Mérida, Julio Jueves 02, 2026, 02:00 pm

Inicio

Opinión



Diario Frontera, Frontera Digital,  Opinión, ,Por Jorge Pérez,“La ausencia que deshonró el uniforme” por Jorge Pérez
Por Jorge Pérez

“La ausencia que deshonró el uniforme” por Jorge Pérez



“La ausencia que deshonró el uniforme” por Jorge Pérez

"Cuando una nación clama auxilio y sus soldados no aparecen, el silencio también se convierte en una forma de respuesta."

Los terremotos que estremecieron Venezuela el pasado 24 de junio cuando se conmemoraba la Batalla de Carabobo y Día del Ejercito forjador de libertades, no solo derrumbaron innumerables edificios, viviendas, carreteras y esperanzas, además de la innumerable cantidad de víctimas. También derrumbaron uno de los últimos símbolos institucionales que aún sobrevivían en la memoria colectiva de muchos venezolanos: la imagen de una Fuerza Armada que, ante la tragedia, acudía sin titubeos al llamado de su pueblo.

Esta vez no fue así. Durante más de setenta y dos horas, millones de venezolanos se hicieron la misma pregunta: ¿Dónde estaba la Fuerza Armada Nacional?, no era una pregunta política. Era una pregunta profundamente humana.

Quienes tuvimos la oportunidad de conocer otra institución militar recordamos escenas que hoy parecen pertenecer a otro país: helicópteros Super Puma y BEL412 rescatando familias atrapadas, aviones Hércules C130 transportando ayuda humanitaria y personal, hospitales de campaña instalados en cuestión de horas, cocinas militares alimentando damnificados, ingenieros militares abriendo caminos, colocando puentes de guerra entre los escombros y soldados cubiertos de barro trabajando hombro a hombro con la población civil.

Así ocurrió durante la tragedia de El Limón, así ocurrió durante la tragedia de Vargas, así actuaba una institución cuya doctrina colocaba el servicio a la Nación por encima de cualquier otra consideración.

Hoy, en cambio, el pueblo venezolano contempló con desconcierto una ausencia tan prolongada como difícil de explicar.

No hablamos de una institución improvisada. Si hablamos del componente “más grande” de la Fuerza Armada Nacional, el Ejército venezolano posee un Cuerpo de Ingenieros con brigadas, batallones especializados en construcción, mantenimiento e ingeniería de combate; dispone de unidades logísticas, transporte, sanidad militar, aviación del Ejército y medios concebidos precisamente para intervenir en situaciones de emergencia nacional. La Armada cuenta igualmente con cuerpos de ingenieros e infraestructura, mientras los demás componentes poseen capacidades técnicas destinadas al apoyo de operaciones de protección civil.

La capacidad suponemos que existe. La estructura suponemos existe y los recursos humanos, al menos sobre el papel, suponemos existen; salvo que ya no exista la FAN. Entonces surge inevitablemente la pregunta que millones de venezolanos continúan formulándose: ¿Qué impidió que esa capacidad se pusiera al servicio de la población desde las primeras horas de la tragedia?

La respuesta no puede limitarse al silencio. Porque mientras la maquinaria del Estado parecía paralizada, fue la sociedad civil la que dio una extraordinaria lección de solidaridad. Vecinos, médicos, enfermeros, voluntarios, iglesias, universidades, organizaciones no gubernamentales y venezolanos dentro y fuera del país comenzaron a movilizar alimentos, medicinas, equipos y recursos con una rapidez admirable.

Paradójicamente, en esta tragedia la fortaleza institucional no vino desde arriba. Vino desde abajo. Vino del pueblo y esa realidad debería avergonzar a quienes durante años convirtieron a la Fuerza Armada en un instrumento para la confrontación política, desviándola progresivamente de su misión constitucional. Durante más de dos décadas, los venezolanos vimos miles de efectivos desplegados para custodiar elecciones, controlar protestas, instalar alcabalas, administrar empresas públicas, distribuir alimentos, participar en actividades partidistas o ejercer funciones ajenas a la profesión militar.

Para esas tareas nunca faltó personal pero cuando miles de ciudadanos quedaron sepultados bajo los escombros, aislados por carreteras destruidas o esperando rescate, la capacidad de reacción que tantas veces se exhibió simplemente no apareció con la misma contundenciaEsa comparación es inevitable y profundamente dolorosa. Lo más preocupante no es únicamente la tardanza. También resultan profundamente inquietantes las numerosas denuncias difundidas por ciudadanos y medios digitales sobre actos de apropiación indebida de ayuda humanitaria y otras conductas incompatibles con el honor militar. Corresponde a las autoridades investigarlas con transparencia y sancionar cualquier responsabilidad individual que pudiera existir. El prestigio de una institución nunca puede construirse sobre la impunidad.

Escribo estas líneas desde una convicción muy personal. Recibí formación en una de las escuelas militares y compartí durante años con quienes posteriormente alcanzaron los más altos grados del Ejército, la Armada, la Aviación y la Guardia Nacional. Conocí en la otrora Fuerza Armada oficiales cuya palabra valía más que cualquier condecoración, conocí instructores que enseñaban que el mando y la conducción comenzaban con el ejemplo como principio fundamental, conocí soldados que entendían que el uniforme no otorgaba privilegios; imponía sacrificios. Por eso duele tanto contemplar el deterioro moral e institucional de una organización que durante décadas fue una de las instituciones de mayor prestigio del país hasta llegar la fulana V República.

No se trata de nostalgia, se trata de responsabilidad histórica. Porque el uniforme militar jamás pertenece a un gobierno, pertenece a la República, pertenece al pueblo venezolano. Su lealtad no puede estar condicionada por ideologías, intereses personales o proyectos políticos. La Constitución es clara cuando establece que la Fuerza Armada Nacional está al servicio exclusivo de la Nación y ese principio no admite interpretaciones.

Cuando los venezolanos dejan de esperar a sus soldados en medio de una tragedia, algo muy profundo se ha roto y cuando la institución que debería representar protección genera preguntas, dudas o decepción, el problema deja de ser militar para convertirse en un problema nacional.

Venezuela reconstruirá sus ciudades, reconstruirá sus carreteras, reconstruirá sus hospitales pero existe una reconstrucción mucho más compleja. La reconstrucción del honor institucional, la reconstrucción de la confianza ciudadana y, sobre todo, la reconstrucción de una Fuerza Armada que vuelva a entender que su mayor gloria no consiste en defender a un poder, sino en servir a un pueblo. Porque los pueblos nunca olvidan quiénes estuvieron presentes en las horas más difíciles. Pero tampoco olvidan quiénes brillaron por su ausencia.

IMPORTANTE

El Portal de Noticias Frontera Digital no se hace responsable de todas las opiniones que se emitan en este sitio puesto que son de carácter individual de las personas, y no necesariamente reflejan la posición editorial de este Portal de Noticias