Mérida, Junio Lunes 29, 2026, 09:56 pm
Un doble terremoto de
gran magnitud y sus varias réplicas azotaron desde del pasado miércoles la zona
en el norte de Venezuela según el Servicio Geológico de Estados Unidos, que han
sido los sismos más destructivos en nuestra historia. La reacción de la gente y
de los gobiernos extranjeros fue inmediata; tan bien el gobierno venezolano,
pero en sentido contrario.
Como es natural, la
reacción inmediata es entrar en pánico, calmarse y ayudar como se pueda, luego
organizarse y colaborar con la gente; los empresarios y el gobierno. Todo el
mundo sintió el dolor por semejante tragedia. El caso venezolano tiene un ingrediente
que le duele a todo el mundo y le causa indignación porque el gobierno trató de
impedir la ayuda de la gente y de los gobiernos, amigos y enemigos sin
distinción.
El gobierno, sin
distinción de jerarquía, trató de impedir la ayuda humanitaria que desde los primeros
momentos llenó los centros de acopio y prohibió el reparto de los alimentos y
los insumos hospitalarios, ignorando de
manera criminal la generosidad de la gente, pero no lo lograron, como es
natural, más puede el amor y la generosidad que el odio y la maldad. Los
militares y policías no se contentaron con causar daño, sino que se dedicaron a
saquear, pero fueron repelidos con valentía de los voluntarios.
Quien suscribe es
abogado y seguramente compartimos con muchos colegas en ejercer de inmediato
las acciones penales y de reparación de los daños causados que sean necesario,
como lo ejerceremos contra los fiscales, jueces y demás personas encargadas de
hacer justicia.
El mundo nos mira
con asombro por la generosidad de la gente, y con vergüenza y rabia por la
conducta criminal del gobierno. Nadie espera la actuación del Tribunal Penal
Internacional, ni de la ONU, ni de la OEA. Solo espera la ayuda de Dios y los
cambios inmediatos en los órganos de administración de justicia y se proceda
también de inmediato a organizarse para hacer las elecciones en el menor tiempo
posible.