Mérida, Enero Domingo 25, 2026, 09:29 am
Dice aquella vieja
canción: “Navidad que viene, tradición del año… unos van alegres y otros van
llorando”. Dado que es diciembre, y la cercanía a las fechas de celebración en
familia, muchas personas dicen sentirse solas. De nuevo toca, entonces, hacer una
reflexión sobre esa “epidemia” que estamos confrontando. Soledad y aislamiento
social son conceptos relacionados pero distintos. Soledad connota más un
sentimiento subjetivo de vacío emocional, mientras que “aislamiento social”
revela una situación objetiva de falta de contactos. A partir de aquí habla
Soledad implica más
el componente de la percepción personal, de desajuste entre las relaciones
sociales deseadas y las reales, a menudo ligada a transiciones vitales o falta
de compañía satisfactoria. Lo más cruel de la soledad es que puede ocurrir
incluso rodeado de gente, si las interacciones no cumplen expectativas
emocionales.
Aislamiento Social:
se habla de este término cuando se mide, objetivamente, una red social
reducida, cuando la persona tiene pocos o infrecuentes contactos familiares o
amistosos, independientemente de cómo se sienta, y factores como vivir solo o
distancias geográficas lo agravan.
Hay una soledad que
es voluntaria: cuando la persona se cansa de usar máscaras y se decanta por
tener relaciones sinceras, y solo se rodea de personas, contadas, por esta
misma circunstancias en las que puede sentirse y ser auténtica, sin miedo a ser
juzgada y/o criticada. La soledad de la que hablo aquí es una soledad
“negativa”. Hay un aislamiento Social surgido de la indolencia, de la
discriminación, del rechazo social, los que son, como dijo el papa Francisco,
víctimas de la cultura del descarte, y al respecto hizo esta muy punzante
reflexión: “Ese aislamiento nos hace perder el
sentido de la existencia, nos roba la alegría del amor y nos hace experimentar
una opresiva sensación de soledad en todas las etapas cruciales de la vida”, y
nos dio luego una muy importante exhortación: “En este cambio de época en el
que vivimos, nosotros los cristianos estamos especialmente llamados a hacer
nuestra la mirada compasiva de Jesús. Cuidemos a quienes sufren y están solos,
e incluso marginados y descartados. Con el amor recíproco que Cristo Señor nos
da en la oración, sobre todo en la Eucaristía, sanemos las heridas de la
soledad y del aislamiento. Cooperemos así a contrarrestar la cultura del
individualismo, de la indiferencia, del descarte, y hagamos crecer la cultura
de la ternura y de la compasión”.
La
soledad que se sufre es la que nace de la falta de comprensión por parte de los
que nos son cercanos, léase parientes, amigos, compañeros de trabajo, y este
tipo de soledad se hace más penosa si proviene de aquellos con los que
normalmente deberíamos poder contar más. También es bueno tomar en cuenta en
nuestra propia comprensión la gran y dolorosa verdad de que todos nos quieren
como pueden, la gran mayoría de las veces, y no de la manera en la que nosotros
esperamos que lo hagan.
La Iglesia misma
ha hecho su reflexión al respecto y nos señala: “En
el mundo secularizado y masificado de hoy, que genera soledad y aislamiento,
es, pues, más que urgente volver a proponer y a evaluar el papel de las
comunidades cristianas como lugares privilegiados de coparticipación de la fe y
de crecimiento en la fe, y como lugares de una sólida experiencia de
pertenencia a la Iglesia. Sin el apoyo de una comunidad viva, el cristiano
corre fácilmente el peligro de perder el significado de su propia identidad de
miembro del pueblo de Dios”.
Tenemos otras
reflexiones que podemos añadir al respecto: "Nos
has creado para Ti, y nuestro corazón no descansará hasta que descanse en
Ti", de san Agustín, el cual es un pensamiento que nos resalta que, por
encima de todas las cosas, la verdadera y real soledad es la ausencia de Dios,
y sólo se llena con Él).
Otra solución que
nos propuso el papa Francisco: “La soledad puede ser una enfermedad, pero con la caridad,
la cercanía y el consuelo espiritual podemos curarla”.
Todos podemos hacer
algo para combatir la soledad negativa, lo primero que podemos hacer es orar y
pedir a Dios que nos agudice la vista para estar atentos a aquellos que la
están sufriendo, porque comúnmente, quien la padece, no lo dice, y luego de
eso, aplicar las recomendaciones dadas. Dios con nosotros.