cornada” era más grave de lo que
muchos pensaban.
Se nos va un buen hombre. Otro más, pero único, que hace el paseíllo
celestial en estos tiempos duros para un espectáculo como es el del toro donde
no vive su mejor momento. Solo queda plegarnos la unánime oración para su
eterno descanso, y en especial que siempre nos acompañe su alma bondadosa.