Mérida, Abril Jueves 16, 2026, 11:25 pm

Hay fechas que se quedan
grabadas, no solo en los libros, sino en la piel. Para quienes tuvimos la
fortuna de estar en Venezuela el 26 de febrero de 1998, esa fecha representa el
momento en que la naturaleza nos recordó, de forma monumental, que somos
habitantes de un sistema en perpetuo movimiento.
Ahora, 28 años después,
recordamos la experiencia de haber sido testigos de un eclipse total de Sol que
convirtió nuestro mediodía en una noche estrellada y puso a la ciencia
venezolana en el centro del mapa mundial.
Ese jueves, desde las 12:38
de la tarde, la sombra de la Luna (la umbra) entró al país por el estado Zulia,
abarcando poblaciones como Sinamaica y Maracaibo, para luego avanzar hacia la
península de Paraguaná en Falcón, antes de perderse en el Caribe. En su fase
máxima fueron casi cuatro minutos de una “oscuridad total” donde bajó la
temperatura, los pájaros buscaron sus nidos confundidos y las estrellas se
hicieron visibles a plena luz del día.
Para el Centro de
Investigaciones de Astronomía y Tecnologías Aplicadas “Francisco J. Duarte” -
CIDATA (en ese momento CIDA), el evento no fue solo un espectáculo visual, equipos
de astrónomos e investigadores se desplegaron en puntos estratégicos para
registrar este fenómeno con fines científicos y divulgativos, liderados por el
Lcdo. Johnny Cova (en Cabo San Román, estado Falcón) y por la Dra. Jeanette
Stock (en Machiques, estado Zulia)
Las fotografías obtenidas en
aquel entonces no son solo recuerdos nostálgicos, son registros valiosísimos de
la corona solar (la atmósfera externa del Sol que solo podemos ver a simple
vista durante la totalidad del eclipse) y de las perturbaciones atmosféricas
que ocurren cuando nuestra estrella se apaga momentáneamente.
¿Y por qué nos apasiona
tanto un eclipse? Para la ciencia, es una oportunidad única de validar leyes de
la física y estudiar el comportamiento del Sol, como lo fue en el caso de los
griegos Aristarco de Samos e Hiparco de Nicea (año 150 a.C.), quienes dedujeron
que la Luna se encontraba más cerca de la Tierra que el Sol al registrar cómo
nuestro satélite natural pasaba “delante” de nuestra estrella, lo que les permitió
calcular en unos 379 000 km la distancia entre la Tierra y la Luna. Aunque
actualmente se sabe que la distancia es de unos 384 000 kilómetros, la cifra fue
bastante cercana tomando en cuenta la época en la que fue calculada.
Otro ejemplo de la importancia científica de los eclipses fue el experimento
realizado en torno al eclipse total de Sol del 29 de mayo de 1919, que permitió
confirmar la teoría de la relatividad general, de Albert Einstein, que proponía
que la gravedad no era una fuerza atractiva entre dos masas (como lo había
enunciado Isaac Newton en 1687), sino una consecuencia de la curvatura del
espacio-tiempo, derivada de la presencia de masa y energía. Esto pudo
confirmarse en plena oscuridad durante este eclipse, al comprobarse que los
rayos de luz que pasaron cerca del Sol se curvaron debido al campo gravitatorio
generado por nuestra estrella.
Mérida, aunque no estuvo en la franja de totalidad en 1998 (vimos un
impresionante eclipse parcial), tiene una conexión histórica con estas sombras.
El eclipse total anterior a ese ocurrió el 3 de febrero de 1916 y en aquella
oportunidad la franja de oscuridad sí cruzó directamente nuestra Cordillera de
Mérida, dejando crónicas fascinantes sobre cómo se vivió el fenómeno entre sus
cumbres nevadas.
Eventos de esta naturaleza nos recuerdan que la astronomía es una ciencia de
paciencia y horizontes largos. Si bien hemos disfrutado de eclipses parciales y
anulares recientemente, la próxima gran cita con la oscuridad total en suelo
venezolano tiene ya un lugar y fecha marcada en el calendario: el 12 de agosto
de 2045, cuando sus habitantes serán testigos del 100 % de oscuridad en el
noreste del país, incluyendo Nueva Esparta, Sucre, Monagas, Delta Amacuro y
Anzoátegui. Ese día, una nueva generación de venezolanos podrá experimentar el
asombro que nosotros sentimos en 1998 y el CIDATA estará allí, como siempre,
para traducir ese misterio en conocimiento.
(*) Divulgador Científico