Mérida, Noviembre Domingo 08, 2026, 12:10 pm
Recientemente de manera imprevista me vi con un amigo al cual tenía varios meses sin ver y como suele suceder en estos casos se activó una gratificante emocionalidad, de esas que nos hacen sentir a gusto con la vida; luego del abrazo y las preguntas de rigor sobre cada uno y los demás amigos en común vino la despedida y la continuación de la cotidianidad individual dejando un placentero estado que seguramente sirvió para algo bueno sin darnos cuenta. Ese encuentro me dio el tema a compartir con los lectores de esta columna: “La música y los amigos por aquellos tiempos”.
Cada amigo tiene una estructura particular que hace que establezcamos una relación única e irrepetible, dentro de esa estructura es bastante probable que exista una parte dedicada a la música, en algunos más que en otros, pero generalmente dentro de los rasgos que conforman la identidad de un amigo están sus gustos musicales o al menos su actitud ante la música. Como es lógico suponer en el sagrado ejercicio de la amistad la complicidad y la coincidencia en algunos gustos estéticos son bastante frecuentes, y en la música tienen una especial relevancia. Algunas veces al escuchar una canción en particular nos conectamos con vivencias compartidas, con una experiencia inolvidable, con una época de nuestras vidas en la cual el ejercicio de la amistad tiene un rol protagónico; también suele suceder que identificamos alguna canción o género musical con un amigo en particular, algunos tienen una conexión tan grande que inconsciente o subconscientemente les anexamos un calificativo melódico a su nombre: “Noval Salsero”, “Javier vallenatero” (para diferenciarlo de otros Javier de nuestra lista de amigos), Jairo jazz-rock, Rosaida gaita, y así como esos ejemplos hay muchos más.
Hay casos en
los cuales la influencia de las preferencias musicales en la personalidad, y también
viceversa, es tan estrecha que pareciera que se sustentan unas a otras. En esta relación
no escapa la tendencia a crear
estereotipos grupales tal como sucede con los intelectuales y la denominada
música clásica, los bohemios y la trova o los marabinos y la gaita, los
caraqueños y la salsa; muchas de esas relaciones guardan una vinculación
histórica y/o geográfica forjada en el tiempo, y allí en esa dialéctica están por supuesto
nuestros amigos con sus rasgos particulares
que hacen de nuestras vidas
una policromía emocional
maravillosa.
En el compartir vivencias con los amigos
y la música se dan algunas
manifestaciones hermosas que van cambiando a través del tiempo, en mi caso particular atesoro de mis vivencias las serenatas en dos modalidades, la primera “las serenatas a
la luna” que eran unos cantos gregarios que por las noches hicimos en algunas
esquinas de la urbanización Carabobo de El Vigía donde nos encontramos casi que
religiosamente la patota “La Pata” durante nuestra adolescencia e inicios de la
adultez; la segunda modalidad fueron las serenatas propiamente dichas con las
cuales expresamos nuestro enamoramiento a las chicas que reinaban en nuestro
corazón, en esta segunda modalidad
se presentaron algunas menudencias anecdóticas que le
dieron un toque de picardía y sabrosura y que seguramente estaremos
compartiendo más adelante. Otro de los episodios donde la amistad y la música estuvieron involucrados tuvieron que ver con
los formatos de fácil acceso en los cuales estaba contenida la música, por
aquellos tiempos los protagonistas fueron el disco de acetato y los casetes
siendo los segundos los de mayor uso por tener implícita la posibilidad de
transportarlos de manera más práctica y fácil, así como poder grabar la música
de nuestra preferencia y ser
utilizado como gesto de profundo afecto cuando eran grabados para alguien en
especial. Años más tarde llegaría el disco compacto con sus grabaciones
digitales que darían inicio al cambio hacia una nueva era en la historia de la
música, su acceso y comercialización.
Dado que
escribir sobre este tema de “La música y los amigos por aquellos tiempos” se
presta para enfocarlo desde diversos puntos de vista he decidido continuarlo en
una próxima entrega de estos “Apuntes de un melómano”, no sin antes dejarles
algunas canciones relacionadas con lo que acabas de leer:
Mi plegaria – César de Guatemala https://www.youtube.com/watch?v=YidnD1ZyCbI
Yo trataré de ayudarte – La Gran Fogata https://www.youtube.com/watch?v=IdJii3gKEyU
Lo que quiero – Edgar Alexander https://www.youtube.com/watch?v=-WscmY6y_3I
Quiero escribir tu nombre – Grupo C https://www.youtube.com/watch?v=1aGLm6NkZtA