Mérida, Junio Domingo 21, 2026, 02:44 pm

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Por Juan José Cañas Zambrano

Una gustosa travesía por los Pueblos del Sur por Juan José Cañas Zambrano



Una gustosa travesía por los Pueblos del Sur por Juan José Cañas Zambrano

@juanjosecanaszambrano

 

Hay carreteras que se recorren con el cuerpo y otras que se sufren y se agradecen con el alma. Viajar a los Pueblos del Sur de Mérida es de estas últimas.

Mientras el turismo masivo se concentra en el teleférico o en las paradas exprés del norte, el sur permanece ahí, repleto de neblina, curvas de vértigo y una dignidad que no se rinde. Ir hacia Canaguá o aventurarse a las profundidades de Aricagua, Chacantá, Mucuchachí y San José es, hoy más que nunca, un acto de fe.

No nos engañemos: el viaje es duro. Las vías exigen pericia y el abandono institucional se hace evidente en cada tramo agrietado. Pero es justamente allí, donde el asfalto cede, donde empieza la verdadera magia.

El paisaje cambia drásticamente: pasas del frío páramo al calor seco del taparo, y de repente estás rodeado de cafetales milenarios.

Llegar a Canaguá, el corazón de la zona, es respirar un aire que sabe a trabajo, ver las casas de tapia y teja en Chacantá es recordar de dónde venimos; y perderse en el aislamiento casi místico de Aricagua o la calidez de Mucuchachí y San José te hace entender que Venezuela tiene otra velocidad.

La verdadera joya del sur no son solo sus montañas imponentes, sino su gente. El sur del sur está poblado por hombres y mujeres de una cortesía que ya parece extinta.

Son herederos de una paciencia infinita, que siembran la tierra y reciben al viajero con un café recién colado y una sonrisa que borra las horas de traqueteo en el rústico. Ellos son el verdadero destino.

Apostar por los Pueblos del Sur en nuestras crónicas, en nuestras visitas y en nuestra memoria es necesario.

No se trata solo de buscar paisajes bonitos para una foto de Instagram; se trata de volver la mirada hacia una región que, a pesar de las dificultades de conectividad y combustible, sigue latiendo con fuerza propia.

El sur no es el patio trasero de Mérida; es su reserva moral y cultural. Ojalá aprendamos a mirarlo con el respeto y la fascinación que se merece.