Mérida, Mayo Domingo 03, 2026, 11:53 am
El Papa de corazón peruano, acaba de finalizar su primer viaje apostólico al continente africano,
un camino misionero que inició el pasado 13 de abril, en tierras
ecuatoguineanas, culminando el 23 del mismo mes. Un recorrido que abarcó 17 mil
kilómetros a través de cuatro países: Argelia,
Camerún, Angola y Guinea Ecuatorial. La voz de Pedro nos llamó a abrir
los ojos, cambiar el corazón, para hacerlo más vivo, para obrar con el rostro
de la humanidad nueva en Cristo.
Los polvorientos caminos rojos de un continente marcado por el
testimonio de tantos mártires cristianos, se vieron repletos de una multitud
que esperaba con pasión y fe al sucesor de Pedro. Una verdadera fiesta de fe se
vivió a cada paso del Pastor de la Iglesia Universal, con mirada de compasión y
cercanía a un pueblo que clama justicia, misericordia y solidaridad por las
potencias del mundo.
El primer papa en pisar estas tierras fue el recordado san Pablo
VI, en 1969, siguiendo sus huellas san Juan Pablo II, Francisco y ahora León
XIV que se encontró una África, con las heridas del colonialismo que aplasta y
controla la población, la migración forzada, grandes territorios en los que se saquean sus grandes
recursos, comunidades sumidas en conflictos, confrontaciones violentas y corrupción,
el Papa León XIV tiende puentes que favorecen el encuentro, la reconciliación,
la conciencia, la unidad y la paz.
El 13 de abril, el Papa Agustino, pisó tierras africanas siguiendo
los pasos de su padre espiritual San Agustín, bajo el lema: “La paz sea con ustedes”,
recorrió el monumento “Maqam Echahid”, memorial de los mártires argelinos,
desde donde lanzó un mensaje de esperanza para un mundo ensangrentado por los
conflictos. “Dios
desea la paz para cada país; una paz que no es solo ausencia de conflicto, sino
expresión de justicia y de dignidad”. Al visitar la gran
mezquita de la capital argelina, el Papa invitó a reconocer que “buscar a Dios
es reconocer también la imagen de Dios en cada criatura, hijo de Dios, en cada
hombre y mujer creados a imagen y semejanza de Dios”. Por eso, es importante
“aprender a vivir juntos con respeto por la dignidad de cada persona humana”.
En Argelia, el papa Prevost tuvo la oportunidad de rendir homenaje
a las agustinas asesinadas, durante la guerra civil, así como encontrarse con
la pequeña comunidad cristiana argelina en la Basílica de Nuestra Señora de
África, lugar de devoción también para los fieles musulmanes. Además, se reunió
con los miembros de la Orden de San Agustín, marcando su visita con la
celebración eucarística en la Basílica de San Agustín, como último evento
celebrado en suelo argelino, dejando esta hermosa comparación del incienso con
la vida del cristiano: “Ser incienso en el
mundo: El cristiano está llamado a ser una presencia humilde pero
transformadora. Como un grano de incienso que esparce perfume al quemarse,
nuestra vida debe dar gloria a Dios y consuelo a los hermanos a través de la
misericordia, la limosna y el perdón”.
El segundo destino misionero fue Camerún, inspirado en el lema “En
aquel que es Uno, somos Uno”, el papa León XIV reunido ante las autoridades
locales y el cuerpo diplomático, expresó: “Vengo entre ustedes como pastor y
como servidor del diálogo, de la fraternidad y de la paz”. Una de sus visitas
más significativas, fue sin duda el orfanato Ngul Zamba, un hogar para niños y
jóvenes abandonados, clamando por la ternura pues “Dios quiere manifestarles su
ternura y estrechar a su corazón, y yo también deseo hacerlo, en su nombre”.
Dijo el Papa.
En la ciudad de Bamenda, una región profundamente
herida por los enfrentamientos derivados de la crisis anglófona. en la catedral de San José, bajo las notas de alegres cantos y
fervor de su gente y en un clima de fraternidad. Se realizó el encuentro por la
paz, en medio de una diversidad de confesiones religiosas y laicos
comprometidos con la evangelización, con su voz profética el papa desenmascaró
la dura realidad de los poderosos de la tierra: "Disimulan
no ver que se necesitan miles de millones de dólares para matar y devastar, y
que no se encuentran los recursos necesarios para sanar, educar y levantar…"
Por último, como buen samaritano acompañó al
hospital católico Saint Paul de Duala, llevando consuelo a los enfermos y
destacando la labor sanitaria de la Iglesia. Para concluir, en Yaundé con un
encuentro final con el mundo universitario en la universidad católica de África
Central.
El tercer país en visitar el papa León XIV fue Angola, allí se
encontró con la vida consagrada, clero y agentes y los agentes pastorales. Agradeció su labor de evangelización y por sembrar la esperanza de
Cristo en el corazón del pueblo. Asimismo, les recordó que el Señor es quien
les dará la recompensa, pues Él jamás olvida sus promesas, afirmó. En la misa
dominical en Kilamba, recomendó no mezclar con la fe elementos mágicos y
supersticiosos que no ayudan en el camino espiritual, e invocó para los
angoleños, en un país herido por una larga guerra civil, una Iglesia que los
acompañe y que recoja “el grito de sus hijos”. Sin dejar de mencionar su
significativo encuentro en el santuario de Mama Muxima, marcado por la profunda
espiritualidad que caracteriza al pueblo angoleño.
Por último, el Papa recorrió la vibrante Guinea Ecuatorial, bajo el
lema: “Cristo, Luz de Guinea Ecuatorial, hacia un futuro de esperanza”. Una
visita marcada por una fructífera programación, quedando en la memoria del
mundo el encuentro con los privados de libertad, en la prisión de Bata,
alentándolos con estas palabras: “Ninguno está excluido del amor de Dios. Cada
uno de nosotros, con su historia, sus errores y sufrimientos, sigue siendo
valioso a los ojos del Señor”. Asimismo, el encuentro con los jóvenes y
familias en el estadio de Bata. El Santo Padre hizo un llamado a vivir con entusiasmo la fe cristiana, recordando que Cristo es alegría,
sentido, inspiración y belleza para nuestra vida”, además de alentarlos a
construir juntos un futuro de esperanza basado en el amor, la familia y la
responsabilidad.
En un mundo polarizado y plagado de tanta violencia y dolor, el
Papa León XIV nos llamó en África a mostrar el rostro de Cristo, que exige de
cada uno de nosotros cambio de vida, encarnando su amor en cada acción de nuestra
vida cotidiana.
Mérida, 3 de mayo de 2026