Mérida, Noviembre Miércoles 04, 2026, 01:11 am
Venezuela se encuentra frente a una
realidad eléctrica que no admite más postergaciones ni explicaciones
coyunturales. Lo hemos advertido reiteradamente en distintos medios de
comunicación, entrevistas y espacios de análisis: el Sistema Eléctrico Nacional
(SEN) atraviesa una condición de colapso parcial, caracterizada por su
progresiva pérdida de confiabilidad, estabilidad operativa y capacidad para
garantizar la continuidad del servicio.
Es importante comprender que una
crisis eléctrica no necesariamente desemboca de manera inmediata en un apagón
nacional. Antes de llegar a ese escenario puede atravesar una fase de deterioro
estructural en la que el sistema continúa funcionando, pero lo hace con
márgenes operativos cada vez más reducidos, una infraestructura debilitada,
menor capacidad de respuesta ante contingencias y una creciente dependencia de
condiciones operativas que no siempre pueden garantizarse.
Eso es precisamente lo que entendemos
por colapso parcial: un sistema que todavía presta servicio, aunque lo hace
bajo condiciones de vulnerabilidad creciente, con interrupciones recurrentes,
restricciones de suministro y una capacidad cada vez más limitada para
responder ante perturbaciones de importancia. El colapso total sería el
escenario extremo: la pérdida generalizada y sostenida de la capacidad de
suministrar electricidad, con una interrupción de gran alcance que supere la
capacidad de recuperación operativa del sistema.
El evento registrado este domingo 1 de
noviembre de 2026 constituye una nueva señal de alarma sobre la fragilidad de
nuestra infraestructura eléctrica.
UNA PERTURBACIÓN QUE DEBE ENCENDER
TODAS LAS ALARMAS
De acuerdo con un reporte atribuido al
Despacho Regional Guayana del Centro Nacional de Despacho, emitido a las 9:22
de la mañana, se produjo una disminución de 4.668 MW en la exportación de
energía desde Guayana, acompañada de un registro de frecuencia de 62,09 Hz.
El reporte señala la actuación del
esquema de sobretensión y el disparo de tres líneas estratégicas de 765 kV:
Adicionalmente, se reportó el disparo
del SVS de la subestación La Horqueta, del autotransformador AT2 de 765/400/20
kV de esa misma instalación y de la unidad generadora G14 de la Casa de
Máquinas Guri 2, cuya protección registró potencia inversa.
No estamos hablando de instalaciones
secundarias ni de elementos periféricos de la red. Estamos hablando de
componentes fundamentales de la columna vertebral del sistema de transmisión
venezolano, particularmente de la infraestructura de 765 kV que permite
transportar grandes bloques de energía desde el complejo hidroeléctrico del
Bajo Caroní hacia los principales centros de consumo del país.
La actuación simultánea o sucesiva de
estos elementos evidencia la gravedad de la perturbación y obliga a examinar
las condiciones de estabilidad, protección y capacidad de respuesta de la red.
Hay un dato que merece especial
atención: los 62,09 Hz reportados representan una sobrefrecuencia considerable
respecto de los 60 Hz nominales. Esta condición puede asociarse con un
desequilibrio entre generación y demanda, particularmente cuando una perturbación
provoca la separación eléctrica de áreas del sistema.
Una hipótesis que debe investigarse es
que la pérdida de capacidad de evacuación de Guayana haya producido un
excedente de generación respecto de la carga que permaneció conectada en esa
área, favoreciendo un incremento de frecuencia. Sin embargo, para confirmar
esta secuencia es indispensable conocer los registros de frecuencia en
diferentes subestaciones, las oscilografías de las líneas y la cronología
exacta de las actuaciones de protección.
También debe determinarse si la
sobretensión fue el fenómeno desencadenante o si fue consecuencia de una
perturbación previa.
El disparo del SVS de La Horqueta
merece especial consideración, dado que estos sistemas cumplen una función
fundamental en la regulación dinámica de tensión y el soporte de potencia
reactiva. Su indisponibilidad durante una contingencia puede reducir los
márgenes de estabilidad de la red.
