Mérida, Mayo Jueves 28, 2026, 12:32 pm
ROSARIO PÉREZ
Diario ABC de Madrid
Foto: Plaza 1
Dice su partida de nacimiento que Jarocho ha nacido en Burgos, pero comentaban unos seguidores que sus padres debieron de concebirlo en San Bernardo (o en el barrio de la Macarena). Qué torería y naturalidad derrochó en el último capítulo, lo de más sabor de una tarde interminable. Menos mal que Roberto Martín tuvo la virtud del sentido de la medida. Hasta para eso hay que ser torero. Y Jarochito, como lo llamaban sus cercanos, es torero y sabe torear, con listos conocimientos sobre la lidia. De casta le viene al galgo. Se emocionaba su maestro tras las tablas con ese 'ooole' que crujía Madrid.
A la nueve y diez aparecía el sexto, Hurón de nombre, largo y bien armado. Aplaudieron a Juan Melgar a caballo, brindó el matadory desplegó el cartucho de pescao, aderezado con rítmicas trincherillas. Obedecía el pedraza, pero le faltaba continuidad, por lo que Jarocho tuvo que recurrir al uno a uno tras un trébol de naturales espléndidos que pusieron el tendido en pie. Pureza en su cite, al ralentí, con los muletazos silabeados. Lástima que el noblote Hurón careciese de celo. Pero tanta armonía tuvo la obra, tan a placer la dibujó, que caló en los aficionados, con la cara larga cuando marró con el acero. Como a Jarocho, claro, tan cadencioso con la muleta y tan desafinado con la tizona.
Si su faena al sexto fue la del deleite, la del
tercero fue la del toma y daca, la de la apuesta y la exposición con un toro
encastado y muy temperamental que vendía cara cada embestida, tan por dentro.
Dulce no solo pesaba en la romana - 624 kilos-, sino que pesaba una barbaridad
en la muleta por ese carbón y esa manera de vencerse: cada muletazo llevaba el
eco de la enfermería. Igual le dio a Jarocho agigantado ante un Pedraza al que
lució en el peto. Se lo pensó mucho antes del segundo encuentro, pero luego
recargó y empujó con los riñones. Desacertado fue el tercio de banderillas de
los hombres que vestían de caña; lanzas recogerían de la plaza, que contó con
guasa los palos caídos. Aunque en el capote ya se había visto cómo marcaba
Dulce, Jarocho se plantó en los medios, jugándosela de verdad, aguantando con
valor ante tan voluminoso animal, cuyos pitones alcanzaban la hombrera.
Desentendido terminó, pero logró que se los tragara con el unipase. Pinchó
antes de una estocada en los bajos y algunos protestaron los saludos. tarde
Esperaba el aficionado otro Brigadier. Ninguno
hubo como aquel gran ejemplar en una corrida de Pedraza de Yeltes seria y de
imponente alzada. Qué mérito colocarse frente a aquellos trenes de mercancía,
duros de pelar. Milagrosa la humillación con esos volúmenes, como la del
primero, que respondió colocando la cara cuando, ya en el epílogo, Fonseca le
dejó la muleta puesta y lo sometió por bajo en dos tandas. Fortísimo el
volteretón cuando se dejó venir desde lejos al cuarto y quiso trazar un
imposible cambiado por la espalda. Por los aires voló el mexicano, que siguió
de hinojos con raza y decisión. Gracias le puede dar a Raúl Ruiz, que le hizo
un quite providencial cuando perdió pie en la hora final ante el desfondado
animal.
De susto en susto en el quinto: derribó
estrepitosamente al picador y cogió a Víctor Manuel en banderillas. Se
desentendió el animal en las telas, como lo había hecho también el segundo, tan
ayunos de raza. Buscó la colocación recriminada Molina, pero la gente acabó
impacientándose: la corrida se hizo cuesta arriba. Hasta que Jarocho dejó en el
paladar su cadencia y naturalidad.
FICHA
DEL FESTEJO
Monumental de las Ventas. Miércoles, 27 de mayo de 2026. Decimoséptima corrida.
Toros de Pedraza de Yeltes, cinqueños salvo 4º y 5º, serios, con mucha alzada, sin entrega en general pese a obedecer; encastado y temperamental el 3º.
Isaac
Fonseca, de azul pavo y oro: estocada (saludos tras aviso); tres pinchazos y
estocada desprendida (silencio tras dos avisos).
José
Fernando Molina, de marino y oro: estocada tendida (silencio), media y estocada
(silencio tras aviso).
Jarocho,
de tabaco e hilo blanco: pinchazo y estocada baja (saludos con división); dos
pinchazos y estocada baja (palmas de despedida).