El Arte de la Guerra Sucia por Giovanni Marquina
En las páginas del tratado clásico El arte de la guerra, atribuido al general y estratega militar chino Sun Tzu, quien lo escribió alrededor del año 500 a. C, en la antigua China, establece que el supremo arte de la estrategia no radica en la confrontación directa ni en el choque frontal de fuerzas exhaustas, sino en la capacidad de someter la resistencia del adversario mediante el cálculo, la prudencia y la preservación del objetivo final. La ceguera del rival suele confundir la prudencia con la debilidad y el repliegue táctico con la derrota definitiva. Aquellos que apresuradamente proclaman victorias de papel tras un enfrentamiento menor ignoran el principio cardinal del estratega, la batalla no es el fin en sí mismo, y ceder terreno momentáneamente no es perder la guerra cuando el propósito estratégico y la fuerza moral permanecen intactos.
Para Sun Tzu, advirtió que el verdadero conductor de ejércitos o de causas públicas evita los combates donde el enemigo busca la provocación y la estridencia, pues entiende que el desgaste inútil liquida la energía necesaria para los momentos decisivos. desde los liderazgos comprometidos con la reconstrucción democrática hasta la reserva moral de la sociedad civil organizada, han tenido que asimilar este principio. Frente a la pretensión de decretar el fin de los valores institucionales, la sabiduría ha consistido en resistir, mantener la coherencia y aguardar el momento en que las contradicciones del adversario consuman su propia estructura.
Esta doctrina se vuelve indispensable ante el proceso electoral de nuestra ilustre Universidad de Los Andes. La contienda trasciende la mera aspiración por espacios de representación, representa la oportunidad histórica de clausurar un régimen de más de 18 años cuyo modelo autoritario sumió a la universidad en una crisis inédita en casi dos siglos y medio de existencia. Alineados con la exigencia nacional de un cambio profundo en lo político, social y económico, los ulandinos demandan una visión hacia el futuro que deje atrás dogmas y viejos vicios del siglo pasado.
La inteligencia política debe sobreponerse al estrépito. Quienes apuestan por la estigmatización y la manipulación mediática solo demuestran que carecen del peso estratégico para defender ideas a plena luz del día. Frente a esta encrucijada, donde la desinformación y la guerra sucia pretenden imponerse como atajos, cobra especial vigencia el principio cardinal de Sun Tzu: "Someter al enemigo sin luchar es la cima de la excelencia". Recurrir al choque frontal por impulso o a la agresión desesperada no es muestra de fuerza, sino el síntoma indiscutible de la falta de estrategia y el descontrol.
La recuperación de la ilustre Universidad de Los Andes exige mirarse en el espejo de quienes supieron defenderla sin claudicar ante la inmediatez. Fray Juan Ramos de Lora edificó con visión de futuro el germen de esta universidad; Caracciolo Parra y Olmedo preservó la dignidad académica y la autonomía institucional en tiempos de profunda turbulencia política; y en la era contemporánea, el legado de Don Pedro "Perucho" Rincón Gutiérrez, el Rector de Rectores, demostró que el liderazgo universitario se mide por la capacidad de mantener abiertas las puertas del pensamiento libre frente a las tormentas del entorno.
El verdadero legado de Sun Tzu jamás fue el choque de espadas, sino el refinado y cruel arte de la paciencia estratégica, esa incómoda virtud de sentarse en la orilla a ver cómo los disparates del rival colapsan por el simple peso de la gravedad. Para desgracia de quienes hoy desesperan en la trinchera del barro, la comunidad universitaria responderá en las urnas con esa misma y quirúrgica lucidez. La historia de la ULA nos enseña que las grandes contiendas académicas jamás se han resuelto en el estercolero de la guerra sucia con señalamientos de difamación con dolo, ni en el patético espectáculo de quienes confunden un micrófono abierto con una propuesta de gobierno. El voto consciente sigue siendo la única herramienta capaz de fumigar las alcantarillas, desinfectar el campus y devolverle el brillo al templo de la luz.