Por otra parte, la actuación de la
protección de potencia inversa de G14 requiere revisar la secuencia de eventos,
las condiciones de operación de la turbina y la respuesta de los sistemas de
regulación de la unidad.
La coincidencia temporal de estos
acontecimientos con reportes ciudadanos de fluctuaciones de voltaje e
interrupciones en distintas regiones del país refuerza la necesidad de una
investigación operativa integral.
EL PROBLEMA NO ES SOLAMENTE LA
GENERACIÓN: ES LA FRAGILIDAD DE LA RED
Uno de los errores más recurrentes al
abordar la crisis eléctrica venezolana es concentrar la discusión
exclusivamente en cuántos megavatios se encuentran disponibles o cuántos pueden
incorporarse próximamente al sistema.
La generación es indispensable, pero
no es suficiente.
Un sistema eléctrico necesita
capacidad de generación, transmisión y distribución, además de sistemas de
control, protección, compensación reactiva, telecomunicaciones, automatización
y coordinación operativa que permitan transportar y entregar la energía en
condiciones de seguridad y confiabilidad.
Podemos recuperar unidades
hidroeléctricas y termoeléctricas, incorporar nuevos megavatios e incrementar
la disponibilidad de generación; pero si no recuperamos simultáneamente la
infraestructura que permite evacuar, transportar y distribuir esa energía,
estaremos construyendo una solución incompleta.
El evento del 1 de noviembre vuelve a
colocar en evidencia la vulnerabilidad de los corredores de transmisión de 765
kV y sus interconexiones con la red de 400 kV.
Esta infraestructura constituye una
verdadera autopista eléctrica nacional. Su función es transportar grandes
bloques de energía desde Guayana hacia el centro y occidente del país, mediante
instalaciones estratégicas como Malena, San Gerónimo, La Horqueta, La Arenosa,
Yaracuy y los demás nodos que integran la red troncal.
La pérdida de disponibilidad de estos
corredores, sus autotransformadores, sistemas de compensación y equipos
asociados compromete la capacidad de transferencia de potencia y reduce los
márgenes de seguridad del sistema.
No podemos ignorar, además, la
obsolescencia acumulada de una parte importante de los activos, las
limitaciones de mantenimiento, la pérdida de capacidades técnicas
especializadas y las deficiencias que deben investigarse en los sistemas de
protección y control.
Una red de transmisión no se vuelve
confiable por el simple hecho de que sus líneas permanezcan energizadas.
Necesita disponer de equipos en condiciones adecuadas, protecciones
correctamente coordinadas, sistemas de control funcionales y capacidad de respuesta
ante contingencias.
Lo ocurrido obliga a revisar si los
esquemas de protección, compensación y control están respondiendo conforme a
los criterios de diseño y operación para los cuales fueron concebidos.
La situación es especialmente delicada
cuando se pretende incrementar la generación del Bajo Caroní sin recuperar
previamente, o en paralelo, la capacidad de evacuación y estabilidad de la red.
LA RECUPERACIÓN DEL BAJO CARONÍ Y LA
RED TRONCAL NO PUEDEN ESPERAR
Desde nuestra perspectiva, la
recuperación del Sistema Eléctrico Nacional debe abordarse mediante un programa
integral, simultáneo y técnicamente coordinado.
No se trata de escoger entre recuperar
generación o recuperar transmisión. Se trata de ejecutar ambas cosas en
paralelo.
En primer lugar, es imperativo
acelerar la recuperación de las unidades hidroeléctricas del Bajo Caroní,
particularmente en Guri, Macagua y Caruachi, aprovechando el potencial
energético de una de las cuencas hidroeléctricas más importantes de América Latina.
En este sentido, es necesario
concretar los recursos financieros requeridos para activar los compromisos
establecidos con General Electric Vernova, ahora GE Vernova, en el marco del
contrato y del manifiesto de intención suscrito en agosto de 2026.
