Mérida, Noviembre Lunes 02, 2026, 03:57 pm
Durante los días 28 y 29 de octubre se llevó a cabo en
las instalaciones del El Instituto de Integración Latinoamericana (https://iil.jursoc.unlp.edu.ar/), de la Universidad Nacional de La Plata, Argentina, el
VIII Simposio sobre Regionalismo Sudamericano, un espacio de reflexión que
reunión a académicos y funcionarios de toda América Latina para debatir acerca
del panorama crítico y multidimensional del estado actual de los procesos de
integración en la región. A través de un riguroso análisis académico, el evento
desglosó la crisis del regionalismo sudamericano en dos grandes ejes: 1) los
factores endógenos, que revelan las profundas asimetrías estructurales e
ideológicas entre los países latinoamericanos, y 2) los factores exógenos, que muestran
la vulnerabilidad regional frente a la reconfiguración geopolítica que hoy vive
el mundo.
Desde la perspectiva endógena, los debates destacaron la
fragilidad institucional y la falta de convergencia macroeconómica de los bloques
subregionales latinoamericanos (Comunidad Andina, SICA, MERCOSUR, Alianza del
Pacífico). Resaltaron el "laberinto ideológico" producto, entre
múltiples razones, de la alternancia política, la ausencia de políticas de
Estado, el incumplimiento de los acuerdos regionales, el elevado costo país de
avanzar hacia un mayor comercio intrabloque, y la incapacidad de concretar la
unificación monetaria. Además, se dejó claro que las asimetrías fiscales y la
competencia tributaria no armonizada actúan como obstáculos estructurales, que
fenómenos como la "custodia interna" y la extinción de dominio
plantean desafíos transfronterizos no resueltos, y que la legitimidad
democrática de los órganos supranacionales sigue siendo una asignatura
pendiente.
En el ámbito de los factores exógenos, el simposio abordó
el dilema de la autonomía estratégica frente a la competencia sistémica entre
Estados Unidos y China. A partir de lo cual se resaltó que la región transita
de una integración comercial tradicional a un "cuasi
interregionalismo" fragmentado, donde las ambivalencias de la política
económica estadounidense y las estrategias de contención china obligan a los
países a navegar un escenario de multipolarización. También se insistió que la
reconfiguración geo-energética global suma una complejidad estratégica
adicional para América Latina, incrementándose la necesidad de avanzar hacia un
marco de seguridad energética regional. En este contexto, la Cooperación
Sur-Sur y Triangular emerge como un mecanismo vital para el reposicionamiento
latinoamericano, aunque su eficacia depende de superar la dependencia
estructural que históricamente ha tenido el desarrollo regional, permitiendo a
los Estados latinoamericanos evitar ser solo espectadores en la rivalidad de
las grandes potencias.
Por otra parte, la agenda incluyó espacio para la
reflexión sobre las alternativas de acción para avanzar hacia la integración
productiva y una sólida gobernanza institucional, surgiendo propuestas como
“los corredores regionales de integración productiva”, “las redes de distritos
de innovación, atracción de inversiones”, “el uso de la acumulación extendida
(o acumulación ampliada) como mecanismo de las reglas de origen en los acuerdos
comerciales latinoamericanos para permitir a un productor considerar como
"originarios" los insumos o materiales provenientes de un tercer país
con el que no se comparte un tratado directo, e insistir en avanzar hacia “la convergencia
pragmática de los procesos de integración”. Esto, en un contexto caracterizado
por la transición hacia un orden multipolar, evidencia que el modelo
tradicional de integración comercial ha agotado su impulso en América Latina, y
se requiere con urgencia de la reconfiguración hacia cadenas de valor y una
mayor coherencia institucional.
En otras palabras, el regionalismo abierto y su vocación
comercial han fracasado ante las nuevas realidades geopolíticas y las
asimetrías internas latinoamericanas. La región debe transitar hacia una
integración productiva y tecnológica, articulando cadenas regionales de valor
que reduzcan la dependencia externa y mitiguen los impactos de la competencia
entre potencias. Es necesario fortalecer la institucionalidad supranacional
para resolver conflictos bilaterales y armonizar políticas fiscales y
regulatorias, evitando que los pendulares cambios ideológicos deriven en
desintegración. Asimismo, la autonomía estratégica no se logrará mediante el
aislacionismo, sino a través de una inserción internacional inteligente que
aproveche la Cooperación Sur-Sur y diversifique los vínculos tecnológicos y
energéticos, garantizando que la transición verde y la revolución digital no
profundicen las brechas intrarregionales sino, por el contrario, actúen como
catalizadores de desarrollo inclusivo.
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