Mérida, Agosto Viernes 14, 2026, 01:54 pm
El refugio transparente: Los
libros cuando el cuerpo pide pausa
In
memoriam de Libia Planas, colega de letras y entrañable compañera.
Hay días en que el cuerpo impone su propio ritmo y
la realidad exterior se vuelve demasiado exigente. Es en esos momentos de
vulnerabilidad o cansancio cuando la lectura deja de ser un mero ejercicio
intelectual para convertirse en algo mucho más profundo: un refugio, un bálsamo
y una compañía silenciosa que no pide nada a cambio.
Esta certeza me volvió a abrazar la noche del
pasado martes, cuando una vez más Corpoelec nos cortó la electricidad en una
hora sumamente inadecuada. Eran las seis de la tarde, justo en ese instante en
que el sol cae y la oscuridad se apodera de todo. ¿Qué hacer en ese trance?
Deambular por la casa sin rumbo fijo, tropezar con las sombras o intentar en
vano garabatear un cuaderno bajo el tenue halo de una vela o una lámpara de
batería. Con la tecnología silenciada, el sueño se vuelve un horizonte lejano a
las siete de la noche.
Fue entonces cuando encontré mi propia luz. Me fui
a la cama acompañada por una obra de teatro breve pero intensa: Pedro y el
capitán, de Mario Benedetti. Apenas noventa páginas que se convirtieron en
mi trinchera. Entregada al diálogo de sus personajes, la oscuridad reinante
dejó de importar. Por un momento, el libro sofocó el peso de la incertidumbre y
detuvo esa angustia amarga que nos atraviesa a los venezolanos ante los cortes
eléctricos constantes, intempestivos y sin aviso. Cuando llegué a las últimas
páginas, entre el cansancio y la entrega a la historia, los párrafos comenzaron
a desdibujarse en un cabeceo suave hasta que por fin llegó el sueño.
Esa capacidad de rescate la han celebrado autores
de todas las épocas. Marcel Proust, quien pasó gran parte de su vida confinado
por la fragilidad de su salud, comprendió que la lectura es "ese milagro
de la comunicación en el seno de la soledad". Para Proust, los libros no
nos aíslan del mundo, sino que nos devuelven a nosotros mismos cuando la
realidad se vuelve inhabitable. Asimismo, Virginia Woolf defendía el acto de
leer como un espacio de penumbra y sosiego donde la mente puede descansar lejos
del dinamismo feroz y Hostil del entorno.
La compañía de las páginas escritas no exige
grandes esfuerzos en los días difíciles; se adapta con gentileza a nuestra
lentitud. Como bien escribió Michel de Montaigne en su retiro, los libros son
la mejor herramienta para el viaje humano: están siempre a mano, nos reciben
sin juzgar nuestro estado de ánimo y nos recuerdan que nuestras sombras ya han
sido transitadas por otros. Michel
Eyquem de Montaigne (1533-1592) fue
un filósofo, escritor, humanista y magistrado francés del Renacimiento. Se le
considera universalmente como el creador del ensayo moderno como género
literario.
Aceptar el descanso que el cuerpo reclama y
entregarse a una lectura pausada —incluso a la luz tenue de una vela— es un
acto de sabiduría y resistencia. En esos días u horas en que el mundo de afuera
se apaga o se vuelve demasiado convulso, los libros nos ofrecen la certeza de
que detenerse no es perder el tiempo, sino resguardar la vida en el único lugar
donde siempre está a salvo: la imaginación y la memoria.
Gracias a Librería Temas por facilitarnos el
material necesario para hacer estas reseñas.