Mérida, Julio Jueves 23, 2026, 04:48 pm
Venezuela atraviesa una de las crisis más profundas de su historia
republicana. Tras casi tres décadas de una gestión
que ha privilegiado la improvisación sobre la técnica, la pregunta que nos asalta
diariamente no es solo cómo sobrevivimos,
sino cómo renacemos desde las cenizas. La respuesta, aunque
parezca compleja, está
escrita en nuestra propia arquitectura jurídica: en la descentralización y en
el poder local.
El municipio
es el espacio donde la ciudad se materializa; es donde el ciudadano
experimenta el Estado en su forma más directa. Sin embargo, hoy vemos con
frustración cómo la gestión se reduce a soluciones empíricas, carentes de
planificación y ajenas a las necesidades reales de la gente. Es imperativo cambiar este paradigma: debemos transformar la administración
pública municipal en una herramienta estratégica de desarrollo económico y
social.
Repensar el territorio, lo urbano, la arquitectura y la ingeniería como
ciencias sociales no es un lujo, es una necesidad de supervivencia. La calidad
de vida no se mide por anuncios, sino por indicadores tangibles: una vialidad
digna, un sistema de recolección de desechos que apueste por la economía
circular y la verdadera recuperación de nuestros espacios públicos —como el
Parque Albarregas y la Cuenca del Río Chama—, rescatándolos para el ciudadano y
no para la desidia o la obstrucción.
Además, la gestión
de riesgos ya no puede ser una reacción ante el desastre,
sino la columna vertebral de la ordenación territorial, es decir, la
microzonificación sísmica con la planificación urbana. Si queremos transicionar
hacia una ciudad resiliente, inclusiva y alineada con la Agenda 2030 y los
Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), necesitamos implementar sistemas de
alerta temprana ante riesgos socio-naturales, como sismos e inundaciones, que
no dejen la seguridad de los merideños al azar.
Mérida debe dar un salto. La inmensidad de nuestros problemas exige
herramientas a la altura del siglo XXI. El uso de las TIC´s, la Inteligencia Artificial y el análisis de Big Data no son
conceptos abstractos; son las claves para enfrentar las mayores amenazas. La
vida ha cambiado y la forma de interactuar con el entorno también. El aumento
de la influencia de las redes sociales y la capacidad de reinventarse
digitalmente otorgan una nueva plataforma para exigir
y construir. Ya no basta
con la responsabilidad individual;
se requiere un compromiso colectivo, técnico y profesional.
El camino no es la invención de soluciones mágicas,
sino el estricto cumplimiento
de la ley bajo un enfoque de modernidad. Se trata de institucionalizar la gestión,
de profesionalizar el ejercicio del poder local y de entender que, mientras la
tragedia nacional sigue
su curso, la ciudad —nuestra
Mérida— no puede ni debe esperar.
El renacimiento de Mérida y sus municipios no ocurrirá de arriba hacia
abajo, sino desde la construcción de ciudades que funcionen, que prevengan
riesgos y que coloquen la dignidad del ciudadano en el centro de cada decisión
técnica. Mérida tiene la oportunidad de ser un laboratorio para esta
transformación.