Los anticipos correspondientes son
fundamentales para que la empresa pueda iniciar y ejecutar las obras
contempladas en esos instrumentos, movilizar recursos técnicos, programar
intervenciones y avanzar en la recuperación de los equipos comprometidos.
No podemos seguir anunciando procesos
de recuperación mientras los recursos financieros que permiten su ejecución
permanecen pendientes.
Pero hay un segundo componente que
resulta igualmente urgente: la recuperación de la generación termoeléctrica.
Venezuela necesita recuperar su
capacidad de generación térmica para complementar la hidroelectricidad,
disponer de mayor flexibilidad operativa y reducir la exposición del sistema a
contingencias que afecten la disponibilidad de los recursos hidráulicos o la
capacidad de transmisión desde Guayana.
Una matriz de generación equilibrada
requiere que las unidades termoeléctricas recuperen su capacidad efectiva de
operación y puedan responder conforme a las necesidades del sistema.
Por ello, consideramos indispensable
avanzar también en las negociaciones técnicas, comerciales y financieras con
Siemens.
Hemos tenido conocimiento de la visita
del vicepresidente de Corpoelec a Alemania, presumiblemente con el propósito de
sostener encuentros con representantes de la alta dirección de Siemens. De
confirmarse esta información, esperamos que estas gestiones se traduzcan en
acuerdos concretos y no se limiten a encuentros institucionales.
Es necesario consignar las cuentas
correspondientes, alcanzar acuerdos técnicos y comerciales, formalizar los
contratos respectivos y garantizar los anticipos financieros que permitan
acometer las intervenciones necesarias.
La recuperación de las unidades
termoeléctricas debe avanzar paralelamente con la recuperación de las unidades
hidroeléctricas del Bajo Caroní.
GENERAL ELECTRIC Y SIEMENS: UNA
DEPENDENCIA TECNOLÓGICA QUE DEBE SER ATENDIDA
Hay un aspecto que merece especial
atención en la planificación de esta recuperación: la dependencia tecnológica
del parque eléctrico venezolano respecto de General Electric y Siemens.
De acuerdo con las estimaciones de
dependencia tecnológica que manejamos, aproximadamente el 66 % de la capacidad
de autotransformación y transformación, así como de determinados sistemas y
equipos asociados a la infraestructura eléctrica, está vinculada a tecnologías
de estas dos empresas.
Esta realidad tiene implicaciones
estratégicas.
No estamos hablando exclusivamente de
turbinas y generadores. Estamos hablando de autotransformadores,
transformadores de potencia, interruptores, sistemas de protección, control,
automatización, equipos de subestaciones y otros componentes fundamentales para
la operación de las redes de transmisión y distribución.
La dependencia de estas tecnologías
obliga a establecer una estrategia de recuperación que contemple repuestos,
asistencia técnica especializada, rehabilitación de equipos, actualización
tecnológica y contratos de mantenimiento de mediano y largo plazo.
Particularmente, debemos atender la
infraestructura de transmisión de 765, 400, 230 y 115 kV, así como las redes de
distribución de alta y media tensión.
El deterioro de cualquiera de estos
componentes puede comprometer la confiabilidad de todo el sistema.
Por eso, los acuerdos con General
Electric Vernova y Siemens no deben analizarse como operaciones comerciales
aisladas. Constituyen decisiones estratégicas para recuperar capacidades
fundamentales de la infraestructura eléctrica nacional.
La recuperación de la generación y la
recuperación de las redes deben formar parte de un mismo programa maestro, con
cronogramas, financiamiento, metas verificables y supervisión técnica.
LA PRIORIDAD INMEDIATA: INTERVENIR LA
RED DE TRANSMISIÓN
A partir de lo que sabemos y conocemos
desde hace más de 12 años junto a lo ocurrido este domingo 1° de noviembre, si
me pusieron a elegir ¿qué haría?, consideramos que la intervención de la red
troncal de transmisión debe adquirir carácter prioritario.
