Mérida, Junio Lunes 29, 2026, 09:56 pm
¿Por
qué la brujería tiene poder, por qué puede dar dinero o hacer todo lo que puede
hacer? Para la Iglesia, el brujo cree tener poder, pero, quien supuestamente se
lo da es el propio Satanás. Según la Biblia, Satanás es el príncipe de este
mundo (Juan
12,31; 14,30; 16,11).
"Los demonios pueden, con el permiso de Dios, alterar los cuerpos celestes
o los elementos del mundo para producir efectos que a los hombres les parecen
milagrosos, pero que no son verdaderos milagros, sino prodigios engañosos"
(San
Tomás de Aquino, Suma Teológica, I, q. 114).
1 Juan 5,19: Afirma que "todo
el mundo está bajo el control del maligno", 2 Corintios 4,4: Lo llama el "dios
de este siglo" (o mundo). (Efesios 2,2). Y también debido a su
naturaleza angélica, puede operar “milagros” para engañar.
Satanás
(divisor) arrebata el evangelio de los corazones de las personas (Mt
13,19);
promueve falsas filosofías y "doctrinas de demonios" (1
Timoteo 4,1).
Las filosofías de Satanás, son, en la práctica, trampas que usa el demonio para
que las personas queden aprisionadas en sus engaños.
Desde
la perspectiva de la teología católica, la búsqueda de dinero o bienes
materiales a través de la brujería, esoterismo, o cualquier práctica oculta no
solo es ineficaz, sino que constituye una grave ofensa a la fe y a la relación
del hombre con Dios.
A
continuación, expongo las razones teológicas fundamentales por las cuales un
cristiano debe rechazar y evitar estas prácticas:
1. Violación del Primer
Mandamiento
El
fundamento de la moral católica es el amor y la adoración a un solo Dios ("Amarás
al Señor tu Dios con todo tu corazón..."). El Catecismo de la Iglesia
Católica) es clarísimo al respecto: "Todas las prácticas de magia o de
hechicería mediante las que se pretende domesticar potencias ocultas para
ponerlas a su servicio y obtener un poder sobrenatural sobre el prójimo [...]
son gravemente contrarias a la virtud de la religión" (CIC
2117).
"La magia y la brujería son pecados graves contra la virtud de la
religión, porque implican recurrir a las criaturas espirituales rebeldes en
lugar de recurrir a Dios” (Santo Tomás de Aquino, Suma Teológica,
II-II, q. 95).
Acudir
a la brujería para obtener dinero implica poner la confianza material y
espiritual en "fuerzas" o entidades ajenas a Dios, cometiendo el
pecado de idolatría. Se sustituye al Creador por la criatura o por el demonio.
"Todos los agüeros y prácticas de la magia... no son más que el resultado
de pactos y convenios perversos establecidos entre los hombres y los
demonios" (San Agustín, De doctrina christiana).
2. Desnaturalización de
la Providencia Divina
El
cristiano es llamado a confiar en la Providencia Divina: en las disposiciones
por las que Dios conduce a sus criaturas hacia la perfección y el sustento.
Jesús mismo nos dice en el Evangelio: "Busquen primero el Reino de Dios y
su justicia, y todas estas cosas se les darán por añadidura" (Mt 6,
33).
"Aunque
los que se dedican a las artes mágicas te prometan curaciones, aunque digan que
te librarán de un mal, es mejor morir antes que recurrir a los enemigos de
Dios. Pues, ¿qué beneficio hay en sanar el cuerpo si se pierde el alma para
siempre?" (San Juan Crisóstomo, Homilías sobre los Reyes).
Buscar
el dinero por vías mágicas revela una profunda falta de fe y un deseo de
control de forma autónoma, rechazando la soberanía de Dios y su voluntad
amorosa sobre nuestras vidas. Es un intento de "manipular" la
realidad material saltándose el orden divino. "El recurso a la brujería,
los maleficios o la adivinación es una apostasía práctica, porque se abandona
la confianza en la Providencia divina para buscar el auxilio del espíritu del
mal" (San
Alfonso María de Ligorio, Teología Moral).
3. El peligro de la
sujeción espiritual
Teológicamente,
la brujería y la magia no actúan por "energías neutrales". Detrás de
los rituales que prometen riqueza rápida se esconde la acción del demonio, el
"padre de la mentira". El dinero obtenido por estos medios suele ser
una trampa que cobra un precio destructivo en la paz familiar, la salud mental
y, fundamentalmente, en la salvación del alma. Se cambia la libertad de los
hijos de Dios por una forma de esclavitud espiritual.
4. La devaluación del
trabajo y la justicia
La
doctrina social y la teología moral de la Iglesia dignifican el trabajo humano
como el medio legítimo para cooperar con la creación de Dios y ganar el
sustento diario. San Pablo es tajante: "El que no quiera trabajar, que
tampoco coma" (2 Tes 3, 10).
La
brujería promueve la codicia, la avaricia y la ilusión de un enriquecimiento
sin esfuerzo ni mérito moral, lo cual corrompe el alma y desvirtúa las virtudes
de la justicia y la laboriosidad.
Para
la Iglesia, el dinero es un medio de subsistencia y un recurso para hacer el
bien, nunca un fin absoluto. Acudir a la brujería para conseguirlo significa
vender la primogenitura de la fe por un plato de lentejas material, renunciando
a la gracia y rompiendo la comunión con Dios por una riqueza efímera e
ilusoria. Dios con nosotros.