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Fotos Eclipse Solar Total 1998. Expedición MACE a Cabo San Román (Falcón). Cortesía Johnny Cova Suárez

CIDATA

El día que se vistió de noche por MSc. Ángel M. Díaz Muñoz



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El día que se vistió de noche por MSc. Ángel M. Díaz Muñoz

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Hay fechas que se quedan grabadas, no solo en los libros, sino en la piel. Para quienes tuvimos la fortuna de estar en Venezuela el 26 de febrero de 1998, esa fecha representa el momento en que la naturaleza nos recordó, de forma monumental, que somos habitantes de un sistema en perpetuo movimiento.

 

Ahora, 28 años después, recordamos la experiencia de haber sido testigos de un eclipse total de Sol que convirtió nuestro mediodía en una noche estrellada y puso a la ciencia venezolana en el centro del mapa mundial.

 

Ese jueves, desde las 12:38 de la tarde, la sombra de la Luna (la umbra) entró al país por el estado Zulia, abarcando poblaciones como Sinamaica y Maracaibo, para luego avanzar hacia la península de Paraguaná en Falcón, antes de perderse en el Caribe. En su fase máxima fueron casi cuatro minutos de una “oscuridad total” donde bajó la temperatura, los pájaros buscaron sus nidos confundidos y las estrellas se hicieron visibles a plena luz del día.

 

Para el Centro de Investigaciones de Astronomía y Tecnologías Aplicadas “Francisco J. Duarte” - CIDATA (en ese momento CIDA), el evento no fue solo un espectáculo visual, equipos de astrónomos e investigadores se desplegaron en puntos estratégicos para registrar este fenómeno con fines científicos y divulgativos, liderados por el Lcdo. Johnny Cova (en Cabo San Román, estado Falcón) y por la Dra. Jeanette Stock (en Machiques, estado Zulia)

 

Las fotografías obtenidas en aquel entonces no son solo recuerdos nostálgicos, son registros valiosísimos de la corona solar (la atmósfera externa del Sol que solo podemos ver a simple vista durante la totalidad del eclipse) y de las perturbaciones atmosféricas que ocurren cuando nuestra estrella se apaga momentáneamente.

 

¿Y por qué nos apasiona tanto un eclipse? Para la ciencia, es una oportunidad única de validar leyes de la física y estudiar el comportamiento del Sol, como lo fue en el caso de los griegos Aristarco de Samos e Hiparco de Nicea (año 150 a.C.), quienes dedujeron que la Luna se encontraba más cerca de la Tierra que el Sol al registrar cómo nuestro satélite natural pasaba “delante” de nuestra estrella, lo que les permitió calcular en unos 379 000 km la distancia entre la Tierra y la Luna. Aunque actualmente se sabe que la distancia es de unos 384 000 kilómetros, la cifra fue bastante cercana tomando en cuenta la época en la que fue calculada.


Otro ejemplo de la importancia científica de los eclipses fue el experimento realizado en torno al eclipse total de Sol del 29 de mayo de 1919, que permitió confirmar la teoría de la relatividad general, de Albert Einstein, que proponía que la gravedad no era una fuerza atractiva entre dos masas (como lo había enunciado Isaac Newton en 1687), sino una consecuencia de la curvatura del espacio-tiempo, derivada de la presencia de masa y energía. Esto pudo confirmarse en plena oscuridad durante este eclipse, al comprobarse que los rayos de luz que pasaron cerca del Sol se curvaron debido al campo gravitatorio generado por nuestra estrella.


Mérida, aunque no estuvo en la franja de totalidad en 1998 (vimos un impresionante eclipse parcial), tiene una conexión histórica con estas sombras. El eclipse total anterior a ese ocurrió el 3 de febrero de 1916 y en aquella oportunidad la franja de oscuridad sí cruzó directamente nuestra Cordillera de Mérida, dejando crónicas fascinantes sobre cómo se vivió el fenómeno entre sus cumbres nevadas.


Eventos de esta naturaleza nos recuerdan que la astronomía es una ciencia de paciencia y horizontes largos. Si bien hemos disfrutado de eclipses parciales y anulares recientemente, la próxima gran cita con la oscuridad total en suelo venezolano tiene ya un lugar y fecha marcada en el calendario: el 12 de agosto de 2045, cuando sus habitantes serán testigos del 100 % de oscuridad en el noreste del país, incluyendo Nueva Esparta, Sucre, Monagas, Delta Amacuro y Anzoátegui. Ese día, una nueva generación de venezolanos podrá experimentar el asombro que nosotros sentimos en 1998 y el CIDATA estará allí, como siempre, para traducir ese misterio en conocimiento.

 

(*) Divulgador Científico