Mientras se ejecuta la recuperación de
los megavatios de generación, es indispensable desarrollar un programa de
emergencia dentro del “Plan de Emergencia Eléctrica Nacional PLEENA” para
rehabilitar los corredores de 765 y 400 kV, revisar los autotransformadores
estratégicos, recuperar los sistemas de compensación reactiva y verificar el
funcionamiento de los esquemas de protección y control.
Este programa debe contemplar, como
mínimo:
El objetivo debe ser recuperar los
márgenes de estabilidad y confiabilidad del sistema antes de incorporar nuevos
bloques importantes de generación que puedan superar la capacidad de evacuación
de la red disponible.
VENEZUELA NO PUEDE ESPERAR A QUE
OCURRA UN BLACKOUT NACIONAL
La gravedad de la situación es que
seguimos administrando una crisis estructural mediante respuestas coyunturales.
Cada vez que ocurre una perturbación
de importancia, se evidencia la vulnerabilidad de una infraestructura que
debería estar preparada para soportar contingencias sin comprometer la
continuidad del servicio.
No podemos normalizar que la población
viva sometida al bestial Plan de Racionamiento o como lo han etiquetado PAC, además
de interrupciones recurrentes, fluctuaciones de tensión y restricciones de
suministro, mientras los activos estratégicos del sistema continúan acumulando
años de deterioro y desinversión.
Tampoco podemos esperar que se
produzca un apagón generalizado y permanente para reconocer que el sistema ha
perdido capacidad de respuesta.
El colapso parcial es una condición
que se manifiesta precisamente cuando la infraestructura continúa funcionando,
pero ha perdido buena parte de los márgenes de seguridad, redundancia y
confiabilidad que garantizan su operación estable.
El paso hacia un colapso total no es
inevitable, pero el riesgo aumenta cuando se posterga la recuperación de los
activos, no se ejecutan las inversiones necesarias y se continúa operando una
red con limitaciones estructurales.
UNA DECISIÓN ESTRATÉGICA PARA EVITAR
EL COLAPSO TOTAL
Desde nuestra perspectiva, Venezuela
necesita una decisión de Estado y la voluntad política suficiente que
trascienda las respuestas de emergencia y permita ejecutar un verdadero Plan
Maestro Nacional contentivo del PLEENA y del programa nacional de recuperación
y modernización del Sistema Eléctrico Nacional.
La prioridad debe estar centrada en cuatro
grandes líneas de acción simultáneas:
Desde la Red Internacional de
Profesionales del Sistema Eléctrico Nacional de Venezuela (RIPSENV), hemos
insistido en la necesidad de construir una hoja de ruta estratégica que permita
recuperar y modernizar el SEN sobre bases técnicas, institucionales y
financieras sostenibles la cual ya estamos finiquitando, pero también que sea
convocado un “Consejo de Expertos” integrados por los grupos de opinión
técnicos, los gremios, la academia y las organizaciones de la sociedad civil
dentro y fuera del país con pericias y experiencia .
No se trata simplemente de devolver la
electricidad a los hogares. Se trata de reconstruir un sistema eléctrico capaz
de acompañar la recuperación económica, industrial y social del país.
El evento del 1 de noviembre debe
servir como una advertencia y, sobre todo, como un punto de inflexión.
La generación del Bajo Caroní debe
recuperarse. La generación termoeléctrica debe rehabilitarse. La red troncal de
transmisión debe intervenirse. Los sistemas de protección, control y
compensación deben modernizarse.
Todo esto debe ejecutarse
simultáneamente, con recursos financieros garantizados, asistencia tecnológica
especializada y una gerencia profesional capaz de conducir el proceso.
Venezuela todavía tiene la oportunidad
de evitar que el colapso parcial se transforme en un colapso total. Pero esa
oportunidad se reduce cada día que se posterga la recuperación integral del
sistema.
La electricidad no admite
improvisaciones. La estabilidad de un país tampoco.
No esperemos el blackout nacional para
comprender la dimensión de la crisis. El momento de actuar es ahora.