Mérida, Septiembre Viernes 18, 2026, 05:29 am
A quienes atendieron su situación de salud: Juan Román y
Freddy Terán.
Desde la raya, el carbón y el trazo hecho
propaganda, mural y mensaje en la protesta; de eso estaba formado nuestro amigo
Albenis Ramón Chirinos Chirinos. Él había venido desde la ciudad de Cabimas,
estado Zulia, a realizar estudios de arquitectura en esta hermosa y atractiva
ciudad como es Mérida. Llegó por los años 70 y el devenir político y militante
como universitario lo llevó a establecerse entre montañas y protestas
estudiantiles; nunca regresó a su tierra natal, Cabimas.
Su seudónimo de “Moruy” le vino por aquella
película venezolana hecha sobre Paraguaná, protagonizada por los actores
Orlando Urdaneta, Tito Aponte y Lourdes León, la cual estaba basada en la
canción del cantor Alí Primera llamada “Canción mansa para un pueblo bravo”
(1976) y dirigida por Giancarlo Carrer.
Este artista plástico, oriundo del estado
Zulia, vino con el propósito de estudiar arquitectura en nuestra ilustre
Universidad de Los Andes (ULA). Sin embargo, la efervescencia política
estudiantil lo fue integrando como uno de sus muralistas y propagandistas,
haciéndose ampliamente conocido en la comunidad universitaria y
extrauniversitaria. Moruy se convirtió en un militante activo por la vida y por
la esperanza de que en la lucha política se puede liberar al pueblo. Se integró
al Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), el cual era un movimiento
desprendido del brazo revolucionario de Acción Democrática (AD). Esta fue la
única división ideológica de AD, porque las otras divisiones no marcaron esa
línea frontal y clara ante las diferencias con Betancourt y otros destacados
dirigentes de esa tolda política.
Moruy fue un hombre destacado en las artes
visuales. Su talento dejó un aporte muy significativo en el dibujo y en la
pintura, disciplinas en las que utilizó herramientas novedosas para el
muralismo. Esto se incrementó por sus habilidades artísticas y por su activismo
político en la creación de carteles y propaganda de alto valor estético, llenos
de movimientos y trazos en los que participaba con un concepto totalmente
novedoso que llamaba la atención del ciudadano común.
Albenis Ramón Chirinos, “Moruy”, se fue a
México a prepararse y logró entrar en la escuela del gran muralista mexicano
David Alfaro Siqueiros. Luego se marchó a Francia, donde realizó toda una
travesía antes de regresar a la ciudad universitaria de Mérida. Allí puso en
práctica sus conocimientos a través de la influencia de destacados
intelectuales y artistas visuales de la región y del país.
También era llamado a hacer murales con su
particular técnica del muralismo social, fuertemente influenciado por el
entorno de Siqueiros. Este último sembró en Moruy esa sapiencia del color y los
trazos con la que luego dio cátedra a las nuevas generaciones. Moruy sostenía
que el arte debía estar expuesto a las distintas miradas del público y no
encerrado en galerías ni en caballetes. Debía convertirse, más bien, en una
herramienta de comunicación popular y de denuncia en las calles y
universidades, donde reside el pensamiento crítico.
Ese instrumento estético de lucha, sumado a
su experiencia y conocimientos vanguardistas, le proporcionó un gran saber para
ponerlo al servicio de la causa estudiantil y política. De este modo,
revolucionó la propaganda política tradicional —que no pasaba del panfleto, los
mamotretos y el mal grafiti— al imponer que los mensajes debían tener colores
agradables y valor estético. Era, en esencia, una escuela de diseño informal
muy distinta a lo que los diseñadores locales habían aprendido.
Moruy se relacionó estrechamente con la
arquitectura. Aunque no culminó la carrera, reconocía haber obtenido las
herramientas necesarias para emprender y comprender sus formas gracias al
conocimiento adquirido en México y Europa. Allí estrechó la unión entre el
diseño del espacio urbano y las artes plásticas, influyendo en la manera en que
se pensaba la intervención cultural en la Mérida de aquellos años de 1970 y
1980.
Nuestro amigo Moruy era un personaje bohemio
e ilustrado de las artes, que conectó su estilo único y lo llevó a las
barriadas de Mérida y del país. Su obra tenía un carácter efímero, callejero y
de protesta social; algunos murales que no han sido borrados aún quedan en los
pasillos, fachadas y muros de los núcleos de la Universidad de Los Andes. Nació
en Cabimas un 2 de octubre de 1947 y falleció en Mérida el 2 de septiembre de
2026.