Mérida, Septiembre Miércoles 23, 2026, 11:42 am
Desde que se publicó la célebre obra literaria El Gatopardo (1958),
escrita por el noble siciliano Giuseppe Tomasi di Lampedusa, el transformismo
político quedó develado como un cambio puramente aparente. No busca una
transformación real de la estructura del poder, por el contrario, es una
estrategia de supervivencia diseñada por quienes detentan el poder real para
que este permanezca en las mismas manos.
Uno de los personajes principales de esta novela es Tancredi
Falconeri, el sobrino predilecto del protagonista, el príncipe Don Fabrizio
Corbera. Tancredi personifica el pragmatismo y el camaleonismo político: un
joven aristócrata, inteligente y atrevido, que entiende perfectamente que el
viejo mundo de su tío está muriendo y que debe adaptarse para sobrevivir. Esta
idea se inmortaliza en la novela a través de su famosa frase: "Si queremos
que todo siga como está, es necesario que todo cambie".
En la actual situación de Venezuela, Jorge Rodríguez es el Tancredi
de esta novela de dolor y pasión que padecemos los venezolanos. Jorge ha
convencido a su hermana Delcy, a su socio Diosdado y a toda la
"aristocracia roja rojita" de que es fundamental adecuarse a la nueva
realidad surgida tras la captura del dictador Maduro. Su objetivo es sobrevivir
en el poder y preservar las riquezas y privilegios acumulados en estos 27 años
de revolución.
Esto explica el comportamiento de la cúpula que usurpa el poder.
Han mutado de un discurso antiimperialista radical a actuar como sumisos
funcionarios de la Casa Blanca. Han anunciado un proceso de supuesta
liberalización de la sociedad sin desmontar el aparato represivo instalado bajo
la orientación de los esbirros cubanos. Han dejado de ser, por ahora,
partidarios de la estatización de la economía —es decir, de la concepción
marxista— para aceptar políticas de apertura económica, con el único fin de preservar
sus negocios a través de una larga lista de testaferros y operadores de su
economía mafiosa. Asimismo, han aceptado sentarse con algunos actores de la
oposición para aparentar que son partidarios del diálogo y así ganar tiempo en
su afán por preservar el control.
La prueba más reveladora de esta estrategia de cambiarlo todo para
que todo siga igual es el reciente anuncio de reforma a la Ley Orgánica del
Tribunal Supremo de Justicia, donde modifica la composición del Comité de
Postulaciones Judiciales. Ahora habrá 23 integrantes en lugar de 21. La nueva
estructura contempla 11 diputados y 12 representantes de la sociedad civil,
cuando antes eran 11 diputados y 10 ciudadanos. Sin embargo, los representantes
de la sociedad civil no son designados por los ciudadanos; ambos grupos son
elegidos por la plenaria de la Asamblea Nacional. Es decir, el Estado-PSUV
jamás dejará de controlar ese comité. Cambiar para no cambiar. Cambiar para que
todo siga igual y darle largas al proceso. Al final de la historia, veremos a
los mismos detentores del poder controlando lo que siempre han controlado:
todas las ramas del poder público.
Todo lo que vemos se inscribe en las ideas centrales de la novela
de Lampedusa. En primer lugar, la conservación del poder: los dueños del orden
establecido hacen concesiones superficiales solo para perpetuarse. En segundo
lugar, el oportunismo de las élites: los personajes cambian de bandera política
no por convicción ideológica, sino por conveniencia pragmática. Aquí, los
usurpadores abandonan el socialismo por mero y simple cálculo político.
Como ocurre en la obra citada, este escenario genera el desencanto
del pueblo. En la novela se muestra que para las clases bajas sicilianas, la
transición política no trae ninguna mejora; los antiguos señores feudales
simplemente se alían con los nuevos ricos, manteniendo la misma desigualdad
bajo un nombre diferente.
En Venezuela pasa lo mismo. Nuestro pueblo se desencanta porque el
"delcinato" no trae ningún beneficio para los sectores populares ni
para la clase media; por el contrario, la gestión de este interinato agrava la
situación del país cada día más.
De modo que ninguno de los anuncios de cambio hechos por la
usurpación resuelve la tragedia que vivimos. Es fundamental para nuestra
sociedad insistir en la denuncia de estos cambios gatopardianos en marcha.
Cambiar para que todo siga igual es el objetivo del triunvirato en funciones de
gobierno. La actuación de Jorge Rodríguez desde la mesa de negociación busca
precisamente impulsar reformas que, en el fondo, nada cambian en la estructura
del poder real.
El cambio verdadero solo llegará el día que extirpemos la
estructura criminal construida durante casi tres décadas y eso solo es posible
expulsando a la usurpación del Poder Ejecutivo. Nuestra postura es clara:
queremos ese cambio por la vía pacífica, electoral y constitucional. Por ello,
aceptamos la propuesta del gobierno de los Estados Unidos de celebrar
elecciones libres para tener un gobierno legítimo. Esto significa cubrir la
vacante de la Presidencia de la República mediante la convocatoria de elecciones
presidenciales reales. Hacer comicios alternos para aparentar que estamos en
democracia es continuar con el gatopardismo.
Hoy más que nunca exigimos un calendario electoral que defina con
precisión el día de las elecciones presidenciales. Todo lo demás constituye
gatopardismo y eso no lo vamos a aceptar.